Universidad Anáhuac Mayab

Malditos, malditos periodistas

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 

El escritor noruego Jostein Gaarder, autor de El mundo de Sofía , tiene una novela bastante menos conocida, llamada El misterio del solitario . En ella plantea una metáfora de la sociedad como un juego de barajas, del cual el Comodín es el filósofo, un personaje enigmático, incomprendido por sus iguales. El Comodín observa y trata de comprender lo que le rodea; no sólo cómo funciona el mundo, sino también las demás barajas y las relaciones entre ellas. Y mientras tanto, estas mismas barajas se limitan a existir, construyendo su vida y sus actividades alrededor de lo que es más importante para ellas, una bebida púrpura, tan exquisita que literalmente enajena a quien la bebe. Las barajas deambulan por la isla en la que habitan, completamente deslindadas de su propia vida, de las cosas que, aún sin ser responsabilidades directas suyas, sí les conciernen y les afectan.

En la realidad, las bebidas púrpuras existen en la más completa variedad de formas y presentaciones que se pueda imaginar. Todos tenemos una, sólo es cuestión de identificarla. La escuela, el trabajo, el X-box, el cine, el big brother, las novelas, el último escándalo de Michael Jackson, las últimas ocurrencias de Britney; todas las cosas que nos hipnotizan y nos impiden preocuparnos (y sobre todo, ocuparnos) de asuntos realmente importantes.

Las cartas de Gaarder no eran más que un montón de naipes desdibujados sin la ayuda del Comodín, encargado de encontrar la estructura del juego del Solitario, y recordarle a cada número o figura su lugar en el cuadro general de su existencia.

De regreso a nuestros tiempos raros, conforme hemos ido acelerando nuestro ritmo de vida al punto que 30 segundos de espera son simplemente insufribles (en un semáforo, frente a una computadora, en una fila de banco, al teléfono), la filosofía como ciencia ha caído en desuso. Ya no hay nada nuevo bajo el sol: la ciencia ha determinado que los planetas no hacen sonidos para formar una sinfonía cósmica, que las cosas no están llenas de dioses, que no hay ningún carro jalado por caballos alados de diversos colores; así, ahora la imagen actual del filósofo es más la de un hippie que nunca sale sin sus amigos los hongos, que la de un griego entogado dando discursos en el ágora. Sin embargo, la labor del filósofo continúa existiendo en las diversas ciencias y disciplinas que han surgido desde el principio de los tiempos, en especial las ciencias sociales. Somos mucho más que un simple juego de barajas, y en nuestro mundo ocurren muchas más cosas que en la islita de los naipes. La cuestión no trata sobre lo numerosos que somos, sino sobre lo paradójico que resulta que estemos tan conectados entre todos los seis mil millones, y al mismo tiempo tan enajenados unos de otros.

Al fin y al cabo, ¿qué, si KFC mata a sus pollos a golpes? ¿Qué tiene que ver conmigo que árabes, israelíes, iraquíes, palestinos y gringos se deshagan en maneras de volarse unos a otros en pedacitos? ¿Qué influencia tiene en mi vida que en África se mueran seis mil personas diariamente a causa de enfermedades que aquí, en la sucursal americana del Tercer Mundo, no sean ni justificación para faltar a la escuela?

La ignorancia es una bendición, dicen, y por eso es que hay gente que prefiere no leer el periódico para no amargarse la vida. Para todos aquellos que prefieren cargar con el peso de sus responsabilidades (así sea para deslindarse de ellas con un profundo suspiro y un “¡qué barbaridad!”, al momento de cerrar el periódico o apagar la tele y continuar con sus vidas), están los periodistas. Tal vez no sean éstos quienes, como el Comodín, hallen el hilo negro y la estructura última del mundo, pero sin su ayuda, será muy difícil que alguien lo logre. Si los periodistas trabajan con este compromiso en mente, estoy segura que harán todo lo posible por siempre trabajar con los más altos estándares de calidad, y llevar a otro nivel el servicio tan noble que realizan para el bien de la humanidad.

 

Alicia Navarrete Alonso es alumna del 7º. Semestre de la licenciatura en ciencias de la Comunicación, preespecialización en medios, de la Universidad del Mayab. Comentarios bien recibidos a: [email protected]

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