Universidad Anáhuac Mayab

Reflexionar para comunicarnos

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 

Así pues, ¿Qué es comunicación actualmente? ¿Desde qué enfoque teórico o práctico se define mejor?

Hace muchos años solíamos pensar que la comunicación era la transmisión de un mensaje entre un emisor y un receptor mediante un código común; pero entonces ¿dónde queda la retroalimentación?, ¿dónde queda lo que el receptor tiene que decir respecto al primer mensaje enviado? Si pensamos que el elemento básico para que exista una verdadera comunicación es precisamente la retroalimentación, ¿qué pasa entonces entre los sistemas de gobierno y los gobernados?… ¿de qué manera se comunican?, ¿cómo se da esa retroalimentación? Más aún… ¿existe una retroalimentación? Si ésta existe, ¿es escuchada por el emisor?

Si de alguna manera estamos de acuerdo con esta definición de comunicación, entonces estaremos conscientes y ciertos en por qué le decimos que la radio, la prensa y la televisión son los principales Medios Masivos de Comunicación. Es decir, coincidimos en que a través de ellos se “comunican” muchos sectores de la sociedad. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos sentido que algunos de esos medios nos incluyen en su comunicación? ¿cuántos son útiles verdaderamente como medios de expresión o retroalimentación?

Desgraciadamente esta función de comunicación es en el menor de los casos, lo que realmente define a los MMC que tenemos hoy en México. Versiones a medias, manipulación, intereses personales, intereses económicos, poder, entre otros, son los principales causantes de la falta de una verdadera comunicación y digo comunicación porque muchas veces ya no sabemos si lo que dijeron nuestros representantes de gobierno fue realmente lo que vimos o estuvo editado de acuerdo con los compromisos o intereses del medio que lo presentó, ya ni hablar de una retroalimentación. Esta situación la hemos sufrido, la sufrimos ahora y quizá la sufriremos lo que nos queda de vida si no buscamos nuevas maneras de lograr una verdadera comunicación ciudadana.

Dice Albert Zsent que descubrir es ver lo que todo el mundo ha visto y pensar de ello lo que nadie ha pensado, y quizá así debe ser nuestra búsqueda. En este fenómeno al que llamamos comunicación encontramos que las formas de comunicarnos son abundantes: escuchando, hablando, leyendo, escribiendo, etc., pero hace falta descubrir otras. Utilizar el silencio, escucharnos.

Un ejemplo claro de esa búsqueda es la marcha realizada en el DF el 27 de junio pasado. A pesar de que en nuestro país las marchas son comunes como las tradiciones, el mensaje fue el elemento arrasador: Ya basta a la inseguridad, a la impunidad.

En este redescubrir las formas de comunicación que nos identifican y que necesitamos no podemos pensar únicamente en cómo expresarnos, sino en estructurar lo que queremos decir. No basta con tener medios de comunicación propositivos como la radio ciudadana, si no nos escuchamos, si no marchamos, si no nos comprometemos. Se trata de hacer una verdadera comunicación social, solamente este tipo de acciones podrían marcar la diferencia o cuando menos iniciarla. Descubrir nuevas formas de expresarnos conllevará el difícil camino de reconocernos, observar lo que tenemos en común otros seres o grupos humanos y convivir con las diferencias.

Ahora bien, ¿cómo lograr el surgimiento de nuevas formas de comunicación?, ¿cómo lograr ser escuchado si no tenemos el hábito de escuchar, de observar, de proponer, de intentarlo? ¿cómo sentirnos activos en la sociedad masiva? ¿qué hace un individuo para no sentir amenazados sus intereses personales en su búsqueda de una sociedad mejor?

Muchas de estas preguntas adquirirán un mayor sentido y una respuesta adecuada en cuanto cada uno la reflexione y se sienta implicado. Se trata de conocer más, de investigar y de entender muchas cosas del mundo en que vivimos, ver hacia otros países de América Latina, de África, de Europa y reflexionar qué tan diferentes somos, cuáles son los problemas comunes que atravesamos, qué hacen ellos para formar su identidad, para sobrevivir; obtener ideas que nos hagan pensar soluciones diferentes para nuestro país.

México no se define solamente por su sistema político, ni por sus gobernantes, ni por sus catedráticos, ni por su narcotráfico, ni por sus maravillosos paisajes, ni por sus tradiciones y religión. Lo hace y define cada uno en la medida que encuentra su utilidad dentro del sistema social y la pone en práctica. De esta forma podemos decir que al fin y al cabo todo pasa, se transforma, lo que permanece en el tiempo es el ser.

Entender que la cultura no está en las bibliotecas y los museos y que ninguna cultura es mejor que otra son los primeros pasos para entendernos y compartir el mundo. Bajo esta mirada los medios de comunicación, el sistema educativo público y privado, las empresas, los políticos, los que menos tienen, los gobernantes, los inconformes y los catedráticos tendríamos que trabajar en equipo para lograr una convivencia digna, básica.

La difícil situación política y económica que atraviesa el país en los primeros años del tercer milenio podrían hacernos pensar que construir una identidad común a estas alturas, es una utopía. Lo cierto es que aunque no nos demos cuenta, todos los días la estamos construyendo; hagamos o no cosas interesantes la vamos formando; cuando aceptamos o apoyamos lo que sucede, cuando delegamos en alguien más lo que nos corresponde hacer con responsabilidad, construimos nuestra identidad.

Basta poner un poquito de interés desde nuestra butaca para darnos cuenta que los actores que vemos todos los días en los medios de comunicación son solamente uno de tantos que comparten el escenario con nosotros. Cada uno puede decidir cuándo quiere ser el protagonista de la obra, el libreto está de antemano escrito en nuestra mente y nuestro corazón.

 

Gretty Escalante Góngora

Profesora de la Universidad del Mayab

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