Universidad Anáhuac Mayab

En dónde perdimos el corazón

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 

A punto de apagarse la antorcha olímpica, he sufrido, padecido y llorado nuestros fracasos. Prácticamente mi vida familiar se ha visto afectada por estas olimpíadas; Desde principios de agosto “amenacé a mi gente” que a partir del 13 de agosto, iba a desaparecer del panorama, si hubiera podido hubiera estado en todos los eventos que se realizaron en la grandiosa Grecia. Esperé 4 años la ceremonia de Inauguración, desde las 10 de la mañana encendí la televisión para no perder un solo segundo. Disfruté como tantas veces la ceremonia, con su buena dosis de iluminación y emotividad, esperé ansiosa a que desfilaran los mas de 200 países que llegaron a sus, en ocasiones, escasas delegaciones y en otras tantas las numerosísimas.

Conforme pasaban los atletas, entrenadores, representantes, preparadores, banderas, luces, cámaras, mi mente se llenaba de imágenes que difícilmente podré describir, de que me emocionó, eso que ni qué; hasta la médula, vibro de emoción de pensar que yo pude estar ahí en un desfile similar, para competir por una medalla de oro para poner en alto el nombre de mi país. Y las circunstancias no me lo permitieron.

Los participantes se acomodaron para dar paso a lo que de verdad tiene la esencia de la olimpíada, el desfile de la bandera olímpica. Esa hermosa bandera con sus aros entrelazados que no hace más que invitarnos a unirnos en nombre del deporte para mejorar el mundo. El nudo en la garganta era imposible de evitar. Y por supuesto las lágrimas también fue imposible detenerlas.

Durante 15 días vi diferentes eventos, de todo tipo, acuáticos, terrestres y me atrevo a decir aéreos, por que no podemos negar que en la gimnasia, en los clavados, “vuelan” para terminar sus rutinas sin que a algunos ni el pelo se les mueva.

Por supuesto que vi a los representantes mexicanos, unos ni figuraron, algunos decepcionaron, otros fueron víctimas del pésimo arbitraje y otros vaya, hicieron lo que se esperaba pero eso sí, una nos dio la sorpresa.

Pero a fin de cuentas, pudimos ver a miles de kilómetros de distancia lo que las televisoras nacionales nos pasaron. Ante eso los que las vieron pudieron ir formando su opinión sobre este magno evento.

El tiempo pasó y se terminó el sueño olímpico no fue suficiente para lograr que nuestro himno fuera escuchado por miles de televidentes y espectadores. Una vez más vuelvo a llorar por la falta de calidad de nuestros atletas. ¿Qué hace la diferencia entre un ruso, un chino, un alemán y un mexicano, si a fin de cuentas son seres humanos iguales? Que unos desarrollan otras habilidades que otros es evidente. Pero existe algo que no todos tienen, que sólo es para unos cuantos. Para todos aquellos que entregan hasta el ultimo aliento, los que luchan hasta el final y dan siempre un extra más.

Haciendo un análisis de la historia deportiva de los últimos años en nuestro país, he visto con pesar que la enorme diferencia es el corazón que se pone al hacer las cosas, en este caso el deporte; he visto con tristeza como los jóvenes de hoy ya no tienen esos ingredientes que teníamos los jóvenes de ayer.

Ahora son jóvenes que tienen más ventajas que nosotros, que tienen acceso a información que antes era considerada tabú, y ¿qué es lo que se ha perdido?, pues la falta del ejercicio, pero no sólo físico sino el ejercicio de virtudes.

Hablamos de valores haciendo una referencia a lo que nos implica una remuneración económica, a eso hemos reducido nuestras virtudes y habilidades, a todo aquello que me proporciona un bien material.

Cuando tenemos que hablar de virtud, (que no es más que el instrumento que utilizamos para la manera de reaccionar ante lo que nos rodea), tenemos que decir que ya no ejercitamos virtudes de vital importancia como la virtud de la entrega, la de la responsabilidad, la del compromiso, la de la honorabilidad etc. que son las que nos hacen ser como somos, y, que además de desconocer para qué nos sirven, afirmamos que ser virtuoso ahora está pasado de moda, es ridículo, anticuado y obsoleto.

Las cosas definitivamente ya no son como antes, todo cambia, es cierto, pero ¿por qué empeñarnos en cambiar hacia un camino cuando podemos elegir otro? ¿Por que lo que antes era importante ahora parece no serlo?.

Como deportista que he sido desde que tenía 7 años, he visto como de generación en generación las disciplinas han cambiado, pero no así las leyes nacionales en cuanto a deportes se refiere. Seguimos padeciendo lo mismo, burocracia, indiferencia, manipulación, corrupción.

He visto cómo ahora dejan de entrenar por que les da flojera o por que no hay personas capaces de desarrollar ese interés por la victoria. Ahora prefieren estar en la computadora, ir al cine (que no son malos) que hacer deporte, he visto perder un torneo por que no se completó el equipo, o que a algún jugador no le gustó la decisión del referee y abandonó la cancha.

Y los padres ¿qué hicimos? Nada. Hemos permitido que los jóvenes hagan lo que quieren porque probablemente afectemos su autoestima, porque los niños y jóvenes de hoy nos manejan a su antojo, por que no han aprendido, ni ejercitado virtudes valiosísimas como el respeto, la obediencia y el orden.

Lo peor del caso es que la impotencia se apodera de nosotros, esa impotencia por querer hacer algo y no poder hacerlo. ¿Cuántos de nosotros quisimos correr con Ana los últimos 50 metros ? O quisimos hacer una facial para no dejar caer el balón, o dar una patada, o hacer un KO ante los rivales. Son tantas las cosas que pudieron pasar, pero una vez más, no pasaron. ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?

Lo grave de esto es que los jóvenes ni siquiera captan lo que significa el quedarte en la línea, sencillamente ven con indiferencia y algunos hasta con burla el ridículo de la delegación olímpica mexicana. No cuestionan ni preguntan por qué, sencillamente, no saben lo que es dejar todo, por ganar un set, un partido, un torneo, un campeonato, una olimpíada o un mundial.

No han conocido ni sentido lo que implica el sacrificio, el esfuerzo, el dolor, las frustraciones al intentar una y otra vez un ejercicio que no sale perfecto, la preparación y la condición para estar en la cima, para mezclar todos esos ingredientes que sólo tienen los grandes, los que cada minuto, cada día, semana, mes y año los lleva al podium de los ganadores.

Todo nuestro mundo gira alrededor de lo mismo. Hacer y tener todo con el mínimo esfuerzo. Parece que nuestros jóvenes nos hacen el favor, cuando (valga la redundancia) hacen algo. Ya no se entrega el corazón en lo que se hace, ya sea deporte, escuela, familia. etc.

Se hace cuando no se requiere de mucho esfuerzo, se hace cuando no tengo nada mejor que hacer; se hace cuando me das algo a cambio (y si es económico mejor) pero ya no se hace por la satisfacción de vencerte a ti mismo, por potenciar todas tus habilidades, por sentir la adrenalina que genera el cuerpo ante un reto, eso es lo que se ha perdido, el reto, la decisión, la constancia, la actitud ya no existen entre los jóvenes y más triste es ver que los niños mexicanos carecen también de todo esto.

He visto talentos desperdiciados; lo hemos visto en cantidad de películas y lo hemos oídos otras tantas. ¿Quiénes son los que sobresalen? Aquellos a los que se les ponen trabas, aquellos a los que no se les permite hacerlo, e inclusive a aquellos a quienes se le obliga por alguna circunstancia. Aquellos, los que ni siquiera tienen los recursos. Y veo que eso ha hecho que el corazón se nos haya perdido. Lo dejamos olvidado en algún lado, pero, y ¿qué podemos hacer para recuperarlo? NO LO SÉ!!!, PERO ES URGENTE LLAMAR al “cardiólogo del alma” para que nos de la medicina adecuada para hacer que nuestros jóvenes atletas lo encuentren y vean que cuando se entrega el alma, la vida y el corazón en lo que se hace. La respuesta es siempre el éxito.

Pasaran 4 años antes de que vuelva a encenderse la, llama olímpica; pueden ser 4 años largos o cortos, todo depende de que ese corazón que está escondido en lo más recóndito de los recuerdos; que recupere su lugar, que vuelva a latir en el pecho de nuestros jóvenes atletas para lograr que en Beijín podamos ver como se iza la bandera mexicana y escuchar nuestro himno en el podium de los ganadores. Para que cada atleta mexicano, orgullosamente mexicano ponga su mano en el pecho y oiga cómo late su corazón que ha vuelto al lugar que le corresponde.

 

Claudia Landeta Alcalá es licenciada en Historia del Arte y Maestra en Filosofía. Es catedrático en la Universidad del Mayab desde 1997.

Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab