Universidad Anáhuac Mayab

Ser más personas

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 A mi amigo y a mi nos empezó a fastidiar, bailaba alrededor de nosotros y se burlaba haciéndonos gestos como para llamar nuestra atención, ante nuestra indiferencia se fue a molestar a otras personas. Era ya el final de la misa y el padre daba la bendición. Estábamos a punto de retirarnos cuando se nos acercó otra vez y de manera burlesca nos daba la mano para saludarnos. Mi amigo y yo le tendimos la mano, sin embargo, insistía en molestarnos por lo cual nos detuvimos mientras los demás se retiraban de la misa. Permanecimos con él tratando de aconsejarlo, pero el seguía molestándonos, en un momento mi amigo le dijo: “Jesús te ama, Dios te ama”. Él (que no paraba de moverse) se quedó quieto y lo miró fijamente y le contestó: ¿tú me amas? Mi amigo le volvió a decir: “Jesús te ama y nos ama a nosotros también”. Parecía que en ese momento esta persona ya no era un “borrachito”, se puso serio y le contestó a mi amigo: “deja de decirme cosas que yo ya sé, no me sirven para nada, yo se que Dios me ama, pero ¿tú me amas?”. En ese momento yo me quedé asombrado de lo que escuchaba. Mi amigo le contestó con palabras firmes y llenas de ternura, mientras le tocaba el hombro: “yo te amo”. Esta señor le dijo emocionado: “Eso es lo que quería saber”. Nos dio un abrazo y se alejó de nosotros caminando tranquilamente y cantando algo que parecía una alabanza.

Hasta ahora vengo entendiendo lo que pasó aquel Viernes Santo, recibí una de las lecciones más importantes de mi vida, no era un borrachito quien se nos acercó, ni tampoco un ser humano, era una persona humana que buscaba entre los mismos de su especie alguien con quien identificarse, ahora lo entiendo, se que no es una empresa fácil y que puede uno caminar mucho e ir a muchos lados y no pocas veces encontrar a la persona que a uno lo acepte y lo vea como una persona a quien le interesa, sobre todo sentir que eres querido, no por tu amigo, ni por tu pareja, ni por tu familia, sino por otra persona quien uno no ha visto, pero que lo reconoces por ser un sobreviviente de este mundo, sin poderes especiales, sin status, sin diferencias extraordinarias y, que como un sobreviviente más del paso del tiempo, de la evolución, de las guerras, de las enfermedades, del hambre y sobre todo de la ira, del odio, de la envidia y de todas aquellos sentimientos que llevan al hombre a su destrucción, te dé un abrazo fraterno.

Pienso en lo que una persona puede hacer por otra cuando manifiesta un interés positivo y lo expresa; tomo en cuenta las necesidades que tenemos de palabras, de que nos digan cosas que realmente nos sirvan, que nos mueva a sentirnos bien, por ejemplo, el “borrachito” sólo quería saber si existen otras personas interesadas en él, y sí es así, qué bien se habrá sentido, ¿cuántas veces hemos sentido algo agradable cuando escuchamos que somos aceptados y querido por otras personas?, yo creo que siempre, el pensar que alguien nos ama nos ilusiona y nos crea sentimientos positivos. Pero cuanta sorpresa, desilusión y hasta frustración se siente cuando vemos que por ser de una u de otra forma, de una u otra clase social o cultural, no somos aceptados y hasta rechazados. ¿Cuántos sentimientos negativos se generan en una persona por el rechazo? ¿Acaso una persona a quien se le burla por estar sucio o tener una malformación tendrá un buen auto concepto de sí mismo?, esto generalmente no es así, y desafortunadamente ese sentimiento negativo, en ocasiones, se muestra en el odio o resentimiento hacia los demás. Regresando a aquella persona que se nos acercó buscando fraternidad, no sabemos si donde esté es aceptado, ayudado y hasta amado o todo lo contrario rechazado, insultado, odiado, etc., pues aquella persona se nos cruzó en un momento de nuestras vidas, en un instante y no lo hemos vuelto ver. Necesitamos ser más, que como mi amigo le diga a la gente “yo te amo” y llevar esa frase en la espalda, en las manos, en los pies, en la mente, en el corazón, como lo hacía la madre Teresa de Calcuta, quien cargaba sobre sus espaldas el dolor, la enfermedad el hambre de las personas, todo eso por amor, no de manera metafórica, ni sentimental, ni como un término abstracto, sino de manera concreta con sus propias manos, con sus propios pies, con su propia espalda, con su propia vida, pues no podemos saber que es lo que pensaba o sentía exactamente, pero si podemos inferir su amor puro por los actos que hacía y pudimos observar de ella, podemos inferir de ella a la extraordinaria persona humana y un amor trascendental hacia los sobrevivientes necesitados.

De lo anterior me hace pensar en todas aquellas personas que tienen un altruismo puro, sin ser interesadas cuando realizan cosas que van más allá de lo que podrían esperar para su beneficio personal, de los que cuidan “el amor” tratando de que no se mezcle con cosas materialistas, ni valores negativos, sin ideologías consumistas, opresoras y explotadoras. Que siguen una dirección confortadora para los que están a su paso y que dejan una sensación de optimismo para la especie humana. ¿Cuantas veces he visto pasar a alguno de estas personas “raras” (desde un punto de vista social) en mi vida?, es difícil responderme, y más difícil es cuando me cuestiono sobre mis propios actos y relaciones, sobre todo cuando me veo inmerso en el espacio que me “corresponde”, donde un círculo imaginario no me permite traspasarlo y, es que en ese círculo está escrito (de una manera social) lo que yo debo decir, como me debo comportar, a quien debo querer, la posición que debo adoptar y el lugar que está determinado para mi (repito socialmente), ¿Quién estaría dispuesto a dejar algo para escuchar las necesidades de otro, a preguntarle a la gente en que te puedo ayudar, a “sacrificar” un día para acompañar a los enfermos, a gastar dinero en otras personas que no conoces y que lo necesitan, a ser voluntario en una comunidad marginada, a visitar a los familiares que tienen problemas, a escuchar las necesidades de los empleados, a escuchar e investigar los problemas de los alumnos, etc., sabiendo que tendría que dejar de hacer “algo” para sí mismo?, afortunadamente, todavía existen personas que lo hacen y se interesan por los otros, y es por que han trascendido como personas, saben que existe otras personas y están conscientes de eso, ¿pero, cuantos todavía no lo hacemos? ¿Qué relevancia tiene “estar” en mi círculo y no salir de el? Ese círculo se mueve donde yo me muevo y ojalá sea solo espacio, pero no es así, esta saturado de frustraciones, de miedo, de dolor, de ignorancia, de fantasía y de intereses, que impiden traspasarlo y trascender el espacio para meterme a otros círculo (hacer conciencia del otro) y descubrir la esperanza y la virtud a través del conocimiento que deja la copresencia en otras personas, ayudándolos a trascender también sus círculos, de manera empírica, de manera práctica, sin importar cuan vacío quede mi espacio (quedaría vacío de cosas negativas y habría espacio para que entren valores positivos), pues compartiría la estrechez del espacio de otros, con todo lo que implica la presión (que a veces causa dolor o sacrificio y hasta abandonarse a sí mismo) de estar en el espacio de otro, pienso que se necesita una gran voluntad para hacerlo, empezando en cada momento, con cada persona con la que convivimos o se cruce en un instante de la vida –ahora cuanto lo deseo-. Cuantas más personas tengan esa voluntad y estén concientes de las necesidades de otros o que verdaderamente se interesen por otros, es más fácil que se abran más caminos para otras personas que están sumergidas en la inconsciencia de pensar en su propia existencia donde su vida comienza en el yo poseo, yo quiero, yo pienso, yo hago y todo yo.., y comenzar en incluir a otros seres humanos en nuestras vidas. Ya no se debe quedar en la intención de “a ver cuando” sino que debemos monitorearnos y preguntarnos que es lo que estoy haciendo cada vez que hablo o me relaciono de alguna manera con en el otro, ¿lo estoy escuchando?, ¿lo estoy ayudando?, ¿lo comprendo?; ¿soy empático o simpático con el otro?; ¿estoy conciente del otro?. Debemos pensar antes de decir nada en el efecto que tiene nuestras palabras en la persona, el modo en que lo hacemos, el afecto que carga y los efectos que tienen nuestras palabras en las otras personas. Monitorearnos desde nuestra casa, escuela, trabajo, como hijo, como padre, como empleado, como empresario, como esposa, esposo, como cliente, como vendedor, como autoridad, como político, etc.

En una ocasión en una tienda de autoservicio pude observar que una persona discutía con el vendedor del establecimiento, le reclamaba por el precio de una mercancía, pues según el cliente no estaba en el aparador y creía injusto lo que le estaban cobrando. El vendedor amablemente le decía que no era su culpa, pero el cliente le gritaba y maldecía descargando en él toda su ira, parecía que lo odiaba profundamente, el cliente se fue y el vendedor se dirigió a mi y de manera amable me preguntó que se me ofrecía. Pude observar en el rostro del vendedor la vergüenza y la impotencia que sentía. Me preguntaba si la otra persona no tenía la capacidad para darse cuenta de lo que provocaba en el vendedor. También me preguntaba si el vendedor tenía la capacidad de manejar estos sentimientos o a donde irían a parar dichos sentimientos. He regresado en varias ocasiones a dicho establecimiento y no he vuelto a ver a este vendedor, quiero pensar que es una coincidencia que ya no labore en ese lugar. Reflexiono en las consecuencias que puede tener nuestras actitudes hacia los demás. Dejo, por un momento, los motivos por las cuales una persona es de una manera u de otra con otra (s) personas, me enfoco a las consecuencias de nuestras actitudes. Quizás esto no es nuevo, pero me hace pensar en la pobreza que tenemos cuando tenemos contacto con otras personas, no sabemos interpretar de los demás la necesidad que tienen de ser comprendidos, aceptados, apoyados, ayudados. Un alumno que no entra a clases o que está reprobando generalmente lo tachan de flojo o de irresponsable, y si es uno más pequeño lo mandan con el psicólogo para su ayuda escolar. El jefe de una empresa puede ver nada más que el empleado ya no produce y lo tacha de un mal empleado. El esposo ve nada más que su pareja se queja por los quehaceres o por los cuidados de los niños y la tacha de neurótica, la sociedad ve nada más que una persona roba o se droga y lo tachan como delincuente, el cliente ve que un precio no es el correcto y tacha al vendedor de mal empleado. ¿Pero quién se pone en el lugar del alumno, del empleado, del vendedor, de la esposa, de la persona que roba o se droga?. ¿Acaso un día el patrón va a ir en la casa del empleado y hacer una lista de sus necesidades o la sociedad va ir con la persona que roba o se droga en el barrio donde vive y convivir con las personas con la que el convive y hacer una lista de su necesidades?, por un razonamiento lógico, es poco probable que suceda de esta manera. Entonces ¿que hacemos si no somos capaces de ponernos en el lugar del otro?, Dios no quiera, pero podemos lastimar, frustrar; causar dolor, traumas, miserias, delincuentes, malos estudiantes, pobreza, etc. Tenemos que ver más allá de nuestro círculo y ver que en vez de círculos existen personas que tienen una historia parecida a la de nosotros y que sus raíces son la de nosotros, que el sentido de existir es por que existe el otro, no por casualidad sino por el amor que alguien le tuvo a la humanidad.

Por una razón estamos compartiendo la vida con otros, esos otros son como nosotros: “seres humanos” que como nosotros son el producto que nos dejan nuestros antepasados. Cuando estaba más joven pensaba en como sería mi tatara, tatara, tatara….tatarabuelo y me preguntaba si alguno de mis antepasados estuvo a punto de morir, me preguntaba que sería si se hubiese roto la cadena en alguna parte de mis antepasados. A veces me iba más atrás, cuando mis antepasados sobrevivían de sus instintos y tenían que luchar con otras especies para sobrevivir. Todavía me iba más atrás y veía a alguno de mis antepasados pequeño y sin las características del ser humano, escurridizo y con miedo cuando había relámpagos. Cuando llegaba a ese punto me preguntaba de donde había salido y recordaba la teoría de la evolución y me imaginaba aquellas células que un día, en un futuro, se iban a autonombrar seres humanos. Cuando regresaba al presente sentía un vértigo y una inquietud me embargaba. Me preguntaba cuán importante soy para continuar la vida humana, pensaba en lo afortunado que había sido por nacer humano y que por designios “divinos” estoy en este mundo, miro a mi lado y veo a otros de mi especie y pienso en lo afortunados que son también. Ahora pienso que soy uno más de aquellas células (que también tienen un pasado) solamente que vivo en sociedad y en una cultura y que si de antes mi base biológica me permitía sobrevivir, ahora lo hago porque estoy rodeado de gente, células que así como yo tienen un pasado y que son el final de una cadena que tiene el mismo comienzo. Todo lo que destruya en este momento se lo habré destruido a mis antepasados, todo el daño que yo me haga, se lo estaré haciendo a ellos. A sí mismo, si yo odio, envidio o daño a otra persona se lo estaré haciendo a toda su cadena y a la mía también, porque un sentimiento negativo nos degrada, nos involuciona, nos vuelve instintivos y se vuelve un paquete que se le heredará a la siguiente generación, a mi siguiente generación, a tú siguiente generación, a la de toda la humanidad, ya que esa cadena sigue influyendo en nosotros y seguirá en nuestros descendientes. No sé cuánto “paquete” heredé de mis antepasados, no sé cuánto esté lleno de cosas negativas y cosas positivas (definitivamente creo que hay cosas positivas), pero si sé que de tras de una acción mía está una decisión y delante de esa acción una consecuencia y, que en medio de esa decisión, sin lugar a duda, está la conciencia o la inconciencia, no como estados de la conciencia sino como reguladores de valores positivos o negativos. Para mi la conciencia es algo que me permite ver en mi persona la persona de otros y, que a la vez, me hace sentir en los otros mi persona, así nunca dudaría en escuchar, en ayudar, en tolerar y en consolar a los que me rodean. Esto es, sin lugar a dudas, lo que en un punto de nuestra vida nos permitirá redirigirnos como humanos y trascender como personas humanas, donde tengamos que seguir, a donde tengamos que seguir. No dejemos que en medio esté la inconsciencia que es una forma automática que solo responde de manera instintiva, con valores negativos, a lo que nos rodea y a lo que traemos dentro sin importar el dolor que se causa al otro, ejemplos existen y muchos, como las causas de la miseria en que mueren niños y adultos en el mundo. Hago una reflexión de la historia de la humanidad y pienso en las guerras, en los asesinatos, en las enfermedades y el hambre que ha padecido la humanidad. También pienso en todas aquellas cadenas que se han roto y que no siguieron su continuidad y me imagino a aquellos que no nacieron y no vivieron por alguna razón. Pienso en el sentido que tiene de continuar la vida humana y que los que estamos ahora y lo que hagamos en este momento determinará la dirección que tomen nuestras cadenas. Tengo el optimismo de que será tan larga como lo es la historia del universo, pienso en que algún día tomaremos conciencia de la importancia que tiene cada persona en este mundo.

 

Víctor Manuel Canché May. Psicólogo, egresado del Centro de Estudios de Las Américas (CELA) en el 2002. Diplomado en Criminología (2002). Profesor del “Centro de Estudios Superiores C.T.M, y del “CELA”. Recepcionista del Psiquiátrico “Yucatán” (desde 1992). Trabajo y convivencia con adolescentes en la escuela de educación social (2000-2002).

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