Universidad Anáhuac Mayab

La recepción crítica: qué es y cómo nos sirve en nuestra vocación de comunicadores

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Sin embargo, es pertinente hacer algunas consideraciones y reflexiones sobre qué es la crítica, cómo nos sirve en nuestro desempeño cotidiano y fundamentalmente cómo podemos inculcarnos a nosotros mismos, cual hábito inseparable de nuestra conducta cotidiana, la práctica de una recepción crítica ante los mensajes difundidos por los medios de comunicación.

En este artículo planteamos como convicción probada, que la formación en el hábito de la recepción crítica provee de mejores armas al comunicólogo para producir y/o generar mensajes a partir de un entendimiento más completo del contexto en que se desenvuelve.

 

La crítica es lo que al libelo, lo que la libertad es al libertinaje

Desde las caídas del muro de Berlín y del bloque socialista, el mundo hizo sentir la desaparición de viejos mitos y prohibiciones relacionados con la libertad y el ejercicio de la crítica.

El mundo incluso ya transita, como señalan Iriarte y Orsini (1995), bajo efectos propios de la post-modernidad, donde muchos conceptos y anatemas tienden a la relativización, al grado de que a nadie “impresiona” que se viertan infinidad de descalificativos en los medios masivos hacia poderes establecidos, instituciones sociales o personajes públicos, pues hasta el amor a la patria aparece relativizado e incluso vanalizado [1].

¿Qué ocurre con nosotros aquí en México?

Bajo el contexto de apertura en que nos toca vivir la aún difícil transición democrática, nos hemos asumido críticos de muchas cosas porque la revelación y transparencia de esta época nos ha permitido destapar a personajes e instituciones cuya imagen dejó de ser simbólica.

Es así como en el México actual, también se tiende a relativizar la validez de los argumentos de partidos políticos y figuras públicas.

El descubrimiento de “verdades” en esta primavera democrática, donde hemos constatado hechos escandalosos de corrupción y contradicciones en quienes dicen representar a la sociedad, nos lleva a descreer en axiomas que en el pasado creíamos válidos.

Por todo lo anterior, la crítica es el concepto con que resumimos en México el estimulante ambiente de holgura y rompimiento de ataduras.

Sin embargo, crítica no es lo mismo que libelo, como tampoco libertad es lo mismo que libertinaje.

La crítica es un ejercicio analítico de responsabilidad, mientras que el libelo constituye un acto deliberado que con expresiones mordaces en la pluma o la voz de comunicadores tiende a destruir la reputación y buena fama de personas o instituciones [2].

 

La utilidad de ser críticos

Hasta aquí hemos planteado qué es la crítica, cómo se le distingue del libelo y el porqué estamos convencidos de que el ejercicio crítico es un buen hábito en nuestra formación y nuestro desempeño.

Ahora es preciso saber, con las acotaciones expuestas antes, varios aspectos que debemos considerar en este análisis de la crítica y su fomento.

Para empezar, convendría documentar:

•  Qué es la recepción crítica.

•  Cuándo y cómo las escuelas de comunicación en América Latina comienzan a estudiarla.

•  Cómo es que se convierte en una corriente que revalora al receptor como sujeto activo y no como el destinatario inerme que otras corrientes de comunicación creían insalvable.

•  El por qué de la necesidad de ejercitar el hábito de la recepción crítica en nuestra vida cotidiana, donde además de ser personas poseemos la inevitable camiseta de comunicadores.

 

Se conoce como recepción crítica al hábito individual o colectivo que nos permite decodificar los mensajes percibidos, apropiarlos en la vida práctica y activar una conciencia de los mismos.

Como elemento de nuestra formación universitaria, se concibe como crítica al análisis y/o disección minuciosa de un fenómeno, para explicar el todo y sus partes.

De hecho las corrientes latinoamericanas de recepción crítica (Prieto Castillo Daniel, 1988) tipifican en ésta un acto de percepción más que de recepción; es decir que un perceptor es un decodificador crítico a diferencia del receptor habitual al que sólo le llegan los mensajes sin que los critique.

A la recepción crítica también se le conoce como recepción activa o interactuante y sucede cuando la masa se convierte en colectividad razonante.

En esta bien formada costumbre de tomar distancia de los mensajes, somos receptores críticos cuando establecemos un nuevo uso de los medios, mediante la apropiación de los elementos que nos resulten útiles en nuestro proceso de construcción humana, cultural y educativa.

Si bien la llamada corriente de recepción crítica o participante comienza sus estudios en Latinoamérica entres los años setenta y ochenta, su vigencia permanece hoy día con sobradas necesidades, en un mundo donde los medios muestran complejas ofertas y abundantes confusiones.

Por encima del desaliento de algunos colegas comunicólogos que argumentan con razón un creciente hedonismo en la búsqueda de racionalización y abstracción (la gente busca “la ley del menor esfuerzo”, como lo documentó Sartori, 1998), afortunadamente no somos una sociedad “dominada”, “enajenada” o incapaz de generar ninguna respuesta ante los mensajes.

Eso lo saben los mercadólogos y publicistas, a quienes queda clara la diversidad de “nichos” de audiencias o lectores, a lo que se suma el hecho de que las nuevas tecnologías, si bien tienden a segmentar y aislar a los individuos [3] también han generado medios de incentivar la interactividad bajo nuevos soportes, los digitales.

 

¿ Qué tiempo lleva ocupada en esto la investigación de la comunicación?

Es amplia la experiencia acumulada. La tradición habla de por lo menos 30 años de preocupación al respecto, con aportaciones generadas en Europa, América Latina y principalmente en Oceanía.

Desde los años setenta, Australia estatuyó como asignatura de la educación media en su sistema educativo, la lectura crítica de los procesos de comunicación. Lo mismo hicieron Suiza, Alemania y Francia.

En Latinoamérica han prevalecido dos líneas de estudio que enfocan la preocupación académica vinculada al tema de la recepción crítica, a saber:

•  La que denuncia que somos “víctimas irremediables de los medios” y que estamos avasallados por ellos .

Esta muestra el fatalismo de los “apocalípticos” que colocó a los individuos como simples consumidores de los mensajes, y sobre todo a los niños como objetos ideológicos y lucrativos.

En esta línea se movieron las escuelas funcionalistas (la explicación causa-efecto) y marxista (la alienación de los mensajes).

b) El individuo que consume los mensajes masivos, como satisfacción de sus impulsos (experiencia lúdica de la recepción).

Estos estudios dieron paso a la llamada teoría de los “usos y gratificaciones”, con estudios enfocados en aspectos conductuales, sobre todo en los niños.

 

¿Cómo es que se propagan los estudios que revaloran al sujeto?

La televisión ha sido el medio por excelencia escogido para estudiar sus efectos en la conducta y los hábitos de diversas personas, fundamentalmente los niños. Es en ese campo en donde trascienden, en México, estudios como los de los doctores Guillermo Orozco o Sarah Corona.

La realidad de la creciente exposición a medios audiovisuales, motivó que en la comunidad comunicacional surgiera el interés por abordar el estudio de la recepción televisiva desde varios enfoques.

Así es como el estudio de la recepción crítica planteó varios modelos teóricos que han predominado, a saber:

I) El conductista, del estímulo-respuesta.

II) La teoría del desarrollo cognoscitivo.- Analiza los procesos de percepción del individuo como producto de las distintas estructuras mentales que desarrolla con el tiempo (basada en Piaget).

III) La perspectiva del aprendizaje social.- No es el individuo sino su medio ambiente el que lo moldea; estudia las imitaciones y los tiempos de exposición de los niños a la televisión.

IV) La que busca integrar tanto al desarrollo cognoscitivo como al aprendizaje social: considerar al niño o individuo como “aprendiz social cognoscitivamente activo” (Orozco, 1987).

 

¿Cómo trasciende la idea de la recepción crítica en varios ámbitos?

El interés de los comunicólogos no ha sido ajeno a requerimientos sociales manifestados en distintos sectores.

Empujados por la necesidad de contrarrestar los efectos causados por excesos consumistas y difusión exagerada de ciertos valores a los que se atribuían riesgos de fragmentación en la sociedad, se crearon en distintas partes de América Latina, organizaciones sociales encaminadas a promover la crítica reflexiva de los mensajes masivos, mismos que han pretendido restaurar los problemas de rendimiento en la formación educativa.

Desde fines de los 70's a la fecha, han existido en América Latina algunos organismos, como:

- El Centro de Indagación y Experimentación Cultural y Artística (CENECA), así como la Fundación Bellarino, en Chile.

- ILPEC en Costa Rica.

- Plan DENI de Uruguay.

- La UCBC en Brasil.

Televidentes Alerta, A.C. de México.

- Las radios comunitarias de México (Teocelo y Huayacocotla).

- Distintas universidades e instituciones con propuestas recientes.

- Algunos esfuerzos latinoamericanos generados en el seno de la Iglesia: formación de la conciencia crítica desde los documentos de la Iglesia Católica.

 

¿Por qué la necesidad de ser personas formadas con la conciencia crítica?

Vivimos un mundo y un país de sobradas necesidades, con cada vez más complejos mensajes que tienden a abrumarnos y confundirnos.

Por eso es preciso contar con la herramienta fundamental de ver el más allá , el propósito que subyace en la difusión y propagación de mensajes, anuncios, modas y prácticas (ahora que están en campante moda los reality shows ).

Construir lo anterior se dice fácil.
Sin embargo y a manera de conclusión, desde el ámbito estudiantil o académico, podemos ir delineando algún plan de acción.
La medida inicial más util será abandonar las posiciones maniqueas o apocalípticas, es decir considerar como “buenos” o “malos” a los medios; o creer que nuestra capacidad cognitiva y decodificadora está débil ante el “embrujo” de medios que nos envuelven.

Es útil, como colofón, tener en cuenta estos puntos:

•  Los medios son eso: medios de transmisión, por lo tanto su naturaleza no es benigna ni maligna per se .

•  Son los mensajes y sobre todo el proceso de recepción en lo que debemos trabajar.

•  El investigador Guillermo Orozco (de la UIA, ITESO) y otros exponentes de una reconocida corriente mexicana de estudio de la recepción, sostienen que desde que uno es niño construye su propio hábito de recepción y que la TV puede o no afectarlo, dependiendo del papel que desempeñen la familia y la escuela como instancias tradicionales de educación.

•  Los individuos no somos seres inermes e incapacitados para recodificar los mensajes que nos llegan; es nuestra formación la que determina nuestra calidad de respuesta ante el influjo de mensajes masivos que por lo general tienden a uniformar estereotipos, valores y patrones de conducta no siempre favorables al desarrollo integral.

 

En nuestra doble papel de personas y comunicadores, es necesario que al pensar en el fomento de hábitos de recepción crítica tengamos en cuenta que ésta no es labor sólo de estudiantes, académicos o investigadores.

También compete a los medios de comunicación, así como a los programas oficiales de educación básica, formar en los individuos un hábito que les permita ser receptores activos, no pasivos.

Es a los comunicadores a quienes nos corresponde buscar los vínculos que generen acciones efectivas, con resultados que den constancia en receptores conscientes, críticos y no pasivos.

 

[1] Iriarte, Gregorio y Orsini, Marta. Conciencia crítica y medios de comunicación. México, 1995, Edit. Dabar, parte I, capítulo 1, pág. 22.

[2] Para un análisis más detenido del libelo y de cómo éste debe determinarse mediante un juez en un proceso por difamación, ver de Muñoz Bata, Sergio, el artículo “El papel de la prensa en una sociedad democrática” (http://www.saladeprensa.org), donde se analizan alcances y limitaciones de las leyes norteamericanas en lo relativo a los presuntos agravios que pudiesen causar publicaciones periodísticas.

[3] Sartori, Giovanni. Homo Videns. La sociedad teledirigida, Madrid, Edit. Taurus, 1998.

 

El Maestro Antonio Rodríguez Santa Ana es investigador, licenciado en comunicación y estudiante del doctorado en ciencias de la información. Actualmente realiza la tesis: “El influyente papel de la prensa. Análisis de la intrincada relación entre la libertad de información y la ética en al difusión de casos judiciales” (de doctorado en curso). Imparte Cátedra en la Universidad del Mayab y el Instituto de Estudios de la Comunicación de Yucatán. Escríbele tus comentarios a [email protected]

 

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