Universidad Anáhuac Mayab

Historias para Despertar

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Hoy por ejemplo, me encontraba completamente “dormida”, caminando rumbo a mi automóvil, pensado sobre los pendientes que tendría que realizar este fin de semana, de forma automática saque las llaves de mi bolsa, abrí la portezuela, me senté y abrí la ventana del carro, cuando de repente… ¡¡Zaz!! Primero el ruido y después la sensación húmeda sobre mi piel me hicieron voltear la cara hacia la ventanilla del auto.

Algo había caído del cielo, y no era un ángel o un destello de sabiduría, era algo más bien, viscoso y repugnante, llamado vulgarmente cagada de pájaro.

Esa fue la chispa que hizo que tomara conciencia de lo que pasaba a mi alrededor, el darme cuenta de donde me encontraba, de sentir, de pensar en mi, de vivir ese presente, mi presente, aunque sólo dure una milésima de segundo; Claro que hubiera sido mejor que lo adornara de otra forma y comentar algún otro “despertar” más digno o más limpio cuando menos, pero eso me permitió recordar también otros episodios, donde he tomado conciencia plenamente de la persona que soy y la persona que quiero ser en un futuro (aunque éste aún no exista). Recuerdo una plática por ejemplo, con mi Abuelita Olma:

--Si Dios me diera la oportunidad de regresar a éste mundo --Me decía-- Y me diera la opción de elegir si regresar como hombre o como mujer, sin dudarlo un segundo le pediría regresar como mujer.

--¿Por qué como mujer?-- Le pregunte a mi Abuelita, si para mi, en ese entonces, el ser hombre tenía muchas ventajas, eras el sexo fuerte, podías salir de noche y nada te pasaba, salir con muchas mujeres y nadie te miraba feo, y muchas más cosas por el estilo que a la edad de 14 años no comprendía aún.

--Porque la mujer tiene el don maravilloso de la maternidad.

Estas palabras tan hermosas, no las comprendí, sino pasados los años, cuando ese Dios tan maravilloso, mi Dios, me concedió la dicha de ser Madre, es ahora que la mayoría de las veces, esa chispa que hace que tome conciencia de las cosas, que me de cuenta de mi presente aunque éste dure nuevamente sólo una milésima de segundo son los ojos de mi pequeña Samantha. Es a través de ella que me doy cuenta de las pequeñas cosas que he dejado de ver: Un bicho caminando por el jardín, las gotas de lluvia, mojando mi mano y la de ella, la magia de una caja de juguete vacía (porque el juguete esta tirado a un lado de la cama, junto con el dinero que pague por él); Así como de las grandes cosas que nos rodean: La luz brillante de una luna llena, el lago inmenso de una bañera, la cantidad de amor desbordante de nuestros padres, hermanos y amigos que nos quieren.

Estas pequeñas y grandes cosas que nos ofrece la vida son, las cosas por las que vale la pena vivir, las cosas que tenemos la obligación de compartir con los demás, una sonrisa tiene tanta fuerza, tanto poder cuando se la damos a un ser querido y también cuando la brindamos a un desconocido porque no sabemos el impacto positivo que puede causarle en su vida. Recuerdo específicamente dos ocasiones en las que una sonrisa, logro que Dios bajara y platicará conmigo:

Me recuerdo caminando rumbo a mi casa, una tarde al salir de la Preparatoria, en la ciudad de México, caminaba como los burritos que de tanto pasar por el mismo camino se hace ley, y que, si lo vemos por el lado negativo es malo porque en caso de que algo malo pase (una calle cerrada, una banda de mafiosos ) no conoces otra forma de llegar a casa, pero si lo vemos por el lado positivo, puedes ir hasta con los ojos vendados porque conoces cada piedra que hay en el camino, sabes de que lado se encuentran los perros que sobresaltan a los ingenuos peatones y hasta los olores de casi todos los jardines de las casas.

Bueno pues, esa tarde venía pensando en la forma de salir de un gran problema, un inmenso problema que a mis 17 años no me dejaba ni pensar en los muchachos que me enamoraban: Las calificaciones.

Le pedía en silencio a Dios (al cual siempre recurrimos y nos acordamos cuando tenemos algo que se salio de nuestro control) que me ayudará a resolver ese gran problema, porque como iba a enfrentarlo con mis Padres, me encontraba realmente preocupada, con la mirada cabizbaja y yo creo que hasta con cara de preocupación, porque una persona de sexo masculino (no recuerdo si era joven o viejo) que venia de frente a mi, en sentido contrario al mío, simple mente me dijo: _Sonríe, todo saldrá bien, solo échale ganas!!.

Eso fue todo; palabras mas, palabras menos, pero que me hicieron darme cuenta de mi existencia. Yo pedía dentro de mi que Dios me hablara, que me ayudará, que sucediera un milagro y que me diera la oportunidad de regresar el pasado para, ahora si, estudiar y no reprobrar la materia.

Lo único que obtuve fueron las palabras de una persona desconocida, que se tomo el tiempo para decirme una frase de aliento.

Si me pongo en el lugar de aquella persona, podría pensar: -- ¿Será que ayude en algo a esa pobre chica? ¿Habrá valido la pena?.

--¡Claro que me ayudaste y por supuesto que valió la pena! --Le contestaría (si pudiera). Porque esas palabras, en ese momento para mi, fueron la respuesta de que Dios me estaba escuchando. Estoy convencida de que Diosito puso a este hombre, en ese momento (porque nunca lo había visto por esos rumbos) y que le permitió tener el valor de decirme eso. Si nos ponemos a analizarlo fríamente cuantos de nosotros tiene el coraje de decirle algo así a una persona desconocida, cuando mucho rezamos en silencio una oración por la persona y pedimos en silencio que Dios la ayude. ¿Pero hablarle? ¿Eso es más difícil verdad?

La otra ocasión en que sentí a Dios de esa forma (porque hay muchas otras mas historias). Iba rumbo a mi trabajo, esta vez ya no caminando sino en carro, pero me sentía triste… muy triste. No recuerdo a ciencia cierta los detalles, pero son esas ocasiones en las que tu vida de pronto se torna aburrida, sin nada interesante que contar y sientes que no tiene sentido nada. Te sientes fea, gorda, dejada, no hay nadie que te quiera, en fin, todas las cosas buenas que tienes las conviertes en cosas negativas, para que ahora si tenga sentido el sentirte mal.

Me encontraba pensando si realmente, existe Dios y si vale la pena hacer cosas buenas por la humanidad, cuando de pronto un… ¡Buenos Días! Del vendedor de periódicos, me despierta y me saca de mis pensamientos. Volteo la cara para verlo y allí estaba él (don Víctor, ahora sé que se llama, que tiene 3 hijas, adora su trabajo y que es un gran creyente de Dios) con una gran sonrisa para mi solita.

Eso fue todo…¡Pum!. Allí estaba nuevamente la mano o mejor dicho la sonrisa de Dios, la respuesta a mis grandes dudas, el aliento para dejar las cosas negativas que traía dentro, la fuerza para darme cuenta de mi existencia y el porque estaba Yo en este mundo… Para hacer feliz, sino a todo el mundo si a alguien que me necesite, solo es cuestión de estar ahí, para esa persona, quienquiera que sea, cuando me necesite.

Estas y muchas historias mas, son las que forman la historia de mi vida, personas que han impactado mi vida, personas a las que yo he impacto en la suya, personas que como Tu y como Yo, forman y llenan este camino que llamamos Mundo…

 

Landy Patricia Estrada Magaña, es Lic. en Informática egresada de la Unimayab, nacio un 20/07/1970, estado civil Casada, y actualmente trabaja en Grupo Martinez, impartiendo cursos de capacitación y dando apoyo en Proyectos de Consultoría. Email: [email protected]

 

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