Universidad Anáhuac Mayab

Seres y personas humanas

Publicado en: 19 de Junio de 2006

He recordado esto cuando hablábamos sobre el proceso de convertirse en persona y asentaba que no se trataba, a mi parecer, de un proceso solitario sino fuertemente influido por la presencia de otros individuos.

Cuando pienso en una persona, inmediatamente me refiero a un ser en relación, que ha superado el nivel egocéntrico para situarse en un nivel donde establece contacto con otro para realizar toda su existencia. Este ser ha debido superar una serie de etapas de desarrollo desde su cápsula narcisística inicial hasta el mundo donde el contacto con otros se vuelve una necesidad y un deseo.

Ahora, ¿ha sido voluntario su ascenso hasta el nivel de persona? ¿Él ha querido ser persona o lo ha buscado específicamente? Presiento que una respuesta a estas preguntas pudiera estar precisamente en la teoría estructuralista por lo que ahora explicaré.

De manera natural, el hombre tenderá a vincularse a otros por razones de necesidad de vestido, habitación, alimentación, etc. Sin embargo, estos contactos entre los individuos no son meramente mecánicos, sino sistémicos, es decir, cada individuo es una pieza importante de un todo que se organiza para la resolución de un problema. Como en todo sistema, los individuos se movilizan efectuando diversas interacciones que darán origen a nuevas pautas de conducta necesarias para que el sistema permanezca en función.

En este sistema interactúan, al unísono, seres y personas. Entiendo que los seres representan la gran mayoría y son las partes en desarrollo del sistema. Las personas representan las coyunturas que articulan el sistema, puesto que son los individuos que pueden flexiblemente unir dos o más seres. Las personas requieren para su desarrollo y sostenimiento de este contacto con los seres porque su óptimo funcionamiento (felicidad) necesita que su capacidad de donación se mantenga en ejercicio.

Lo extraordinario es que las personas coyunturales, al establecer contacto con los seres, les participarán de una fuerza que les impulsará hacia el crecimiento para trasformarse en personas. Algunos seres aceptarán el crecimiento porque estarán listos para ello; otros más lo rechazarán dado que su proceso de desarrollo estará detenido por alguna razón. Sin embargo, el contacto entre ellos (seres y personas) les transformará irremediablemente, aunque no sean concientes del cambio.

Que los seres acepten o no la transformación, pienso que estará en función del estado de maduración de su libertad y de la conciencia que tengan de su participación en el sistema. La libertad implicará una tendencia invariable hacia la elección del bien del sistema. Por tanto, el ser que ha desarrollado un nivel de libertad suficiente como para ser persona, ante el contacto con una coyuntura libre de una persona en plenitud, tendrá la oportunidad para efectuar el salto de nivel. Por su parte, el ser que no ha alcanzado un estadio de desarrollo en libertad óptimo, y, por ende, que no ha adquirido la conciencia clara de la importancia que tiene el que se transforme superando su condición actual, tenderá a crear conflictos en el sistema, desestabilizándolo y haciéndolo rígido. Mientras más coyunturas existan, mayor será la flexibilidad del sistema; a menor número de coyunturas, el sistema será más rígido.

Ahora bien, para que la libertad se desarrolle favorablemente requiere de la presencia del amor, esa fuerza que poseen las coyunturas y que participan a los seres para impulsarles a su transformación. Este amor modifica todo lo que toca. Ningún ser permanece igual al contacto con una persona plena: o se transforma a persona o la combate, pero no queda impávida.

La persona comprometida con su sistema, garantizará la construcción de una nueva seguridad y confianza para que los seres puedan transformarse en personas. Su felicidad estribará en entregar su riqueza para conseguir un aumento en la riqueza del otro.

Ante una visión así, tendría que afirmar, como dijera Teresa de Calculta en 1979, al recibir el premio Nóbel de la paz: “Sólo he procurado ser una gota de esperanza en un océano de sufrimiento. Pero si esa gota no existiese, el mar la echaría de menos”.

 

Mildred Elena Barrios Matos, Licenciada en Psicología y pasante de la Maestría en Filosofía por la Universidad del Mayab. Actualmente coordinadora del área de Humanidades de la Universidad del Mayab y psicoterapeuta clínica. Fundadora del departamento de Recursos Humanos del Hospital Psiquiátrico “Yucatán” y del departamento de Psicología Clínica de la Comunidad Infantil de “Kerigma”. Coordinadora y docente, hasta hace cuatro años, en la Escuela de Psicología de la Universidad del Mayab. E-mail: [email protected]

 

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