Universidad Anáhuac Mayab

Chakras, meditación y actitud en la vida de una estudiante

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 

Unos colores del feng- shui, cierto tipo de respiración, chakras, piedras energéticas, saludos al sol, cantos, rezos e incluso químicos (encerrados en píldoras “tranquilizadoras” que paradójicamente terminan desarrollando una pesadilla de adicción y ansiedad) dedican sus esfuerzos a lograr un mismo objetivo. ¿Cuál? ¡Tranquilizar al ser humano!

Ahora bien ¿qué sucede con los humanos que requieren tan desesperadamente de esta calma? ¿No se trata acaso de la criatura superior del planeta?. Hasta el día de hoy, nunca me ha tocado ver que mi adorada Briska, una perrita labrador particularmente inteligente, necesite de meditación para lograr conciliar el sueño.

El lector perdonará la analogía canina. Desde luego que no existe un punto de comparación entre un animal y un ser humano, por la sencilla razón de la posesión de una inteligencia reflejada en los valores y la cultura de este último. No cabe duda que existe un profundo abismo que separa encontrar la felicidad absoluta en un pedacito de hueso de pollo y hacerlo al recorrer los pasillos de una exposición de cuadros de Van-Gogh.

Sin embargo, precisamente por este nivel, no digamos de superioridad, sencillamente de diferencia, la humanidad tiene en sí misma una responsabilidad mucho mayor de lograr ser feliz. Su capacidad de adaptación y de supervivencia tantas veces demostrada en la historia del mundo, sufre un gran tropiezo al ver los resultados catastróficos que el estrés trae como consecuencia en cada persona. Y cuando digo catastróficos lo digo literalmente, pues sería iluso pensar que el estrés lleva sólo a un “ligerito” nerviosismo. Muchas de las enfermedades mortales, como el cáncer por ejemplo, se derivan directamente de la actitud emocional de la persona.

Entre esta avalancha de conceptos y verdades, aparece ante mis ojos una perspectiva de realidades aunque importantes, muy distantes. ¿Cómo se relaciona todo este palabrerío (sin demeritar lo escrito, sólo aludiendo su extensión) con una persona como yo, estudiante de la Universidad , joven y con toda una vida por delante?. ¿En qué momento puedo encontrar un instante para reflexionar sobre todo esto?. Aparentemente yo enfrento sin problema cada día con una buena taza de café (y si tengo suerte un mocachino), que me proporciona la relajación suficiente para recargar baterías y hacer frente a la próxima hora y media de inmovilidad en clase.

Pretender realizar un análisis de mi misma atravesando el primer semestre de mi carrera, parece una locura. Particularmente para personas como yo, adictas a la adrenalina que produce desafiar al tiempo, apostándole a lograr la puntualidad y el cumplimiento aún si esto representa exprimir a toda prisa hasta el último respiro de cada minuto.

Suena lógico. Es mucho más urgente terminar la tarea, lograr imprimir el trabajo de ilustración o estudiar para los exámenes finales que se acercan. Pero algo en este razonamiento denota un grave error, un asunto de falacia. ¿Cómo podré finalizar con éxito cada una de las actividades descritas, si no permito que mi mente, corazón, cuerpo y espíritu sintonicen en la misma armonía? No se cómo, pero me queda claro que si no logro ordenar primero mi vida, las conclusiones de mis actos serán lamentables.

No, no se trata de una frase apocalíptica tomada de algún libro de superación que fatalice el destino de la vida cotidiana. Al contrario, es una sencilla conclusión derivada de que cada día compruebo que mi perspectiva al hacer o decir las cosas, puede ser una variable definitiva para tantas otras que dependen de ella.

Cuando estoy enojada, estresada, apurada, alterada o simplemente histérica, todo mi mundo se viene abajo. Mi capacidad creativa, mi ingenio y mi destreza, desaparecen en el mismo instante en que se esfuma la paz de mi interior.

Y esta es precisamente la esencia medular de nuestra historia. Todos y cada uno de nosotros caminamos en una búsqueda por alcanzar ese estado ideal, perfecto: la paz. En cada acto que realizamos, vamos persiguiendo un momento de bienestar que sólo puede disfrutarse en esa estación de tranquilidad y armonía.

Solamente con paz en cada uno podremos alcanzar la salvación como humanidad entera. Si todo individuo encuentra el valor de explorar su persona, de hacer un examen de sus actitudes, sus relaciones y sus reacciones, grandes frutos en abundancia podrán cosecharse. Por increíble que parezca, lo que nosotros podamos hacer por nosotros mismos repercutirá inmensamente en una escala mucho mayor de la que imaginamos. Los beneficios no se limitan a uno mismo. ¡La vida es tan extraordinaria que aún las acciones de la más pequeña de sus criaturas tienen una trascendencia increíble!.

Así que hoy solucionaré mis asuntos pendientes. No importa si mi inspiración para esto sea el yoga, el psicólogo, el catecismo o sencillamente una clase muy humana de la universidad. Lo importante es recurrir a cualquier medio necesario para que mi ser encuentre el equilibrio que me permita vivir con tranquilidad. (Y esto no significa que me convierta en una persona sedentaria que reposa en una hamaca todo el santo día).

Acción, actitud, decisión. Ahora es el momento de pedir perdón a quien ofendí, de decir te quiero a la persona que amo, de disfrutar mi vida como si fuera el último día. No tengo que esperar a que pase el tiempo, a que lleguen las vacaciones, a que conozca Europa o que cumpla alguno de mis mayores sueños. En cada momento de mi vida diaria puedo encontrar muchas razones para ser feliz. Sólo necesito respirar y gozar de cada instante.

 

 

Martha Elisa Rivero Lazcano, estudia la Carrera de Comunicación, 1er Semestre. Nació en Mérida, Yucatán. Actualmente tiene 18 años. Su escuela de Procedencia es Centro Educativo Piaget. En marzo de 2004, ganó el primer lugar en el concurso de Expresión Oral y Escrita “Octavio Paz” de la Universidad del Mayab.

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