Universidad Anáhuac Mayab

De cómo los niños nos enseñan a ser grandes

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Y es que tal vez nuestro cuerpo haya aumentado de tamaño, pero a la par de nuestro desarrollo, también crecen las responsabilidades, las obligaciones, las ocupaciones, todo esto vuelve monótono y pesado nuestro acontecer diario. Con esta nube tan densa llena de negatividad a veces es imposible ver que tenemos frente a nosotros a los ejemplos humanos de cómo llevar más ameno el rumbo de nuestras vidas.

Me refiero a los niños, sí, a estos seres cuya pequeña estatura no es límite para impedirles ser lo felices que quieran ser. Puede parecer algo descabellado e incoherente, pero, si lo piensan bien hay actitudes que solíamos tener, que podríamos volver a copiar y que serían de gran ayuda para nuestro interior. No hablo claro esta, de tirarse al suelo y hacer berrinches para conseguir algo, o de orinar donde nos agarre la vejiga (aunque a veces pasa) para ser más claros es necesario citar algunos ejemplos.

Como la tenacidad, aquella que se presenta desde nuestros primeros intentos por caminar, donde es clásico que nos caemos una y otra vez, nos damos cada sentón que terminamos llorando por 10 minutos seguidos, sin embargo, ahí estamos y después de varios moretones por fin logramos enhilar algunos pasos y luego caminar. ¿Qué sucede cuando estamos grandes? Que nos rendimos la primera caída y nos es más fácil desistir que intentarlo de nuevo, ya sea el caso de la pérdida de un empleo, reprobar una materia, problemas familiares, hay que pararnos y probar hasta lograr nuestro objetivo no importa cuantas veces fallemos.

También es el caso del respeto, de pequeño ves a tu padre como un héroe, lo máximo y juras que cuando crezcas serás como él, pero los cosas cambian al crecer, pues ya mayorcito vez al que fue tu héroe como un ruco gruñón amargado que no te quiere prestar el carro y que sólo sirve para sacarle dinero.

O que tal con los regaños ya que estamos en el respeto, de chico estás pendiente de todo lo que te dice tu padre cuando es la hora de reprenderte, cosa que no pasa cuando crecemos, pues ya te das el lujo de ignorarlo, mientras tu padre está gastando saliva tratando de hacerte ver lo mal que estás, tu andas viendo la tele tirándolo a loco, mandando mensajes, hablando por celular o ya de plano te dormiste porque ésta vez tu papá o mamá se echó un discurso de político en plena campaña.

Y ni que decir del orgullo, alguna vez hemos visto a dos niños pelear y es que a esa edad es muy difícil controlar tus impulsos, pero después de tres rounds sin límite de tiempo y de haberse separado, al rato los ves jugando juntos de nuevo, con esa facilidad vencen su orgullo, no así con los que supuestamente somos adultos pues a veces dejamos pasar años para volver a reconciliarnos con alguien, cuando sentarnos a platicar o siquiera una llamada y unas palabras sinceras podían haber arreglado ese conflicto en menos tiempo.

Ahora hablemos de lo superficial y el interés, la verdad es que es muy difícil que un niño realmente se ponga a analizar y catalogar a las personas por su exterior, pues yo considero que es la etapa donde existe plena sinceridad. Es el tiempo de las mejores amistades, de los juramentos de hermanos sellados con saliva, de las aventuras interminables y sobre todo de tu primer amor.

Sí, de esa niña bonita, agradable que te hace crear un brillo extraño en tus ojos y que es la causa por la que la maestra te regañe por no poner atención. Y es que de chicos nos conformamos con muy poco y nuestros sentimientos son sinceros, pues nos basta con que ese ser que nos gusta tanto nos voltee a ver aunque eso nos provoque sonrojarnos hasta quedar como tomates, o que se nos acerca para dirigirnos la palabra y nos de un ataque repentino de tartamudeo.

Pero la magia se va perdiendo cuando te desarrollas, te pones más exigente, en el caso de los hombres una copa 34B, micro cintura y una defensa trasera bien torneada sería lo ideal, el rostro no siempre importa, sobre todo para los fines libidinosos con los que estás pensando, si tiene algo de la cara de Nicole Kidman mejor. Para las mujeres la cosa es más inteligente, pues entre más viejo y rico mejor ¿Por qué? Pues en cuanto se muera aquel abuelito y le deje toda su fortuna podrán gastar y comprar a su antojo, aparte de rodearse de todos los hombres musculosos y bien parecidos que el dinero pueda conseguir.

Y la lista continúa pero creo que el mensaje esta bastante claro, todo esto puede lucir como el ejemplo extremo de cinismo y superficialidad, pero sabemos que sucede, que alguna vez lo hemos pensado o de plano que lo hemos hecho. Y uno se pregunta ¿en dónde quedaron aquellas actitudes de bondad y sinceridad?, acaso ¿sepultadas junto con toda la tonga de juguetes que ya no utilizas? o ¿perdidas en las viejas fotos de tu infancia? Pues no, aun siguen ahí esperando que tú las despiertes, que te des la oportunidad de revivirlas.

Si aún sigues pensando que no puedes aprender nada de un niño, te estás negando la oportunidad de ponerle más sabor, energía y valor a tu vida, el niño es sólo el ejemplo de alguien que una vez fuiste, él no puede obligarte a nada, el cambio depende de ti. Te invito.

 

 

Faraón Miguel Mena Ruiz, nació en Mérida, Yucatán. Estudia la Licenciatura en Comunicación en la Universidad del Mayab. Le gusta el deporte, el cine, la poesía, la diversión y la tranquilidad. No le agradan las mentiras ni las malas vibras y cuando algo le incomoda lo dice. Escríbele tus comentarios a: [email protected]

 

Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab