Universidad Anáhuac Mayab

¿Para qué me ha servido la comunicación?

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 

Nos vemos aleteando 446 correos y procesos de oficina cada cierto periodo que los seres superiores contarían como segundos. ¡Eso es ser trabajador! -¡Qué buena comunicación tienen!- comentará alguno con pleno conocimiento de las observaciones objetivas, verificadas, sometidas a comprobación científica.

Como también hay zánganos, los superiores considerarían que en nuestra colmena terrestre no caben los holgazanes; ojalá no se equivoquen. Pero nosotros nos conocemos más que aquellos seres. Sabemos que traemos pleitos, hambre, envidias, desconfianzas. Por supuesto tampoco conocen nuestras bondades como raza superior, nuestro conocimiento de la tecnología, la ciencia, las artes y la medicina. Y es que hay algo que los seres superiores no saben: nos comunicamos de una forma misteriosa, tan fina, desapercibida para ellos, como para nosotros pasa inadvertida la comunicación entre las abejas.

No es casualidad que en las distintas etapas humanas, haya sido la comunicación la marca distintiva: las pinturas rupestres, los jeroglíficos, la escritura cuneiforme, el papiro, la imprenta, la radio, la televisión, la Internet. No es nada nuevo, sabemos que mientras más eficiente sea nuestra comunicación, más sincronizada estará nuestra vida como seres humanos. Nuestra cultura será cada vez más uniforme, nuestras costumbres y tradiciones; hasta nuestra historia se verá cada vez más unificada. A menos que nuestra comunicación sea siempre local, iremos conformando un colectivo social sincronizado, que es lo más seguro.

No es por nada, doy gracias a la comunicación, la que me enseñaron, la que aprendí, la que practiqué, la que me cambia día con día; no me puedo considerar el mismo, pues cada vez que aprendo algo nuevo, tengo una nueva premisa para aplicar a cientos de silogismos mentales ya obtenidos con anterioridad; dichos silogismos terminarán por cambiarme exponencialmente. ¡Gracias Aristóteles y Pitágoras! Por eso soy una constante de cambios cambiantes: ¿Qué se puede esperar de una colmena social formada de aleteos constantes? Por tanto he aprendido a comprenderme dentro de este entorno que, de no considerarse caótico, no tendría pies ni cabeza. Las abejas humanas hemos aprendido a acostumbrarnos a las sorpresas, nos gustan y nos alimentan; nuestra evolución no es otra cosa que nuestro cambio; nuestros sistemas comunicativos son tan complejos y tan simples que ya no distinguimos la diferencia entre unos y otros.
En esta complejidad los seres superiores no pueden adivinar nuestros misterios tan escondidos; ellos no saben que ese secreto es precisamente nuestro común colectivo. Tan buena es nuestra comunicación hoy en día, que hacemos metacomunicación con ella, tan compleja que nos permite distinguir sus deficiencias, tan extraña que los pequeños tardan varios años de escuela en comprenderla, tan hermosa que hacemos arte con ella, tan divertida que hacemos juegos de palabras, tan espiritual que sirve para establecer contacto con un ser superior o divino, tan sofisticada que la manifestamos en diversas lenguas, tan versátil que puede ser oral, escrita, pictórica o al gusto.
Aunque en verdad no sé si estoy agradecido con la comunicación o ella me está en deuda por lo que he perdido. ¿Realmente deseo que la comunicación sea cada vez mejor? ¿Realmente deseo que hagamos una colmena matemáticamente perfecta? ¿Me interesa participar en la construcción mundial, en la cultura nacional o en el interés regional? ¿A quiénes quiero imitar y a quiénes me quiero parecer? Desconozco mis propias respuestas, pues en verdad es muy difícil descifrar mis anhelos, como buena abeja, ya no me pregunto para qué, sólo me conformo con terminar el trabajo de hoy construyendo la gran colmena llamada Tierra, para que no me consideren un zángano. Produzco la miel que me corresponde y son otros que piensan por mi, ellos me comunican hacia dónde vamos, lo que deseamos, lo que debemos sentir y lo que debemos gastar, los colores para persuadir y los iconos a admirar, los chistes para reír. ¿Para eso quiero estar en comunión con los demás? ¿Para que mis parámetros sean los del conglomerado social?

No me asusta, aunque la comunicación es unificadora y socializadora, no me niego a ella, me agrada ser parte de un todo, me gusta tener la opción de conocer para después adquirir el privilegio de elegir. No me siento unificado, aunque parezca, al contrario, me encuentro único en esta diversidad que los seres superiores llaman igualdad. Al conocer al otro, encuentro la definición de mi yo, que está formado por muchos otros con quienes alguna vez me encontré. Hace feliz tener la capacidad de encontrar una parte de mi en los otros, eso significa que significo algo para ellos, y que ellos son iguales en ciertos aspectos a mi. Le debo a la comunicación la agradable sensación del encuentro social individual y grupal, con quienes comparto metas y objetivos primarios innatos como es la construcción de la colmena humana y con quienes me enriquezco con seis mil millones de mundos internos haciendo infinitas posibilidades de congelar el instante que estoy viviendo.

 


*El Maestro José Luis García Barcala es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la U.P.A.E.P. y Maestro en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la U.D.L.A. Investigador y sociólogo. Fue Director General del Semanario Mi Ciudad y Coordinador de Comunicación Social del Ayuntamiento de Puebla. Actualmente es Coordinador de Posgrados de la Escuela de Comunicación y Diseño en la Universidad del Mayab.

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