Universidad Anáhuac Mayab

El nacimiento del amor

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Presiento que naturaleza y aprendizaje se pusieron de acuerdo un día para generar un ser capaz de alcanzar niveles cada vez mayores de desarrollo hasta lograr su propia trascendencia. Las características de este ser -necesarias para lograr su perfeccionamiento- serían la inteligencia, la responsabilidad, la adhesión a la verdad y el valor. Un ser así habría de ocupar el lugar supremo de toda la creación dado que sus características lo colocarían ante la posibilidad de entender su historia, diseñar su presente y modelar sus sueños del futuro. A este nuevo ser le llamarían hombre.

La inteligencia llevaría a este hombre a conocerse y a generar conciencia de sí mismo y de su entorno. Con esta capacidad sería capaz de descubrir que su mundo no se restringía únicamente a lo que alcanzaba a observar, sino que se extendía en horizontes mucho más profundos sólo visibles a la luz de su razón y de su fe. La inteligencia lo haría inquieto y curioso para internarse en mundos cada vez más complejos en la búsqueda de respuestas a su cada vez mayor número de interrogantes.

La responsabilidad lo dotaría de la capacidad de ser ordenado y cumplido con sus metas, de tal manera que pudiera disciplinadamente progresar en el descubrimiento de los diversos horizontes de su existencia.

La adhesión a la verdad le permitiría conectarse con la realidad de una manera realista y le dispondría para ser honesto con respecto a sí mismo y a su entorno.

Finalmente, el valor le daría la fuerza suficiente para enfrentar los múltiples temores que le provocarían su desconcierto ante las dudas y le permitiría persistir en sus ideales pese a las dificultades que pudieran presentársele.

Naturaleza y aprendizaje estuvieron de acuerdo en que su nuevo ser podría cobrar vida con esta dotación de capacidades, con la finalidad de que avanzara en el camino que desembocaría en un hombre capaz de trascenderse a sí mismo cada día. Sin embargo, descubrieron un problema en su modelo. La naturaleza cumplía su parte con dotar al nuevo ser con algunos de los elementos necesarios, innatos, para lograr esa tan buscada trascendencia. El aprendizaje proporcionaría los medios para que el hombre desarrollara cada una de las capacidades impresas en su ser hasta hacerlas plenas. Pero…no podían hacer a un hombre disciplinado, ordenado, curioso, honesto y valeroso, capaz de trascenderse, si éste estaba solo, ya que las herramientas que se le estaban donando y las que iría adquiriendo, sólo podían manifestarse plenamente en relación con otros seres semejantes a él, con los cuales pudiera comunicarse y reflejarse, y hacia los cuales pudiera trascender.

Así que decidieron crear a otros hombres con los que el modelo inicial interactuaría. De este modo, los otros individuos serían el motivo para que el hombre desarrollara sus capacidades trascendentes. Sin embargo, había que generar algo que los uniera y que les permitiera comunicarse y apoyarse unos a otros para lograr su anhelada trascendencia. Entonces inventaron el amor.

El amor, desde entonces, se encuentra impreso en el alma humana y busca sus canales de desarrollo a través de las relaciones interpersonales. La inteligencia humana se topó con el amor y esto hizo que profundizara en el conocimiento para que pudiera descubrir quién era él y quién era el otro. La responsabilidad, ante el amor, no pudo menos que encaminarse para hacerse cargo del cuidado del otro. La verdad, frente al amor, se llenó de luz. El valor, ante el amor, descubrió el heroísmo. Naturaleza y aprendizaje, plenamente inspirados, decidieron algo más: dotarían de libertad al hombre para que fuera capaz, creativamente, de generar nuevas y poderosas formas de amar. Con esto le llamarían persona.

El amor, en pleno ejercicio en la persona libre, requirió entonces nuevos canales de perfeccionamiento para lograr la trascendencia. Para ello se transformó en diversos lenguajes que permitieron que el hombre se comunicara amorosamente con todo su entorno, no sólo el humano. Entonces aparecieron la ciencia, la tecnología y las artes. En cada contacto con su mundo, el hombre se perfeccionaba más y más y se acercaba a la experiencia del otro. Se aproximaba así, a su ser de persona.

Sin embargo, la libertad hizo que el hombre pudiera ir en contra de su naturaleza y aprendizaje, haciéndolo descender a niveles inferiores de desarrollo. Aún así, el amor permanecía cerca, esperando que el hombre decidiera volver en su búsqueda.

Algunos hombres volvieron; otros no. La naturaleza cumplió y sigue cumpliendo con su parte. El aprendizaje sigue generando ocasiones para que los hombres que no han vuelto hacia el amor, puedan recordar el acuerdo a que llegaron un día su naturaleza y su aprendizaje: que el hombre pudiera, mediante al amor, trascenderse a sí mismo en búsqueda del otro y transformarse en persona.

 

Mildred Elena Barrios Matos, Licenciada en Psicología y pasante de la Maestría en Filosofía por la Universidad del Mayab. Actualmente coordinadora del área de Humanidades de la Universidad del Mayab y psicoterapeuta clínica. Correo electrónico: [email protected]

 

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