Universidad Anáhuac Mayab

¿De qué trata el libro Tiempo de saber. Prensa y poder en México?

Publicado en: 19 de Junio de 2006

1. El objeto del libro es el ejercicio del periodismo en México. Es una lección de historia del periódico, de periodistas y de sucesos periódicos, en la primera parte se recupera el testimonio sobre el periódico Excélsior y su director; aquí se narra la forma como los gobernantes priístas echaron a Julio Scherer, en la década de los años 70 de su centro de trabajo.

El tono como lo presenta Scherer es breve y conciso, por ejemplo escribe: “Carlos Monsiváis da forma a un texto que va del siglo XIX a los días que vivimos. Por mi parte, narro un suceso” [1] . En cambio, no es la misma tonalidad expuesta en la forma como se describe la relación entre “prensa y poder” a través de dos siglos mexicanos que en forma de crónica narra Monsiváis.

Así pues, esta breve historia de la prensa presenta el binomio en su doble función, informar y gobernar, ambas actividades que a través del tiempo se han vuelto ríspidas, controversiales, sometidas a la revisión de los cánones de la historia.

El conflicto existente entre la actividad tanto del gobernante como del periodista es un tema muy viejo en México. Tan es así que atraviesa los siglos XIX, XX y continúa en el presente.

Revisar este conflicto desde el caso particular y continuar con una sucesión en forma cronológica, aporta no sólo una parte de la historia del periodismo mexicano sino que propone una forma de conciencia sobre lo que podemos llamar el nivel de calidad en esta región de América.

En sí Scherer, en este escrito, transita de la sobriedad a la denuncia de hechos, muchos de éstos ya conocidos en el medio periodístico y también, quizá, en algunos círculos políticos; pero con esto se constata tal como ocurrieron en su momento. Como se sabe, el “caso Excélsior” rebasó todo género de especulación en la vida pública mexicana, por eso, en la aportación de los datos se hace manifiesta la “manipulación” de los medios desde las esferas del gobierno.

Es una constatación fehaciente de que fue “el trío Díaz Ordaz, Echeverría y Moya (Palencia)” [2] , quienes minaron la vida interna del diario porque les fue incómodo para sus proyectos de gobierno.

Con semblanza de matices claroscuros y con la certeza de haber sido atrapado en un juego de poder desigual, Scherer y su interlocutor coinciden en que el interés consistió en destruir la obra periodística colectiva de Excélsior, ambos coinciden en que la acción fue preparada desde el lado más oscuro del círculo gubernamental.

Así actúa el gobernante en turno contra la crítica social que no oculta ni hace juego a sus mensajes de opresión, ni a los de muerte que comporta su accionar contra la población, como fue el caso del año 1968; a pesar de que gran parte de la prensa dócil trató de presentar la imagen del “buen gobierno”.

Precisamente porque Scherer y colaboradores no dejaron pasar nada anómalo, ni discordias internas, ni desánimo por los golpes recibidos, ni la calumnia vil doblegó la voz de la denuncia contra el sátrapa y sus lacayos en actos vergonzantes cometidos en agravio de las instituciones, la población y los comunicadores de entonces.

El valor del diálogo está en la revelación de los hechos tal como ocurrieron durante el acoso; y también por la forma como se utilizó el libelo para envenenar el medio laboral; aunque se sabe que ambas son maneras, de las muchas, que el poder utiliza para manifestar su intolerancia y tratar de someter a los críticos e incómodos a su acción de poder inescrupuloso.

El libro Tiempo de Saber. Prensa y poder en México habla, entonces, de esa contradicción entre el abuso de poder y el discurso crítico que necesariamente se da en el ethos social. Por incompatibles no se pueden generar ilusiones en la sociedad domeñada por la excesiva concentración de poder en unas cuantas manos; aún más, sin transparencia, o falta de claridad en las acciones, éstas muestran las formas ocultas de la política e impiden una relación sana entre la prensa crítica y la acción abusiva de los gobiernos.


2. Por otra parte, Carlos Monsiváis explica la relación entre “prensa y poder en México”, el suyo es un amplio relato de la sociedad moderna, en él se detalla por períodos la manera cómo la falsedad de los gobernantes es reproducida y halagada por algunos segmentos de la prensa escrita, casi siempre la mayoría.

 

3. En el apartado titulado: “Señor Presidente, ¿a usted no le da vergüenza su grandeza? (La prensa y los poderes)”, documenta cómo en los momentos de mayor abyección social surgen plumas listas, incorruptibles, imperdonables. Los periodistas críticos del poder, por lo menos esos son sus afanes, emergen contra la impunidad, el doble discurso, contra los falsarios, a pesar de la mayoritaria presencia del alabancero.

La prensa escrita al igual que el país, tiene sus momentos estelares con el surgimiento del Siglo XIX y sus avatares de la construcción de la Nación. En este proceso el medio escrito es político por definición, responde al interés del político ilustrado, del príncipe letrado pues su mando y poder residió en el manejo de la letra impresa, así como ésta lleva integrada la capacidad discursiva para la vida en sociedad.

La prensa genera las formas del registro público de la sociedad. Propicia el discurso público, reproduce a gran escala el discurso del poder, el de la cosa pública, el de la política.

Para Carlos Monsiváis “la prensa es el espejo complaciente o, en el mejor de los casos, la pesadilla recurrente de los poderes” [3] . Este espejo sirve para vulgarizar las virtudes y defectos de los mexicanos por eso el autor recorre de manera sistemática la vida de los impresos periódicos desde el inicio, fijado en el proceso de la Independencia Nacional y lo desarrolla con la rigurosidad que requiere una cronología de su relación con el poder hasta nuestros días, así registra puntualmente la vida social en los diferentes gobiernos que han participado en la formación de este país.

La cronología empieza con la cita obligada de J.J. Fernández de Lizardi respecto a su obstinada crítica contra el poder establecido. Con él se inicia y avanza esta postura o conducta en la prensa decimonónica tanto en republicanos como en monarquistas en sus respectivas luchas por el control de la conciencia de los mexicanos. En este proceso surgen protagonistas de la historia como A. López de Santa Anna y Francisco Zarco, quienes establecen claramente esa diferencia entre gobernar e informar – opinar.

En el texto se citan más ejemplos, lo mismo B. Juárez que Maximiliano de Habsburgo, junto a sus figuras se emparejan las imprescindibles de la prensa como Ignacio Cumplido y Guillermo Prieto quienes gestan la prensa de tendencia.

Tampoco se deja de pasar revista a etapas como la protagonizada por Porfirio Díaz; mucho menos a la de la Revolución Mexicana. De esta última, destacados actores políticos se vuelven intolerantes con la prensa, lo mismo V. Carranza que A. Obregón y P. E. Calles, quienes intentaron disminuir esta libertad porque les irritaron los acerbos comentarios publicados en su contra por los medios de la época.

Esta historiografía de la relación de la prensa con el poder presenta un salto conceptual, ocurre cuando se introduce el término político “presidencialismo” para connotar otra forma de convivencia, también sirve para acotar décadas que ocurren entre 1940 y 1968, así lo marca Carlos Monsiváis. Este proceso histórico – político se caracteriza por el monopolio del poder en manos del Presidente en turno. Una forma de centralización de las decisiones.

Esta era se caracteriza por la manipulación de la prensa por el poder institucionalizado. Así, en este tiempo surgen los lavacaras, los adulones del gobernante, de ellos se vale para construir su imagen en el seno de la sociedad. Este período inicia con la presidencia de M. Ávila Camacho y termina con la de Gustavo Díaz Ordaz. A la consolidación del presidencialismo contribuye la etapa del partido único, el PRI. El cual convive con una prensa dócil por más de treinta años; solamente los acontecimientos de 1968 sacudieron algunos de sus medios.

Sin embargo, a los impresos habría que agregar que otros medios entonces alcanzaron importancia en la construcción de la imagen de los gobernantes, en particular el crecimiento de la TV y la radio como impulsores de nuevas formas de imagen pública.

Antes, con Miguel Alemán la prensa es introductora de innovaciones en la relación con el poder, vende espacios para la promoción publicitaria del gobernante, se inicia la etapa del culto a la personalidad e inicia al mismo tiempo la etapa de la adulación desmedida y el pago a cambio consiste en los apoyos del gobernante a los periodistas.

Pero también, se inicia el ciclo del bandolerismo y el pillaje contra los opositores; pero sobre todo contra los periódicos y periodistas críticos; sin embargo muchos diaristas entran al juego, así se gesta el cinismo entre la mayoría de los miembros del gremio.

Esta desvaloración de la actividad periodística tiene como consecuencia el relajamiento de la ética periodística, la moral decae y los criterios que las sustituyen son de orden pragmático. Aún más, al cinismo ha de agregarse la censura y la autocensura como parte de ese juego, y como remate entra en acción el embute entre el poder y la prensa, con sus características formas de control gubernamental.

El embute refiere Monsiváis es una figura singular del periodismo moderno en México, a lo que habrá de agregarse que es la sin razón del cinismo de quienes lo practican porque con él se dejan seducir por el poderoso, también es la forma de adherirse a la nómina oculta del poder oficial; por paradójico que resulte para muchos miembros del gremio periodístico es el único medio de relación con el gobierno en turno.

Mención aparte merece en el libro lo que el autor titula “la era Salinista” como la etapa donde los periodistas tienen más bajas físicas, sea por su lucha contra la ilegitimidad del poder, sea por la presencia cada vez mayor del hampa organizada, pero bajas al fin. En este período varios hechos son relevantes en la historia de México, el levantamiento zapatista, los asesinatos de políticos priístas, y el tratado de libre comercio con Estados Unidos de Norteamérica y Canadá acapararon la atención de la prensa y los medios en general.

Tampoco deja pasar la actitud del actual Presidente, V. Fox quien excluye la lectura de la prensa escrita cotidiana, la mantiene fuera de su entorno de gobierno.

Nada ha escapado a la observación escrupulosa de los medios impresos, lo mismo en el siglo XIX como en los avatares del XX y en los inicios de la tercera centuria de autonomía nacional, persiste como lo sugieren Monsiváis y Scherer en este libro.

[1] P. 9

[2] p. 14

[3] p.101

 

 

Roberto Sánchez Rivera

Investigador titular en el área de Hemerografía del Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Se ha formado en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde es doctorante en Ciencias Políticas; también es maestro en Ciencias de la Comunicación, licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva, y profesor de educación primaria. Es responsable de los proyectos Sistematización de Prensa Metropolitana. Nuevas Expresiones de Cultura Política en México, y de las Biobibliografías de Escritores del Estado de Hidalgo. Coordina los trabajos del Seminario de Cultura Política Mexicana, adscrito al primero de los proyectos.
Es formador de bases de datos y ha publicado varios libros sobre comunicación y política; ha participado en obras colectivas del Instituto, es ensayista en diferentes medios académicos y de divulgación general y articulista de las revistas Metapolítica, Dossier político y Perspectivas políticas. Ha colaborado con las revistas Forum, MIRA, La Opción de Michoacán y el periódico electrónico Mexis, además de haber sido editorialista del periódico El Universal. También es consultor en análisis de información política y medios, así como miembro del Consejo Editorial de la revista Metapolítica, y miembro de la mesa de redacción de Dossier político.
Ha ejercido la docencia en la UNAM desde el año de 1973 a la fecha, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, como profesor de asignatura en la materia de Estado, Sistema y Poder Político, e imparte Seminario de Tesis I y II en la carrera de Ciencias de la Comunicación. E-mail: sanchezr@biblional.bibliog.unam.mx
 

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