Universidad Anáhuac Mayab

La estirpe germinal

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Los seres vivos se suceden unos a otros, de padres a hijos o de predecesores a sucesores, según consideremos su naturaleza vegetal, animal o humana. No puede decirse que en los seres inertes existan padres o hijos, o que una roca menor sea sucesora de una roca mayor de la cual se fragmentó. Esta sucesión de generaciones, presente en todos los seres vivos, sean sencillos o complejos, antiguos o modernos, lleva a preguntarse lo que la vida es, cómo se la reconoce, cuales son sus características, cómo se adquiere o cómo se pierde, o cuál es su propósito.

Una de estas preguntas es especialmente interesante: ¿Cómo se transmite la vida del progenitor a la descendencia? La primera cuestión por responder es el número de progenitores necesarios para tener descendencia. En muchos casos basta un progenitor para conservar la especie; como es el caso de las bacterias, las cuales se dividen en dos bacterias hijas. Este proceso es eficiente en cuanto es rápido y prolífico, pero tiene la desventaja evolutiva que toda la descendencia es igual al progenitor. Las especies que se reproducen de esta manera poseen mecanismos que les permiten tener cierta variabilidad genética que les haga tolerar cambios ambientales, pero más a menudo dependen de su número o de su resistencia para sobreponerse a los retos de la Naturaleza.

Puede que varios progenitores, sean dos, tres o más, contribuyan a la formación de nuevos seres. Esta es la reproducción sexual. Con ello se obtiene mayor variación genética dentro de los límites de la especie, lo cual permite mayores oportunidades de sobrevivir a los peligros del ambiente. El número más eficiente de progenitores lo ofrece la propia Naturaleza; pues si bien existen especies con tres o mas progenitores que contribuyen a formar nuevos descendientes, son muy escasas; la abrumadora mayoría de las especies con más de un progenitor se limitan a dos. Se plantea otra cuestión: ¿Cómo se logra que estos progenitores pasen la vida a nuevos seres?

Aquí debe plantearse otro problema. El ser más pequeño con vida propia es la célula, de la cual se reconocen dos tipos: eucariotas y procariotas. Los procariotas y muchos eucariotas forman organismos unicelulares, y ellos se bastan para reproducirse, esto es, un solo progenitor da origen a la descendencia.

Por otra parte, muchas de las células eucariotas forman parte de organismos multicelulares, que pueden imaginarse como una colonia de células con funciones diversas, como los obreros y labradores de una colonia humana. Considérese un animal que se mueve pues tiene células que le permiten desplazarse, que come y digiere gracias a otras células, que permanece de pie con cierta forma debido a un tercer grupo de células, y así para cada función que el animal pueda desempeñar. A ello debe agregarse que el animal puede correr y huir o defenderse de un depredador. Visto así, esta colonia de células que llamamos animal puede sobrevivir y adaptarse a los peligros y retos del ambiente.

Tenemos entonces dos consideraciones. Primero, que los seres con dos progenitores pueden adaptarse mejor al ambiente y tener con ello mas oportunidades de sobrevivir, por esto su número es menor que el de los seres asexuados unicelulares. Segundo, que estos seres son organismos multicelulares con células especializadas que en muchas ocasiones no pueden dividirse, y si lo hacen dan origen a nuevas células especializadas como las progenitoras.

¿Cómo se consigue que estos seres multicelulares se unan y tengan descendencia? La respuesta está en la presencia de una estirpe celular especializada en formar nuevos seres multicelulares. Esta estirpe celular es capaz de diferenciarse en todos los tipos posibles de células. Es la estirpe germinal.

Si enfocamos esta reflexión a los seres humanos, consideremos que un hombre o una mujer tienen muchas células, órganos y sistemas, todos con diversas y variadas funciones. Pero solo el sistema reproductor contribuye a formar un nuevo ser. En cada sistema reproductor masculino o femenino sólo las gónadas (testículos y ovarios) pueden lograr la nueva vida, y en estos órganos sólo las células germinales realmente hacen al nuevo hombre o mujer. Las células germinales forman dos grandes familias con numerosos tipos, pero puede simplificarse este punto si reducimos cada familia a su representante más conocido: el espermatozoide en los varones, y el óvulo en las mujeres.

Podemos entonces plantear la cuestión de esta manera: cada ser humano se origina de la unión de dos progenitores, un hombre y una mujer. Pero en sentido estricto, surge de la unión de dos células, un espermatozoide y un óvulo. Ninguna otra célula puede hacer esto, al menos no en circunstancias normales. La manipulación de las células ha llevado a formar nuevos seres a partir de células no germinales, pero esto es producto de la tecnología y el desarrollo de la ciencia.

¿Por que sólo las células de la línea germinal tienen esta capacidad? ¿Dónde radica su poder, o su misterio? Pueden plantearse numerosas consideraciones sobre el valor de la vida comunal dedicada al servicio de los demás, como hacen las células especializadas, o sobre la importancia de la especialización misma que lleva a tomar formas o situarse en posiciones muy definidas con un destino preciso; pero estas consideraciones son visiones antropocéntricas de un desarrollo biológico que hasta donde conocemos se ha dado por necesidad, por la obligación de sobrevivir en un ambiente hostil, el del mundo en que vivimos.

La vida tiene mucho de misteriosa. Su complejidad permite estudiarla desde diferentes puntos de vista humanístico o científico, y su importancia social y emocional complica la evaluación de su naturaleza. Las definiciones aportadas por genetistas, humanistas, bioquímicos, religiosos, físicos, fisiólogos y otros muchos estudiosos aportan claridad en un aspecto particular de lo que la vida es, pero no descubren la totalidad de su significado. Así, la maravilla del desarrollo de una persona humana, en la cual reconocemos cuerpo, mente y espíritu, y muchas otras propiedades o características, todo ello a partir de una sola célula, lleva a plantearse de dónde provienen ese cuerpo, esa mente, ese espíritu cuyo total nos hace ser lo que somos.

La ciencia permite comprender cómo se desarrolla el cuerpo humano, aunque aún no lo consigue explicar del todo. El desarrollo de la mente ya se comprende en parte; pero no se ha podido conocer su origen o su propósito. Sabemos que en cada célula está una copia con toda la información para formar un nuevo ser, pero sólo las células germinales pueden hacerlo. Quizá sea el citoplasma de la célula germinal el que tenga alguna sustancia o las condiciones que le permitan a esta célula y sólo a ella formar una nueva persona.

Cada persona es por sí misma una maravilla. Es producto de la unión de dos seres que aportaron dos células, las cuales deben sortear numerosos riesgos para llegar al sitio de reunión y más tarde librar graves dificultades para proliferar, organizarse y reunirse en estructuras más complejas hasta lograr lo que somos. Es interesante que en la vida real el hombre es consciente de su historia, sus compromisos, sus deseos y memorias, pero pocas personas son conscientes de su origen. ¿Ayudaría a los que se subestiman, a los que se tienen en poco, a los tímidos, saber que cada uno de nosotros es es único y maravilloso por el solo hecho de estar vivo? ¿Dará más sentido a la vida el sentirse especial, no sólo por lo que le dio origen sino por su propia capacidad de tener descendencia? ¿Nos obliga a nuevas responsabilidades el sabernos capaces de formar nuevos seres porque tenemos ciertos órganos o células que deben protegerse y cuidarse pues sólo con ellas se puede perpetuar nuestra especie?

La utilización de agentes químicos en la industria o la agricultura; la exposición a radiaciones, calor o agentes infecciosos, la edad avanzada, todos son factores que afectan a la estirpe germinal. La fertilidad puede quedar afectada, o peor aún, pueden surgir errores en la información que se guarda en las células germinales; y en cualquier caso el efecto es el mismo: Nuestra especie será menos apropiada para sobrevivir.

La vida de cada persona está llena de retos y preocupaciones, de oportunidades y cuidados. Una de las tareas es preservarse como persona y cuidar de los que nos precedieron y de los que seguirán. El conocimiento de los procesos que permite esta continuidad de la vida nos permitirá cumplir con esta tarea de la mejor forma posible.

Al comenzar estas reflexiones se propuso pensar en un río lleno de formas cambiantes. Si imaginamos a ese río como la vida, del cual ignoramos sus fuentes, su curso y desembocadura, lleno de peligros y riesgos, sabremos que esas formas somos nosotros, todos los seres vivos que nos sucedemos en un gran continuo de cambios. El río cambia sus aguas pero está allí como río, las formas que viven en él desaparecen pero otras llegan y así, siempre hay formas. Quizá podamos decir que el mejor rasgo que define la vida es la necesidad de ser.

Nuestra ignorancia de los orígenes y destino de la vida no hace más que acicatear nuestra humana curiosidad por saber, nuestra necesidad de tener explicaciones, lo cual complica nuestro entendimiento de lo que la vida es. No debemos renunciar a la búsqueda del conocimiento, ni a detenernos un tiempo a contemplar serenamente lo que somos: seres vivos, maravillosamente vivos.

 

 

 

Gilberto Medina es patólogo dedicado al estudio de la morfología humana anormal y su aplicación al diagnóstico.

 

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