Universidad Anáhuac Mayab

El valor de la comunicación

Publicado en: 19 de Junio de 2006

¿Entendieron muchachos? –Expresa el profesor—

Esta la clásica pregunta que los profesores acostumbramos mencionar después de haber expuesto algún tema de nuestra asignatura en turno. La realidad me indica (al menos en mi campo de trabajo) que son muy contados los estudiantes que alzan la mano para expresar sus observaciones, comentarios o dudas sobre el tema visto ya que la mayoría prefiere quedarse callado.

¡Muy bien muchachos, no habiendo ninguna duda continuamos en la siguiente clase! –Expresa el profesor, recogiendo de inmediato sus útiles y saliendo del aula debido a que tiene prisa por llegar a otro salón u otro compromiso en otra escuela—.

Y.. ¿cómo te fue hoy en tus clases? –Pregunta un colega—.

…D e maravilla, al parecer los alumnos me entendieron a la primera lo que les expliqué –menciona el docente con orgullo—.

Llegado la hora de la verdad, -la hora de las evaluaciones- resulta que los alumnos miran por todos lados intentando recordar los conceptos, definiciones y procedimientos que se memorizaron de los libros o de los apuntes que lograron copiar de la pizarra. La hora crítica, es cuando el profesor empieza a calificar y se da cuenta que varios de sus alumnos están completamente desviados de los temas. Obviamente, los alumnos salen reprobados o con una baja calificación y sólo logran salvarse aquellos que memorizaron al pie de la letra los conceptos, o bien, por tener la clave bajo la manga. Debido a este incidente, el profesor tiende a tener una reacción negativa hacia los estudiantes echándoles la culpa, de que son unos flojos, que son vagos, no estudian, etc.

Entonces, ¿Qué fue lo que realmente pasó? La verdad, es que existieron varios factores que originaron este resultado, los cuales se engloban en una sola palabra: comunicación.

La comunicación involucra el acercamiento de dos o más personas con la intención de compartir y recibir información. En el diálogo, la palabra compartir puede ser sinónimo de hablar, y la palabra recibir sinónimo de escuchar. Tomando en cuenta lo anterior, es necesario que en las aulas exista la comunicación en todo el sentido de la palabra.

Los profesores imitamos muchas veces a los instructores que participaron en la nuestra formación a lo largo de nuestra carrera, procurando adoptar sus métodos de enseñanza, de evaluación e inclusive en algunas actitudes que tomaron cuando nosotros fuimos estudiantes. Esta imitación nos limita a ser nosotros mismos y creemos que lo que hacemos es lo correcto. Esta creencia no siempre es acertada debido a que muchas veces nos topamos con profesores mecanicistas que sólo entran al salón, hablan del tema y luego se van. ¿Existe comunicación en este tipo de enseñanza? Por supuesto que no, ya habíamos aclarado que la comunicación es el proceso de compartir y recibir, y es bien claro que este tipo de docente se limita a decir y a decir y a decir, sin causar ningún impacto en sus alumnos debido a que no existe ninguna motivación para que los estudiantes reflexionen en los contenidos. La comunicación no solo consiste en hablar, sino también en saber transmitir las ideas adecuadas y saber escuchar. Es notorio que faltó un ingrediente esencial para que fluyera adecuadamente la información que se pretende transmitir: es imprescindible saber escuchar.

¿Pero cómo?, ¡por supuesto que sé escuchar! –Pensamos muchas veces-

La mayoría de las personas creen saber escuchar y aparenta ser tan sencillo aunque en el escenario mismo nos resulta ser una tarea difícil. Esto se debe a que el saber escuchar no sólo es la combinación de sonidos que pasan por nuestros tímpanos sino que también involucra otros factores como lo son: el mantener la atención, el contacto visual, el discernimiento, la detección de expresiones no verbales, la formulación de preguntas adecuadas, dar respuestas apropiadas y saber cuando y con que actitud guardar silencio. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.

¡Tantos elementos para lograr la comunicación adecuada!

A los alumnos tal vez ni les interese el tema del cual les estás hablando, pero si les interesa que nosotros los escuchemos. El profesor que está interesado por sus alumnos, buscará la mejor forma para transmitirles sus conocimientos, y parte de este éxito es saber escucharlos, ya que saber escuchar es saber comunicarse.

El estudiante se queja diciendo que tiene mala memoria cuando en verdad el problema es que no saben escuchar. Si bien un buen número de alumnos traen malos hábitos para escuchar, nosotros los profesores poseemos peores hábitos que causa una barrera en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Creemos que nuestros educandos captan todo lo que explicamos porque pensamos que lo estamos explicando con claridad y para nosotros suena algo lógico.

Algunas veces cometemos el grave error de interrumpir al alumno que nos hace alguna pregunta; procurando completar las frases o simplemente no dando la importancia debida de lo que se nos cuestiona.

Aquel profesor que piense que las palabras son los únicos protagonistas de la comunicación, está completamente equivocado, también es necesario considerar las posiciones corporales (expresiones faciales, gestos, ropa), la voz (volumen y velocidad, inflexiones, énfasis) y las actitudes que tienen más valor que las propias palabras

La formulación adecuada de preguntas y el estar atentos de escuchar oportunamente las necesidades de nuestros estudiantes, puede permitir acercarnos a ellos y romper con las barreras que se establecen por causa de la desconfianza y el temor a ser rechazados.

Si nosotros los profesores comprendemos la importancia de la comunicación en las aulas, estaremos listos a buscar el momento justo para llevar a nuestros alumnos a la comprensión de los contenidos a través de la comunicación y de la confianza.

El educador mediocre habla.

El buen educador explica.

El educador superior demuestra.

El gran educador inspira.

 

Ing. Marcos Gesiel Jiménez Villacís

 

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