Universidad Anáhuac Mayab

El Bien y el Mal: Una mirada al Mundo de Hoy

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 uisiera hablar de este tema por la importancia que revierte en este mundo convulsionado, en donde la imposición de las ideologías dominantes está destruyendo a la humanidad; ese fundamentalismo que nos afecta a todos, que ha dividido al mundo y que puede provocar que el siglo XXI, lejos de ser una expectativa de desarrollo, navegue sobre un mar de intolerancia y anarquía, con la posibilidad, al no ser ético, de no ser.

El fundamentalismo se manifiesta como una intransigencia frente a la opinión, modo de vida o cultura de los demás. El fundamentalista no razona, no evalúa, no dialoga. Su método exige consistencia con su verdad y simplicidad. La forma más común de fundamentalismo es el religioso.

Pero ¿cuál es la verdad, quién realmente profesa el bien?

Si la destrucción del Centro de Comercio Mundial y el ataque al Pentágono son, sin lugar a dudas, hechos condenables, los criterios de esa condena son los mismos que se deben aplicar a la hora de juzgar la Guerra del Golfo, La Guerra contra Irak, el conflicto de los Balcanes y todo tipo de intervención militar en nombre de la justicia, la libertad y la verdad.

Buenos y malos, los actores cambian de rol intempestivamente, los héroes que ayer fueron condecorados, hoy son los villanos de moda. Ya nadie sabe quién es quién; el humo de las explosiones forma parte de una enorme cortina de humo que no nos deja ver. Atacamos antes de preguntar, no nos damos cuenta de que la violencia es como un espiral que a su vez engendra violencia y genera confusión, miedo, dolor, intolerancia, locura y, sobretodo, odio.

Pienso que el Islam ha impactado al mundo, pues nos presenta la otra cara de la moneda, la otra cara del Bien. Es la oposición a nuestra verdad, en donde se encuentra la verdad que mueve a la otra mitad del mundo, en la que tantos millones de personas creen, esperan y por la que han decidido entregar la vida.

Ahí se encuentran los que a los ojos de nuestra visión occidental son los enemigos más grandes de la humanidad: el terrorismo y la injusticia, encarnados en dos figuras como Sadam Hussein y Osama Bin Laden. Esto, sin embargo, no quiere decir que su verdad sea mala ; debemos recordar que fueron las atrocidades cometidas por los occidentales, especialmente Estados Unidos en Medio Oriente, las que en gran medida desataron la Guerra Santa muchos grupos radicales en nombre de Alá.

Basándonos en esto, decimos que su Dios es un Dios de muerte, pero la Guerra Santa no es culpa de Alá; Alá es inocente de los crímenes que se cometen en su nombre. Después de todo no fue Dios quien ordenó el holocausto nazi sobre los fieles de Jehová, ni Jehová quien mandó a expulsar a los palestinos de su tierra. Dios, Jehová, Alá, tres nombres distintos para un mismo Dios.

Por la complejidad de este tema es necesario abordarlo desde todas las aristas posibles. Creo firmemente que sólo el entendimiento de todas las ideologías, principalmente del Islam, pueden darnos una visión objetiva sobre lo que entendemos por Bien y Mal.

¿Pero, qué hay detrás de todos estos fieles que siguen ciegamente el Islam y que están dispuestos a perder su vida y terminar con la de los otros por él? Sólo lo podremos saber haciendo un estudio profundo de esta perspectiva.

La religión es la mejor manera de entrar en la comprensión del mundo árabe, pues el Islam muestra poderosas estructuras visibles de creencias, a la vez que es un arma política. Desde su nacimiento se ha presentado con mucha energía, solidez y capacidad de unir a sus seguidores, habla a los corazones de millones de personas en los que inculca principios entre los que destacan el temor de Dios y los deseos de conducta honrada; propone, en general, una fuerza orientada hacia el bien.

El Islam es al mismo tiempo religión, sociedad y política; a diferencia de otras religiones a las que su nombre se les fue impuesto desde afuera, Islam, que significa sumisión a Dios, es el nombre con el que los mismos musulmanes designan su propia creencia, piensan que Dios mismo denominó así a esta religión monoteísta que predicó Mahoma. Para ellos su religión es la culminación de las revelaciones dadas a los hebreos y cristianos de la antigüedad. En nuestros días el Islam es la segunda religión más practicada en el mundo.

Bajo la frase: “No hay más Dios que Alá; Mahoma es el mensajero de Alá”. El Islam enseña que el hombre tiene un alma que pasa a un más allá y que según el Corán puede tener diferentes destinos. Basándose en las cinco columnas de la fe: Un sólo Dios, Alá; los ángeles; los profetas, pero un solo mensaje sellado por Alá; el día del juicio, y por último la omnisciencia y presencia de Dios, que respeta la dignidad del hombre.

En la mezquita, el lugar de adoración musulmán, no sólo se hace oración, sino también estudios, actividades legales y judiciales, consulta, predicación, educación y preparación; es el centro de la sociedad musulmana.

Los musulmanes cuentan con cinco obligaciones, en primer lugar, repetir el credo: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”; en segundo, orar hacia la Meca cinco veces al día; luego, la caridad, dar cierto porcentaje de los ingresos; el ayuno, especialmente en el mes del Ramadán, y por último, la peregrinación, la cual se hace una vez en la vida a la Meca.

Como dije anteriormente, el Islam es a la vez política y religión, sin posibilidad de separarlas, lo cual nos lleva a la idea de un Estado islámico, en el que a todos los particulares se les aplique la ley civil inspirada en el Corán; el Islam tiene una omnipresencia en la vida, en todos lados se predica y canta el Corán, tiene una gran influencia sobre las costumbres, aquí es donde encontramos su principal característica y fuerza, pues penetra incluso en las cosas mínimas.

Uno de los conceptos más conocidos del Islam es el de ‘Guerra Santa', que no es una traducción exacta, el término árabe Jihâd significa “el esfuerzo que persigue un fin”, estos fines pueden ser variados, uno puede saber interpretar el Corán, otro el esfuerzo por el perfeccionamiento temporal, en la lucha por lo que les impide llegar a Dios, lucha con sus pecados y vicios, y en último término puede ser la lucha exterior contra aquellos pueblos que impiden la vida del Islam, fin que es el más popularizado en nuestros días.

Pero hasta aquí no entendemos el por qué de la fuerte rivalidad entre Oriente y Occidente y viendo las cosas más profundamente, pienso que esto se debe en parte al odio que siente el débil hacia el dominador, que equivale al menosprecio que siente el fuerte hacia el débil. Todo esto se debe a que los musulmanes sienten su seguridad comprometida frente a Occidente, pues cuando éste da un paso hacia delante espera que todas las demás culturas lo sigan y los musulmanes ven su “exigencia de diálogo” como una forma de colonialismo cultural y se niegan a ceder ante ellos y perder paulatinamente sus costumbres y autenticidad.

Por esto, la dominación occidental, la globalización, son un atentado directo contra el Dios musulmán, pues niega su capacidad de liberarlos y sacarlos de su decadencia; es un atentado contra la verdad musulmana, por lo que alejar la cultura occidental vendría siendo algo así como un deber religioso.

El atacar ciegamente y a cualquiera, no es algo representativo del Islam, mas el terrorismo no es totalmente extraño a él; el terrorismo islámico, o mejor dicho, la violencia islámica tiene sus orígenes en el Islam y en la Sunna , donde se encuentran las prácticas del profeta. Los textos coránicos favorables a la violencia son numerosísimos, sobrepasan en número por mucho a los no violentos, que pertenecen a una época más antigua.

De hecho podríamos decir que, en casos definidos por el Corán, la guerra es una obligación de todo musulmán. En el Corán hay un principio de guerra, pero con reglas, no en cualquier momento, ni con cualquier persona, mas sí cuando hay que defender los derechos de Dios.

El pueblo árabe ha recorrido un gran camino en busca de su identidad, ésta no es una esencia, existe. Es el nudo donde se encuentran muchos factores pasados y presentes, cambia y se transforma; la identidad de los hombres se crea dentro de un grupo específico, en unas condiciones sociales e históricas precisas; es una forma de definirse en relación con los demás.

El proceso de identificación refleja de qué manera los individuos, expuestos a muchas posibilidades de asociación, se determinan en relación con otros. Cabe destacar que todos pertenecemos a muchas identidades y esto es lo que nos enriquece como seres sociales y a nuestras sociedades. Nuestras identidades no se hacen activas si no hasta que establecemos prioridades y estas cambian en relación a los valores dominantes de una civilización y época determinadas, el dichoso “efecto mariposa”, todo nos afecta de una manera u otra.

Hoy en día para el mundo musulmán, el Islam es la forma de identidad dominante. El islamismo quiere ser la identidad de los que no tienen identidad, es la ideología de la modernidad contracorriente, en la cual el excluido quiere sentirse mejor excluyendo al excluyente. El discurso islamista tiene como bases: la oposición a las élites de poder ‘corrompidas', a su aliado y señor occidental, y al laicismo, fuente ideológica inmoral de la coalición del mal.

Conociendo todo esto, es importante hacer énfasis en el lugar o la fuente de donde los musulmanes adquieren estas ideas y conocimientos tan arraigados, las escuelas coránicas, en donde se siembran las semillas de identidad religiosa en la vida musulmana.

Para la mayoría de las personas el tener creencias religiosas o ser incrédulo, depende de la atmósfera en que son educados. Conociendo esto podemos entender que los niños musulmanes crecen en un ambiente religioso, en el que las acciones de sus padres y hermanos son totalmente regidas y enfocadas a sus obligaciones religiosas y a su seguimiento del Corán, su formación desde sus primeros años es enfocada a la religión.

Para continuar su formación religiosa y afianzar sus conocimientos es esta área, los niños asisten a las escuelas coránicas a partir de los cinco años y la dejan tan pronto como son lo suficiente mayores para trabajar en el campo, esto se da como a los 15 ó 16 años, cuando los que son particularmente inteligentes se quedan a aprenderse todo el Corán.

Estas escuelas son la base de la enseñanza, en ellas los niños aprenden los versos más significativos del Corán, pero muy raras veces entienden su significado. No se les enseña aritmética, pues se considera más importante que los niños sepan cómo hacer abluciones y rezar, que leer, escribir o contar. Los musulmanes no confían mucho en las escuelas modernas para sus hijos, pues además de que el conocimiento que imparten no les es muy conocido, los gastos que éstas implican superan sus posibilidades. A esto se debe que la mayoría de las poblaciones de las provincias sea analfabeta y sus únicos conocimientos sean religiosos.

Las ciencias les son impartidas en un período de profundización, en el que los maestros pasan sus conocimientos a un grupo reducido de alumnos, a los que acreditan con un certificado escrito. Se hace de este modo para evitar la influencia occidental, pues a pesar de que se basan en los avances de Occidente para explicar las ciencias, buscan evitar lo más posibles enseñar a sus jóvenes las filosofías provenientes de este lado del mundo, pues afirman que vienen de un materialismo totalmente anti-religioso y que provocará en ellos una pérdida de interés y de fe en sus conocimientos religiosos y su seguimiento del Corán.

Mucha gente cree que es a causa de su religiosidad que los países árabes están en decadencia, pero esta es una postura errónea, pues la historia nos demuestra que ninguna religión ha estimulado tanto el avance científico como el Islam; éste nunca ha sido una barrera a la ciencia y el progreso, y tiene como primordiales las actividades intelectuales del hombre y su razón. Fue la negligencia musulmana y no una deficiencia en las enseñanzas del Islam lo que ha ocasionado su decadencia actual.

La cosa se complica en la educación, puesto que existen a su vez otro tipo de escuelas, llamadas jihadi, en las que se educa a los jóvenes musulmanes para llevar acabo la “Guerra Santa ” contra Occidente, y donde hacen un juramento de morir si lo manda el mullah; ahí son cuidadosamente preparados con una enseñanza del Corán y condicionados para morir por el Islam; reciben además un entrenamiento físico riguroso. Pasan ahí de tres a ocho años estudiando el Corán, las palabras de Mahoma, la lengua árabe y la informática. Aquí los musulmanes se vuelven, no conocedores, sino poseedores de la verdad y aprenden a interpretar la voluntad de Alá, podemos decir que es de donde salen los que hoy conocemos como terroristas.

Debemos de igual manera reconocer que para nuestra cultura gran parte de las costumbres musulmanas son completamente anormales y severas, hasta el punto de caer en lo ridículo, por lo arcaicas que son; el cortarle la mano a los ladrones, apedrear a las adúlteras o guillotinar a los asesinos, tanto como el meter a un hombre a la cárcel hasta que la barba le crezca o no permitir a las mujeres prepararse y que sólo el 15% de ellas sepa leer y escribir, son prácticas para nosotros primitivas, pero para los musulmanes son activas, comunes y eficientes, porque somos culturas diferentes y esto tiene que quedarnos claro, no podemos juzgarlos, por más ridículos que parezcan, seguramente para ellos que nuestro Dios dé la vida en la cruz por sus hijos y que recibamos Su cuerpo y Su sangre en la comunión es también ridículo.

Conociendo todo esto podemos romper con muchos prejuicios que tenemos sobre esta religión y podemos confirmar que tiene muchas cosas buenas, simplemente hay que tener muy en claro que son otra cultura, completamente distinta y que la historia de los musulmanes no deja de ser la de seres humanos, comunes y corrientes, como nosotros, que no han sido ni son siempre fieles a las enseñanzas de su religión, que han castigado injustamente, humillado y aniquilado a sangre fría, pero que en su esencia son buenos y buscan seguir con lo que conocen como correcto.

Somos muy diferentes, pero eso no quiere decir que unos seamos buenos y los otros malos, o que nuestra convivencia sea casi imposible, debemos recordar que en nuestra diversidad yace nuestra riqueza. Tristemente la imaginación occidental sobre el Islam tiene muy arraigados recuerdos y datos provenientes de la revolución religiosa de Irán, la guerra de Líbano o Chechenia, la resistencia afgana, la violencia social, el régimen y el terrorismo talibán… los noticieros y periódicos nos hacen muy difícil ser imparciales; mas por su parte la gran mayoría de los musulmanes alimentan todos los días en sus mentes y corazones, una visión deformada y satanizada de Occidente, que para ellos es un mundo de perdición, arrogancia, corrupción social, materialismo e irreligiosidad.

Reconocer la complejidad no es fomentar el rechazo en ningún momento y tristemente esto es lo que ha pasado en ambas partes, mientras más conocemos las diversas costumbres y formas de vida, más pensamos que son terribles y dañinas para los derechos humanos, con esto no quiero decir que no esté en contra de las lapidaciones y mutilaciones de las partes del cuerpo, por ejemplo de las niñas, no siendo ellos los únicos que realizan estas mutilaciones, o de la violencia familiar, sino simplemente que hay que aprender a respetar lo ajeno, a no temerle a lo diferente y a evitar la xenofobia, pues esto es en muchos casos lo que el Islam ha provocado en el mundo de hoy.

El impacto del Islam radica en su fuerza y en el convencimiento y apego de todos sus fieles a su fe, pues a pesar de que el mundo los rechaza y exige que cambien, ellos han sido capaces no sólo de mantenerse firmes y defender sus creencias hasta las últimas consecuencias, sino también de convencer a más gente de formar parte de su religión; podemos apreciar esto en Europa, donde ya son aproximadamente 14 millones de musulmanes, y en el mundo entero alrededor de 1, 200 millones, es decir casi un 17% de la población mundial; estas cifras son realmente impresionantes.

Pienso que si los musulmanes no fueran gente realmente convencida de lo importante y trascendente de su religión, no serían capaces de manifestarla ante el mundo, cosa que hacen sin miedo alguno y sin importar quién sea el opositor, incluyendo a la potencia mundial de nuestra era.

La fuerza y grandeza del Islam nos asombra a todos, sobretodo porque no compartimos esa creencia en algo, muchas veces no creemos ni en nosotros mismos, es por esto que me pareció importante que para establecer el impacto de la cultura musulmana tenía que tocar el punto de la educación, pues es ahí dónde nace este amor y fe ciega por el Islam y todo lo que él envuelve. Pienso que si en nuestra educación se nos fomentara más el valor de la vida, la solidaridad y la fe en algo, nuestra vida y la de las generaciones por venir serían mucho más exitosas.

Cada cabeza es un mundo y cada hombre único e irrepetible, tenemos que aprender a respetar y tolerar, si queremos respeto y si queremos evitar que el mundo se siga enfermando de ese odio que nos lleva a tirar bombas y destruir ciudades enteras, o que nos lleva a desearle mal a alguien que no comparte nuestra opinión. Y esto es algo que también tienen que aprender los musulmanes, a respetar que nosotros no compartimos su manera de ver la vida y sus convicciones, pues si no, nunca llegaremos a la convivencia armónica ni a la paz.

Los musulmanes y nosotros somos muy diferentes, pero ¿a caso no es también muy diferente a nosotros la persona que tenemos al lado y aún así la amamos y compartimos nuestra vida con ella?

Ante este panorama, las retóricas de libertad y democracia no pasan de ser un discurso insuficiente y demagógico y al final lo único que importa es el principio de la tolerancia, pues en ello radica la verdadera convivencia y el verdadero amor a Dios.

 


Mariana Ancona García es alumna de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, preespecialidad organizacional, en la Universidad del Mayab.

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