Universidad Anáhuac Mayab

Amor y Desamor

Publicado en: 19 de Junio de 2006

 

Alguna vez en nuestra existencia hemos llevado a flor de piel este sentimiento. Algunos a distintos niveles que otros, pero todos hemos amado.

Hemos amado a nuestros padres, a nuestros hermanos, nuestros abuelos, parientes; incluso a nuestros maestros. Todas aquellas personas que se encargan de satisfacer nuestras necesidades primarias, despiertan un fuerte sentimiento de aprecio en nosotros.

Pero, ¿Qué pasa cuando estamos enamorados?, ¿Qué diferencia tiene?

Enamorarse no es precisamente corresponder a todas las personas antes mencionadas por igual. Te enamoras de una persona, que, quizá, ni siquiera te trata con respeto, alguien que no necesariamente siente un aprecio similar hacia ti.

Encontrar una persona en quien proyectar todos esos sentimientos, es magnifico. Te sientes lleno, es alguien con quien quieres estar la mayor parte de tu tiempo, incluso la mayor parte de su tiempo, aunque estos sean diferentes.

Es alguien que, con sólo ver a los ojos, te llena de una increíble satisfacción y plenitud que hace insignificante todo lo demás. Vuelve valioso cada momento.

Aquella famosa frase popular que reza “El amor es ciego” es muy cierta. Puesto que al enamorarnos, muchas veces dejamos de apreciar acciones y actitudes en el ser amado que normalmente serían muy notorias.

Pero no dejan de estar ahí, en realidad ocurre que la misma satisfacción que sentimos, provoca minimizar todo aquello que pueda generar algún tipo de frustración o impedimento en la realización de la unión con esa persona.

Hay distintas formas de enamorarte de una persona: Cuando encuentras a alguien que te satisface, te complementa; cuando es alguien que tiene características que van más allá de las físicas: la personalidad, ideales, formas de pensar, cosmovisión, entre otras cosas. Es alguien que llena el perfil que has formado de tu pareja ideal.

Al estar enamorado llegas a sentir celos, que pueden llegar a terminar con las parejas según el grado que se presenten. Los celos obsesivos están relacionados con la inseguridad del individuo. Pero es normal sentir celos de la persona amada; sentirte desplazado en ciertas actividades que llegaron a compartir, sentir que pueden llegar a sustituirte al no cubrir ciertas características. O simplemente conocer la inestabilidad de la otra persona puede llegar a provocarte celos.

Al estar enamorado, atesoras todos los detalles, desde los más mínimos.

Pero ¿qué pasa cuando te das cuenta que la persona de quien te enamoras no es lo que creías?

¿Qué ocurre cuando se convierte en alguien diferente? ¿Qué ocurre cuando los ideales y la personalidad que según tú, tenía esa persona, se contradicen con su manera de ser, actuar y pensar en la actualidad?

Las personas cambian, eso sí. Pero no es común hacerlo de una manera tan drástica.

Se puede llegar a idealizar al ser amado. Otorgarle características que no le pertenecen para bloquear -quizá inconscientemente- todas aquellas que son parte de su personalidad latente y no van con el perfil que buscas.

Pero también ocurre que el ser amado sea inestable emocionalmente hablando, en cuanto a su personalidad e ideales, que provoquen un cambio muy probablemente, opuesto al que en un principio aparentaba.

Ocurre también que los cambios, adaptaciones y sobre todo, mejoras que desarrolles, no sean percibidos por la persona que los provoca.

Llega la costumbre, llega el hastío, el cansancio de no ser lo mismo para la contraparte, de no significar lo mismo que significa tu pareja para ti. Llega: ¡el desamor!

Sentimientos contrarios. Lo más simpático es que el segundo es provocado por el primero, no puede haber desamor sin antes haber estado enamorado. Sin antes haber amado.

Unas de las tantas características del desamor son:

La desilusión. En cuanto a las expectativas que tenías del ser amado, al darte cuenta que te hacía ver era un tipo de fachada; algo así como la presentación para ser aceptado el producto. El empaque en el que viene envuelto.

Los cambios. Al notar que los ideales a los que supuestamente el ser estaba inscrito, a la manera de pensar y las metas que tenía programadas, dan un vuelco radical hasta el punto de llegar a ser opuestos en muchos sentidos.

La inmadurez. Muchas veces piden algo que no pueden dar, y esta característica es muy común. La madurez es requerida en todas las relaciones, pero tiene que estar de la mano en ambas partes de la pareja, no puedes pedirle madurez a tu contraparte si tú mismo no sabes lo que es madurez.

Éstos y más factores, provocan el desamor, la decepción con respecto de lo que creías de esa persona.

Claro, todo esto viene aunado a muchas otras cosas que se generan durante la relación. Cosas que fueron provocadas, así como permitidas, tanto por una como por la otra parte.

El desamor genera otro tipo de sentimientos igual o más negativos que éste. Sentimientos como el desprecio, el rencor, incluso para llegar a la antítesis del amor en sí: el odio.

El problema está en como llegues a manejar estos sentimientos y situaciones. No ser un “ardido”, simplemente, seguir siendo tú. Y dejar ser a la otra persona, al cabo que no sabes en realidad quien es, es la que genera los conflictos del desamor.

El hecho de saber que tú hiciste lo correcto y que incluso, diste más de lo requerido -por no decir merecido- a la otra persona, y a la “relación” en sí, te hace valioso.

Esto no quiere decir que la otra persona valga menos, es persona, es un ser humano, cuyo valor viene implícito en el ser. Pero ¿Quién se siente más completo?

El sufrir un desamor no te hace perder la mitad de ti, simplemente es darse cuenta que la persona en la que depositaste tu afecto, no es la persona adecuada para recibirlo. No es alguien que sepa apreciarlo de la manera en que lo mereces (o lo esperas, al menos).

La situación es tal, que al parecer una conlleva a la otra de manera obligatoria. Pero no es así. Existen relaciones de -suena como un “cliché”- amor eterno. Matrimonios que se encuentran felices hasta el día de hoy, y tan enamorados como nunca.

El enamorarse no implica decepciones. No necesariamente.

Como cité al principio: “El amor es una cosa esplendorosa. Nos levanta por encima de donde nos encontramos. Lo único que necesitamos es amor”.

El amor te lleva a la búsqueda, la búsqueda del ser amado, ahora, que tú ames no implica que te amen, así como que te amen no te obliga a hacer lo mismo.

El desamor es un simple proceso, no siempre encontraremos a ese ser que nos complemente, a esa “media naranja” con la que pasemos el resto de nuestra vida en total plenitud y felicidad.

El desamor, por más opuesto que parezca, es un camino para el verdadero amor.

Como dicen por ahí, “Siempre hay un roto para un descosido”. En algún lugar de este tan singular planeta hay una persona esperando encontrarte, así como tú la buscas desesperadamente.

Quizá no sea hoy, pero tarde o temprano ocurrirá. En algún momento de nuestra vida, ese ser llegará, si no es que ya ha llegado.

Lo único por hacer es abrir los ojos y descubrir nuestro corazón, para reconocer el momento y el lugar en el que ese ser llegue a nuestras vidas, para poder tomarlo con todas nuestras fuerzas y nunca dejarlo ir.

 

Issai García Seba su correo electrónico es: [email protected]

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