Universidad Anáhuac Mayab

José Ortega y Gasset

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Me honra doblemente, al proponérseme la oportunidad de cerrar este ciclo de pláticas y conferencias maravilloso, pero esta oportunidad espero poderla llenar y dejar en ustedes, los asistentes, algo que valió la pena, y al Dr. y su grupo, la tranquilidad de la misión cumplida.

Una disquisición, según el Diccionario Larousse Enciclopédico, es el examen o exposición rigurosa y detallada de alguna cosa, considerando cada una de sus partes. En el trabajo que nos ocupa, hemos tratado de acercarnos a lo señalado por el filósofo español José Ortega y Gasset, pero sin llegar a una profundidad que abrume o que manifieste rigor, pero el abordaje se encuentra dentro de lo que en este momento es de suma importancia para los seres humanos actuales.

Todos los pensadores aspiran a que sus ideas trasciendan a las generaciones posteriores y más allá, si es posible, y esto es lo que trataremos de hacer ahora al poder intercambiar con ustedes ideas acerca del pensamiento del español José Ortega y Gasset, deseando que este intercambio genere diálogos entre ustedes y yo, realizando una charla, de donde tomamos una mínima parte de ese su pensar y de transportarlo a este crucial momento que vive la humanidad, crucial como nunca antes, por la obra del hombre, mejor diremos, del hombre contra él mismo, al crear la circunstancia que lo envuelve, lesiona, afecta y produce miedo. Si, tristemente para nosotros, estamos viviendo en la etapa del miedo construido por los intereses geopolíticos, geoestratégicos, globalizados por las grandes potencias que fueron coloniales y lideradas por el imperio. No hay otra manera de decirlo. Y aun cuando se generan expectativas acerca de las cosas del imperio, la elección, pensamos que ha de ser como el gato pardo, cambiar para seguir iguales.

Comenzaré haciendo una muy breve síntesis del filósofo. José Ortega y Gasset nació en Madrid el día 9 de Mayo de 1883, en el seno de una familia perteneciente a la burguesía liberal e ilustrada del siglo XIX. La familia de su madre era propietaria del periódico El Imparcial y su padre, Don José Ortega y Munilla, fue periodista y director de dicho periódico.

Gran parte de sus escritos filosóficos, e incluso gran parte de su actividad profesional, van a desarrollarse en contacto con el periodismo. Hasta el punto en que Ortega es recordado como uno de los más grandes filósofos en lengua castellana, y esto no es de menor importancia, como una de las mayores figuras del periodismo español del siglo XX, como articulista de temas culturales y políticos, como impulsor de empresas periodísticas, alguna de las cuales, como la Revista de Occidente, aún permanecen vivas.

Estudió las primeras letras en Madrid, con don Manuel Martínez y con don José del Río Labandera. En 1891 es enviado a estudiar el bachillerato al colegio que los jesuitas regenteaban (y siguen regenteando) en la barriada malagueña de El Palo. Esto marcará su formación vital.

Dos hechos son muy trascendentes en su vida y formación: el primero fue el contacto con los jesuitas que van a producir en Ortega una reacción, que sin dejar de reconocer la deuda contraída con sus profesores de la Flèche reaccionó contra la formación adquirida en su infancia. Y aunque criticará el que los jesuitas, “mordiendo las porciones más enérgicas de sus almas, han inutilizado [....] a los que tenían que haber salido los hombres constructores de la cultura nacional española del siglo XX”

En segundo lugar, fue compañero de los hijos de las más rancias familias burguesas malagueñas y ello le permitió tomar contacto con las clases dirigentes que habían hecho de Málaga una de las primeras ciudades.

El acontecimiento que llevó a toda una generación de españoles a plantearse el problema de España, fue la pérdida de los últimos restos del imperio colonial español, entre ellos, a la generación del 98. Este acontecimiento funcionó en España como un revulsivo de la conciencia nacional que llevó a las mentes más lúcidas del momento (Azorín, Del Valle Inclán, Benavente, Maetzu, Unamuno, Pío Baroja, Antonio Machado o el propio Ortega) a plantearse el problema de la decadencia física y/o moral de España. Partían de una visión pesimista del presente español, provocada por la profunda crisis moral, política, económica y social de finales del siglo pasado y tendían a poner en cuestión los valores tradicionales de la burguesía, con duras críticas a la monarquía, a los políticos conservadores y liberales y a la iglesia. Toma conciencia del problema de España y diagnostica que tal problema radica en el individualismo de los hombres y las regiones de España. De ahí que proponga que la regeneración de España sólo puede venir de la mano de una toma de conciencia entusiasta de una misión nacional. Por lo que propondrá la necesidad de la existencia de una elite intelectual, que tomando lo mejor del mundo occidental, sepa “fomentar la organización de una minoría encargada de la educación política de las masas”. En Alemania también comenzó su madurez humana.

Regresa pronto a España, física e intelectualmente, pues para él, el viaje a Alemania sólo puede tener sentido en la medida en que sirva para volver a España, de modo que haya una ósmosis intelectual tal que España se impregne de Europa y, a su vez, España impregne a Europa.

Con el inicio de la Guerra Civil , en julio de 1936, se autoexilia y comienza un periplo que lo llevará a París, y Holanda donde dará conferencias en Leiden, La Haya y Ámsterdam. Viaja a Argentina y en 1942 reside en Portugal. Al término de la II Guerra Mundial regresa a España y en los diez años que tarda en llegarle la muerte, su actividad pública queda reducida al mínimo. Vive en España pero no satisfecho hasta que muere en Madrid el 18 de octubre de l955. Este mes celebramos los 49 años de su muerte.

Hoy, con su venia, abordaré una mínima parte de su pensamiento, aquel que habla del hombre y su circunstancia, que hemos visto cómo la fue viviendo; pero me he propuesto el intento de aproximarlo lo más posible a nuestra realidad actual. Comprendo la dimensión de esta tarea, y trataré de ser lo más honesto en mi presentación.

 

En el volumen 5° de sus obras completas, en la página 472, hay una carta escrita a Descartes en la que opina del pensamiento de éste filósofo acerca de su proclama “Pienso Luego Existo”. Me permito transcribir una parte de ésta:

 

“No, señor Descartes, vivir, existir el hombre, no es pensar. Vuestra merced ha padecido un error. Sin duda vuestra merced ha llegado pensando a la conclusión: existo porque pienso; pero recuerde que se ha puesto vuestra merced a pensar, que ha caído en la cuenta de que pensaba no sin más ni más, sino porque antes se sentía perdido en un elemento extraño, problemático, inseguro, dudoso, cuyo ser era extraño al de vuestra merced. Se ha puesto, pues, a pensar “porque” antes existía, y ese existir de vuestra merced era un hallarse náufrago en algo que se llama mundo y no se sabe lo que es –que es dudoso--, por tanto­, que era algo distinto de vuestra merced, porqué de sí mismo, como nos asegura vuestra merced, no puede dudar. Vivir, existir, no es estar solo, sino, al revés, no poder estar solo consigo, sino hallarse cercado, inseguro y prisionero de otra cosa misteriosa, heterogénea, la Circunstancia , el Universo. Y para buscar en él algo de seguridad, como el náufrago mueve los brazos y nada, vuestra merced se ha puesto a pensar. No existo por que pienso, sino al revés: pienso por que existo. El pensamiento no es la realidad única ni primaria, sino al revés, el pensamiento, la inteligencia, son una de las reacciones a que la vida nos obliga, tiene sus raíces y su sentido en el hecho radical, previo y terrible de vivir. La razón pura y aislada tiene que aprender a ser razón vital”. Hasta aquí la carta.

 

En este sentido, resulta inmensamente difícil caracterizar la vida humana, pues por una parte, ésta es siempre singular, concreta, única; pero a la vez, no hay vida aislada, sino que cada una viene encadenada a otras dentro del ritmo social e histórico. Cada uno de nosotros vive su propia historia que se construye desde que nace y termina cuando muere. Es necesario considerar que la reflexión filosófica de Ortega se fundamenta en el sujeto individual, personal y circunstanciado, es decir, en la vida. Es claro identificar que si hablo de mi pensamiento y de toda mi actividad o todo mi esfuerzo del conocimiento, es por que éste surge de mi propia vida, y la función primaria de mi vida es ponerme en relación con mi medio, tratar de satisfacer mis necesidades, solucionar mis problemas, desde esa primarísima edad, desde el momento mismo de salir del seno materno.

Es interesante poder reflexionar acerca de nuestra historia. Ortega, con la fórmula Yo soy yo y mi circunstancia, nos quiere mostrar la auténtica realidad de los seres humanos en correlación con los objetos y con el mundo que les rodea. En la fórmula antes citada, el YO se encuentra ante el YO y la circunstancia es la vida humana. Dicha vida o dicho YO es concreto y ejecutivo (es decir, activo) y en su concreción se dirige siempre a su circunstancia para llevar a cabo dicha ejecutividad o actividad. Esto es, él dice que el YO es sujeto de SÍ mismo, y al mismo tiempo su predicado, es decir, que mi YO es mi sujeto, y mi predicado se va conformando por las diferentes circunstancias que vivo en todo lo que vivo, desde que nazco hasta que muero. Es decir, mi vida, en esa unicidad que es mía, lleva implícita mi historia, la que he vivido, y son mis sentidos los que me relacionan con ella; pero que se conforma por tres estamentos: lo biológico, obtenido a través de los factores hereditarios determinados por la genética y transmitido a nosotros a través de las generaciones que nos antecedieron; lo psicológico, aquello que se concibe aun sin tener conciencia de que esto sucede en mi mente y sus retenciones para producir asimilación que conforma la relación entre la vida del ser y la solución de sus necesidades mínimas y máximas, es decir, desde que me relaciono con mis padres o cuidadores, o semejantes, cualesquiera que estos sean y a quienes identifico como tales y a quienes introyecto en mi mente y los hago objeto de mi conocimiento, en el tiempo y en el espacio de mi realidad; y lo social, el medio, el espacio en que me desenvuelvo en el que actúo, en el que estoy inmerso desde que nazco hasta que muero y esto me permite ratificar que mi historia se conforma de estos tres estamentos los cuales interactúan dinámicamente y dan como consecuencia un ser humano, YO. Los sentidos nos relacionan con el mundo, pero esa relación es individual por que es producto de nuestra exclusiva experiencia. Nuestra historia, pues, se convierte en el cedazo que permite ver la vida a través de él, por y para mí mismo.

Esta larga explicación es lo que Ortega llamó al sujeto Yo con su predicado Yo y ambos en las circunstancias que viven y en las actúan en su relación con los otros YOS de los otros y el mundo. En donde lo que me pasa a mí, a mi Yo y lo que te pasa a ti (a tu Yo), donde yo o tu no somos sino eso que nos pasa.

De las circunstancias, él dice: “las cosas mudas que están en nuestro próximo derredor, las del espacio, del tiempo, de la cultura de las pequeñas cosas de la vida, de la raza, de nuestros pueblos, de lo próximo de lo lejano, se advienen a nosotros y conforman el todo nuestro que se llama existencia y señala el medio humano como la circunstancia principal.

En cuanto Ortega se refiera a la Vida , no está considerando la dimensión biológica, como la hemos señalado anteriormente, sino que él dice “sería inocente y una incongruencia responder con definiciones de la biología y hablar de células, de funciones somáticas, de digestión, de sistema nervioso. Dice que éstas son realidades hipotéticas construidas con buen fundamento, pero construidas por la ciencia biológica... Y más adelante comenta: mi vida no es lo que le pasa a mis células. Mi cuerpo no es más que un detalle en el mundo que encuentro en mí... Cuanto se me diga, pues, sobre mi organismo corporal y cuanto se me añada sobre mi organismo psíquico se refiere ya a particularidades secundarias... De donde llega a señalar “La vida es pues, la realidad radical, realidad fundamental y, por lo tanto, desde ella habrá que justificar todas las demás realidades. Sin embargo la biología no es ajena a mi vida”.

Luego entonces, vida es la realidad primera y primaria que define al ser humano. Es aquello que somos, es aquello con lo que nos encontramos nada más nacer. No se trata de un concepto biológico fisiológico o sociológico de “VIDA”, sino que estamos ante un concepto estrictamente filosófico: SER ES VIVIR.

Mi SER, a ese que llamo SER metido en mi piel, limitado por mi piel, que se relaciona con lo afuera por medio de la piel; que trabaja, que se esfuerza, que crece, que se desarrolla, en el que se acumula el tiempo y es vencido por éste. Mi ser que es una afirmación de mi identidad, que se identifica con lo demás, está rodeado de otros seres que se comunican tanto unos como otros y conmigo, aun cuando yo no pueda saber lo que dicen, por que todo está en la relación del mundo, en lugar y forma. En definitiva, vivir (ser) es ser lo que aún no se es, es ser lo que ve a ser: nuestra vida es futuro.

El pensamiento del hombre que trasciende a él, es lo que hace que el filósofo descubra su tiempo, lo analice, lo registre, y lo transmita a otras generaciones que lo sucederán. Si nos hemos permitido tomar el pensamiento Orteguiano en esta charla, es por que las circunstancias que vive el mundo, nos da esa posibilidad de una manera precisa que permita la explicación de momento histórico que vive la humanidad. Cierto que cada momento que ha vivido la humanidad es histórico, pero las circunstancias que actualmente se presentan permiten identificar el salto cualitativo que se pretende que vivamos. ¿Quién?, ¿Qué pensar? ¿Qué decidir?, ¿Qué hacer?, ¿Cuándo, cómo, dónde?

En este encuentro, dialogamos Ortega y yo.

Que es el hombre?, me pregunta: el hombre es un ser social, le respondo. Crees que es siempre social?, le digo que sí. Entonces, ¿cómo es que buscas la soledad? Le respondo, para pensar, meditar analizar, intentar concluir ese algo que bulle en mi mente y que de pronto no puedo aclarar.

Mira, me dice, buena parte de las angustias históricas actuales proceden de la falta de claridad sobre problemas que las ciencias sociales pueden aclarar. Esa falta de claridad en la conciencia del hombre se origina a su vez, en estado deplorable de la teoría sociológica.

Asombrado le digo: quieres decir que todo lo que es la política, el estado, el derecho, la colectividad y su relación con el individuo, las guerras, la justicia son imprecisas y contradictorias?

Creo que la aventura de pensamiento es muy grande, pero no estás fuera de la razón. Las cosas de las que hablamos están en puntos muy difíciles y creo que es el momento de hacer una revisión de tales cosas que le permitan al hombre vivir mejor.

Crees que todas las acciones de una persona son susceptibles de ser entendidas? Yo le contestaría, es posible que el ser mismo se entienda, y me dice, ¿lo hará cabalmente?

Entonces le explico: el hombre, como soy yo, se encuentra a otros que no son yo. O a cosas que no son yo. Desde pequeño me empecé a identificar con todo lo que me rodeaba y percibía sin podérmelo explicar entonces. Las cosas que me rodeaban no eran iguales a mí, que una y otras eran diferentes y que me fui acostumbrando a ellas en el trato diario, o en mi roce diario, pero eran diferentes a mí. Con el paso del tiempo y con la atención que la observación permite y con el grado de conciencia que tengo ahora, identifico lo que no es igual a mí, las cosas, o a los hombres. Luego entonces somos el yo y el tú los que interactuamos o el yo con ustedes para identificar a los otros- Esto establece un mundo de relación e interacción del uno y el otro inseparables: el hombre que vive y la circunstancia o mundo en que el hombre vive. Si lo estamos poniendo en el mundo pues no vive aislado y por lo tanto tiene crecimiento y ese crecimiento en su vida y el contenido de su vida está en el tiempo que vive: presente, pasado y futuro. Su horizonte es lo que no aparece pero que “intuye” y muchas veces lo que se intuye puede llevar a razones ilógicas, aun cuando no sea a cabalidad. El hombre parece estar pendiente de su futuro; su pasado que ya ha transcurrido no puede ser cambiado en ninguno de sus episodios, es su historia y el presente, que está en el momento mismo del existir, es el construir, razonar, crecer, crear, aborda con él, el inicio del futuro, es decir, el presente y el futuro se dan en el mismo instante.... El hombre está en medio de las cosas, teniendo que existir entre ellas, con ellas y a pesar de ellas.

El estar aquí me excluye de otros lugares, por que si me trasladara a ellos, los otros lugares serían siempre mi aquí, como allá es ocupado por otros. Estos pueden estar cerca o lejos de mí, pero en alguna dirección. Esto que es mi espacio tiene un adelante y un atrás, una derecha y una izquierda y sus puntos intermedios. Luego entonces ya no sólo estoy aquí y ahora sino que ocupo un lugar en el espacio que refuerza el aquí. Nuestros aquís se excluyen, son distintos y por eso la perspectiva que le aparece al mundo siempre es distinta de la mía.

Ser el hombre cuerpo trae, pues, consigo, no sólo que todas las cosas, incluso las que no son corporales, sean cuerpos, sino que todas las cosas del mundo estén colocadas en relación a mí; (falacia del centralismo) o por mejor decir, yo estoy colocado en relación a todas las cosas. En el ámbito de la realidad primaria, que es nuestra vida, hallamos que en él, el ser de las cosas es su evidente ser para servirnos o impedirnos. Cada cosa sirve para otras cosas más o una tercera y esta sucesividad forma una cadena hasta llegar a una finalidad en el hombre, el servicio

Esto me lleva a pensar que en mi horizonte aparece otro ente, otro ser semejante a mí y con el cual intercambio mensajes que llevan ideas, sentimientos, apreciaciones, y que al establecerlos con la comunicación, estoy socializando con él. No es pues solamente otro cuerpo contenido dentro de otra piel, sino es un ser, que a semejanza de mí, actúa y me envía constantemente, las señales más variadas o indicios o barruntos de lo que acontece en su interior; de las relaciones de su interior con el exterior, del análisis y las circunstancias en que se desenvuelve.

Inquieto lanzo la pregunta a quién puede darme una respuesta que apacigüe y levante lo constrito de mi ánimo.

Luego entonces, le digo al maestro, ahora estos seres que conviven, que están en este mundo, viven la circunstancia de lo efímero, mejor decir, la “Cultura de lo Efímero”, del consumismo y las desigualdades de la globalización?

Si, me contesta. La globalización implica una interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas; bienes y servicios generados por un sistema con muchos centros en el que importa más la velocidad para recorrer el mundo que las posiciones geográficas desde las cuales se actúa, luego entonces Velocidad y Consumo parecen ser las palabras clave de la realidad radical actual. (Vida)

Le comento: para muchas personas los problemas no se remiten tanto a los que les falta, lo que no tienen, sino al hecho de que lo que tienen se vuelve obsoleto velozmente. La renovación, la búsqueda de lo nuevo, el hacer efímero lo que antes era duradero, son características de estos tiempos. Las relaciones de pareja no escapan de esta cultura de lo efímero. Actualmente nos encontramos con una realidad radical en la que se pierde el contacto directo con los amigos de la infancia, las familias se disgregan a lo largo de los territorios, de cada dos parejas que viven juntas, una se separa, y las distancias parecen esfumarse gracias a los logros tecnológicos como la Internet y los avances en las telecomunicaciones, pero no por ello las distancias dejan de existir. Para mucha gente es más cómodo y frecuente hablar por teléfono que encontrar el tiempo para interactuar cara a cara, aún con las personas más cercanas y queridas que tenga.

Recuerda lo que escribí en La Rebelión de las Masas, me dice: “La fe en la cultura moderna era triste: era saber que mañana iba a ser, en todo lo esencial, igual a hoy; que el progreso consistía sólo en avanzar por todos los “siempres”, sobre un camino idéntico al que ya estaba bajo nuestros pies. Un camino así es más bien una prisión que, elástica, se alarga para libertarnos. El hombre del presente siente que su vida es más vida que todas las antiguas, o dicho viceversa, que el pasado íntegro se le ha quedado chico a la humanidad actual”.

Entonces le expongo: esta coexistencia de lo tradicional, lo moderno, lo que está llegando como nuevo y que rápido se deshecha, y aquello a lo cual estos nuevos elementos desplazan, entiendo que configuran lo que ahora se llama postmodernidad, no como una etapa, sino como una visión o condición que permite el análisis de esta simultaneidad de situaciones y los mecanismos que la provocan y sustentan constituyendo el contexto en que vivimos.

Estas son las circunstancias actuales en las que los hombres de hoy se mueven. Las masas se sienten cada vez más desplazadas y los valores éticos de la sociedad son golpeados para con la intención de trastocarlos, tal vez acabarlos. Los valores morales se trastabillan y las familias del mundo entran en una crisis de valores, de angustia ante lo que, por ahora, no pueden detener, en donde la automatización es la fuente principal del desplazamiento de los trabajadores, y el desplazamiento de los trabajadores es muchas veces, el resultado de la eficientación empresarial y/o gubernamental.

El desarrollo vertiginoso de las comunicaciones afecta en la medida en que con su “información parcializada, mediatizadora, orientada a los intereses que no son los de los pueblos deja su “pesantez” en el ánimo de los oyentes, lectores, enfermos de televisión, más si consideramos al hombre como un ser relacional y comunicacional, por que siempre se está comunicando con otros, y por lo tanto tienen influencia central en él las tecnologías vinculadas a la comunicación.

Lo anterior nos refiere a ver las implicaciones que tienen u operan en las relaciones entre las personas, entre éstas y las relaciones de pareja, las que cada día viven menos tiempo menos juntas. Prevalece la concepción individualista la cual implica una planeación de la vida en todos sus aspectos a partir de los intereses individuales, contaminada por la importancia que se da a lo novedoso por encima de lo tradicional y estable.

Entonces dice: El grito de guerra de Ortega es contra cualquier personalismo, contra cualquier mimetismo, contra cualquier exotismo, y en favor de la actitud intelectual rigurosa, metódica de la ciencia”.

Quiero terminar con este pensamiento Orteguiano de su libro La Rebelión de las Masas: “El gesto servil lo es porque el ser no gravita sobre sí mismo, no está seguro de su propio valer y en todo instante vive comparándose con otros. Necesita de ellos de una u otra forma; necesita de su aprobación para tranquilizarle, cuando no de su benevolencia y su perdón. Por eso el gesto lleva siempre una referencia al prójimo. Servir es llenar nuestra vida de actos que tienen valor sólo por que otro ser los aprueba o aprovecha. Tienen sentido vistos desde la vida de otro ser, no desde la vida nuestra. Y esta es en principio la servidumbre, vivir desde otro, no desde sí mismo”. Termina la cita. Y esto es lo que el estado y su voceros impone al hombre, más a los nuestros, los latinoamericanos. Dejar de pensar en la unión, en el nacionalismo, en la patria y globalizar las ideas, pero aceptando al centro del poder imperial como meta y metá. Globalización y neoliberalismo, ha sido la fórmula creada por lo poderes fácticos para ampliar la pobreza en más humanos, y concentrar la riqueza en menos manos. Esta es la circunstancia actual. Esta es la circunstancia del YO actualmente. Por eso El pensamiento de Ortega y Gasset no pierde vigencia.

Espero haber llenado sus expectativas con esta exposición. Deseo que iniciemos la charla.

Muchas gracias.

 

 

José Perulles López es Licenciado en Educación Primaria, Estudios de Antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. México, D.F. Tambien tiene la Licenciatura en Psicopedagogía: Especialidad en Deficientes Mentales. Normal Especial de México. México, D. F. y la Maestría en Terapia Familiar y Pareja por la Universidad del Mayab. Ha sido maestro de: primaria, secundaria, bachillerato y educación superior por 40 años. Actualmente es profesor de carrera en la Escuela Ciencias de la Familia en la Universidad del Mayab. Ha participado como conferencista y profesor de cursos de postrado, Mérida, Campeche, Cancún, Chetumal, Villahermosa y es miembro de número de la Sociedad Española de la Ansiedad y el Estrés, de la Universidad Complutense de Madrid, España. Desde 2000. Escríbele a: [email protected].

 

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