Universidad Anáhuac Mayab

Las relaciones humanas

Publicado en: 19 de Junio de 2006

Tal es el orden establecido por Dios, y en vano lucharía el alma contra esta necesidad. A menos de encerrarse en una gruta solitaria…

… las hay (relaciones) agradables, honestas y que le brindan pasatiempos inocentes, diversiones útiles o distracciones necesarias… como bálsamo para el corazón herido, estimulante para el ánimo fatigado y confortación para el alma abatida. Unas son indiferentes cuyo móvil es la cortesía, la conveniencia, el interés; relaciones… poco estables… Otras son forzadas, guiadas por la necesidad, la sujeción, el temor, impuestas por la naturaleza, la posición, las ocupaciones…

…estas relaciones son para el alma imprudente serio obstáculo para su santificación. Se deja envolver por ellas como por las mallas de una red y pierde la libertad interior, el desprendimiento del corazón y la tranquila posesión de sí misma, base de la vida perfecta…

…impónese, pues, gobernar sabiamente las relaciones, cortar las superfluas, reducir las útiles y reglamentar las necesarias… se remonta por encima de su estima o de su desaprobación (del mundo). Rompe, cercena, elimina, sin conservar más que lo que le dicta guardar la conveniencia o la necesidad.

…esfuérzase por guardar el dominio del corazón, la calma del espíritu y la moderación de los movimientos.

El alma verdaderamente interior no es jamás esclava de criatura alguna…

El corazón que pertenece así por completo a Dios está siempre lleno de Él… y siempre desbordante. Esta sobreabundancia la difunde luego sobre las criaturas que la rodean.

Nadie es tan amante como el alma sencilla, nadie tampoco ama tan puramente, tan perseverantemente como ella. Su amor está libre de todo cálculo egoísta, porque es el amor desbordante...

No ignora, por otra parte, que toda gloria humana es frágil y abundante en desengaños. La experiencia le ha demostrado que ninguna criatura puede por largo tiempo satisfacer el corazón ni saciar su sed de amor. El hombre siéntase criado para lo infinito” [1].

El valor que tenemos por el hecho de ser personas humanas es, en sí mismo, enorme y por analogía todo aquello con lo que entablemos relación. ¿Cuánto no más grande va a ser el valor de esa relación si es la que entablamos entre personas?

Sin embargo con frecuencia estas relaciones entre personas las tornamos muy complejas. La razón estriba en que cada uno de nosotros somos un “todo”: envolvemos una forma concreta de pensar y de actuar en una forma única de ser. Y según esa forma concreta en que seamos y sean con quienes nos convivimos, nuestras relaciones serán complejas o menos complejas.

El primer paso para disminuir la complejidad de nuestras relaciones la logramos cuando somos para el otro. Así, nuestra vida adquiere otra perspectiva.

Vivir con la convicción del otro, es de lo más alto que podemos alcanzar como hombres. El descubrir que somos alguien –no algo-, que vivimos y nos relacionamos con alguien –no con algo- y que hacemos cosas por alguien –no por algo- y para alguien –no para algo-, le da otro sentido a todo lo que hacemos.

Cuando nos encontramos lejos de este primer paso, que ocurre con frecuencia, es cuando experimentamos el estar envueltos en nosotros mismos.

Por eso necesitamos buscar oportunidades para optar por vivir otras experiencias, en las que podamos tener tan cerca una realidad tan distinta a la nuestra, que al contemplarla, nos movamos a empalizar con quien está en ella y romper con nuestra visión tan ensimismada muchas veces del mundo.

No basta el saber que existen personas viviendo en otras situaciones y otras condiciones, necesitamos experimentar esa cercanía con ellas. Y me refiero a cercanía, porque verdaderamente no podemos experimentar más que lo que nosotros podemos experimentar según nuestra individualidad, nunca lo que la del otro.

Por lo tanto, para que descubramos la riqueza de las relaciones humanas debemos salir de nosotros mismos para asomarse en el interior del otro, y así podamos descubrir lo que es realmente trascendente.

Sin embargo como toda opción en la vida, podemos aprovechar las circunstancias específicas de nuestra existencia positivamente, negativamente o hacer caso omiso de ellas.

La diferencia radica en la actitud que se tome frente a la vida. Por lo tanto está en nosotros el descubrir la riqueza de las relaciones humanas y aprovecharla o encontrarlas como un obstáculo para nuestra perfección.

Pese que es triste considerar una relación humana como un obstáculo, por muy frecuente que nos suceda, es muy cierto que algunas se tornar muy difíciles. En estos casos, la clave radica mantener una libertad interior para no vernos atados a ellas sino optar por ellas y que esa opción sea por amor hacia aquel con quien me relaciono. De tal manera que no nos encontramos condenados a esas relaciones sino ante la posibilidad de guardar una distancia tan cercana o separada como decidamos.

Esa libertad interior encuentra su parámetro en aquello a lo que, por darle sentido a nuestra vida, le guardamos algo muy profundo de nosotros que sólo al fundamento de ese sentido último le puede pertenecer y que es lo que nos mueve.

Mientras más trascendente sea ese sentido, va a hacer que nuestra vida sea más o menos sólida, ya que es a lo que nos subordinamos.

Así, con un sentido bien definido en nuestra vida, podemos guardar la distancia prudente en nuestras relaciones humanas en virtud de ese sentido, según el caso específico.

  • Tal vez esta sea de alguna manera un camino viable para simplificar en algo, eso tan complejo como son las relaciones humanas.
  • Todo cambia cuando se vive la experiencia, el ejemplo arrastra
  • Y dentro del mosaíco que somos intentamos generalizar
  • Cada persona es tan única
  • Vivir en una constante contemplación
  • Complejidad de las relaciones humanas

Con frecuencia en la vida, tenemos que llegar al punto de enfrentar una situación límite para hacer una reflexión, para regresar a uno mismo y hacer una autoevaluación.

Cuando se tiene un porqué que sustente todo lo que hacemos en la vida, lo segundo se encontrará sustentado. Sin embargo no cualquier porqué resulta sustento para todo, debe haber entre ambos una relación proporcional.

Ejemplo de Roma ciudad edificada sobre barro.

En la medida en que descubramos y hagamos propio un cimiento sólido para la edificación de nuestras vidas, ésta tendrá sentido.

Pero ese sentido de vida, no puede ser ajeno a la misma naturaleza del hombre. Para ser un verdadero sentido, éste debe fundamentarse en algo más profundo a todo lo demás, que lo supere de manera que no se subordine a nada sino todo a eso.

 

[1] Shrijvers, José, El don de sí , Editorial Covarrubias, 6° edición 1997

 

Sara Isabel Lastra García, 20 años, estudiante del 2do semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Familia en la Universidad del Mayab. Exalumna del Instituto Godwin. He participado de manera activa en diferentes actividades apostólicas y de acción social. Escríbele a [email protected]

 

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