Universidad Anáhuac Mayab

La actualización docente.

Publicado en: 20 de Septiembre de 2006

  

LA ACTUALIZACIÓN DOCENTE

Por: Liliana Mercado

 

Las nuevas perspectivas de la educación superior presentan, para el docente, retos frente a los cuales debe estar preparado. Habemos quienes, aferrados a las viejas herramientas de trabajo (tiza y pizarrón) nos mostramos ajenos o renuentes al cambio tecnológico que la cibernética nos ofrece. O por el contrario, le dejamos todo el trabajo a las máquinas y nos sumergimos en presentaciones audiovisuales que anulan al maestro y  lo hacen parecer un operador técnico de PC y cañones o proyectores de acetatos. El equilibrio es difícil de conseguir, pero una vez logrado, no nos permitirá caer.

 

Las estrategias de enseñanza, dentro de la actualización docente, exigen tener una evolución obligatoria, pues no podemos permanecer inamovibles frente a un mundo que cambia; de tal suerte que si queremos entender a nuestro receptor (alumno) es necesario que conozcamos su sentir, sus esquemas de cognición y sus necesidades comunicativas.

La nueva tecnología está cambiando rápida y drásticamente en la educación. Nuevos requerimientos nos obligan a rediseñar las estrategias docentes.

 

El cúmulo de conocimientos humanos van corriendo tan rápido, que los jóvenes de hoy han desarrollado un nuevo sistema de absorción del conocimiento, donde abren sus sentidos y los potencializan para hacer varias cosas de manera simultánea. Ante estos cambios sociológicos, antropológicos, culturales y tecnológicos, el docente no puede quedarse cojo, no podemos caminar mientras ellos corren.

 

En contrapunto, es perceptible que la soledad que el joven actual experimenta, como Ser Humano, invade su espíritu y lo vuelve vulnerable a depresiones anímicas que lo pueden hundir en la tristeza, en el nihilismo o, en el peor de los casos, en la apatía. Esa es la parte en la que la educación personalizada comienza su labor. El estudiante debe tener rostro, no es un número de lista, es una persona a quien, en el mejor de los casos, le enseñaremos a ser una persona feliz. La clases y el proceso de enseñanza – aprendizaje sólo son un buen pretexto para hacer que ellos mismos encuentren su camino.

 

Contrario a lo que mucho tiempo se pensó, la libertad no siempre lleva al hombre a la felicidad, al menos no la libertad conceptualizada como ente sin reglas. Las reglas dan estructura y la estructura le brinda al joven un barandal del cual asirse, así que sin ser castrantes, debemos ofrecerle al estudiantado un barandal firme, tan grueso o delgado como cada docente pueda sustentar, pero siempre firme.

 

Informar ya no basta, el reto es además: formar. Para ello hay que trabajar mucho y prepararnos todos los días. Hay cosas que no vamos a encontrar en los libros y tal vez serán las fuentes de información más difíciles de encontrar, pues para nuestras conductas personales no hay metodología escrita. El despertar de este siglo exige, más que títulos académicos, un replanteamiento educativo integral.

 

Nunca lograremos alcanzar el ideal y el objetivo de un docente íntegro, si no vamos más allá de instruir o pasar información, motivados por un móvil económico o la obtención de reconocimientos y  aplausos sociales. Nunca lo lograremos si no nos es posible entrar en el mundo del estudiante, comprendiendo sus angustias, su soledad, sus sueños y sus inquietudes. Nunca alcanzaremos la meta nos creemos El Maestro.

 

Para enseñar, no debe pesarnos gastar en una fotocopia o diez minutos de extraclase; para enseñar nos deben agradar los alumnos, aún  cuando no sepan hacia dónde van, (tal vez nosotros tampoco lo sepamos); para enseñar debemos ser conscientes de que nunca seremos El Maestro, sino un guía o un compañero de viaje. (Alejarnos del absolutismo pero también del relativismo).

 

Es responsabilidad del docente convertirse en formador, eso implica ser tutor, amigo e incluso cómplice, pero siempre "jalando" hacia el camino de lo virtuoso (quitando el estigma de lo bueno y lo malo). También debemos reconocer cuando el alumno no es suficientemente maduro, no es su tiempo todavía en el universo cognoscitivo, por lo tanto hay que sujetarlo más fuerte o bien, dejarlo libre de irse a madurar si no está dispuesto a ser "jaloneado". "Cuando el alumno está listo, el maestro aparece" .

 

El control del grupo deberá ser básico para el buen crecimiento. Una galera no avanza si no reman todos para el mismo sentido: reglas claras, también por el bien del maestro, pues sin ellas, él también se hundirá.

 

Los modelos educativos siguen  pareciendo anticuados. El examen es la única prueba académica que, hoy por hoy, puede parametrar al alumno en un mundo de relaciones institucionalmente escolarizadas. Pero nunca olvidemos que el alumno es más que eso. Debemos alentarlo a seguir creciendo, también en un estilo de crecimiento como paciencia, tolerancia, reflexión, etc. Las pruebas escolares no son para medirlos a ellos y ni siquiera a nosotros; sirven para medir el grado de éxito en el proceso de comunicación que entablamos con ellos, de tal suerte que si logramos nuestro cometido, no deberá haber reprobados.

 

El tránsito del conocimiento al pensamiento es la transformación en la conducta del pupilo, una conducta que deberá ser encaminada al desempeño virtuoso de la importancia humanista, en la cual, ojalá estemos inmersos todos los docentes. El compromiso está allí. Es nuestra decisión soltarlo o bien respirar profundo y abrazarlo con todas nuestras fuerzas.

 

 

Liliana Cecilia Mercado Zepeda es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante dos años, fue docente la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en las materias de Taller de Guión de Radio, Televisión, Cine y Periodismo de Opinión. Trabajó cinco años en Televisa en diferentes áreas de producción televisiva. Actualmente es docente en la UNID, Campeche. Su correo electrónico es: [email protected]

 

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