Universidad Anáhuac Mayab

En plena adolescencia.

Publicado en: 24 de Junio de 2008

  

EN PLENA ADOLESCENCIA

Julio César Sánchez Espinoza

La comunicación es fundamental  para que el ser humano pueda llegar a ser y entenderse, ya sea ésta de forma oral, escrita, o a través de símbolos. No obstante su importancia, ésta varía en cada etapa de la vida del hombre y, por lo general, es determinada por los parámetros socio-culturales. Para comprenderla mejor, es preciso segmentarla por etapas, debido a que el pensamiento del ser humano cambia durante su desarrollo, sobre todo en la adolescencia, donde su manera de concebir la vida  influye directamente en su conducta. Dejando a un lado los constantes cambios físicos y psicológicos de la adolescencia, es importante analizar la comunicación que se efectúa en esta etapa; saber con quiénes se comunican los adolescentes, de qué forma lo hacen y cuáles son las dificultades que se les presentan.

Debido  a la influencia de los diferentes medios de comunicación, la adolescencia se ha visto cada vez más afectada, en búsqueda de su identidad;  imitan lo que ven, expresando sus emociones de diversas formas, aunque éstas estén lejos de ser modelos adecuados o ideales. La comunicación que prevalece en la adolescencia, presenta características particulares, los objetos y acciones comunes suelen tener gran significado para ellos. Pero, así como pueden expresar sus emociones y sentimientos a través de "grafitis", por ejemplo, lo hacen también con el empleo de un lenguaje peculiar  o a través de la exhibición de modas de vestir.

La comunicación verbal es una de la más complejas en el adolescente,  pareciese que fuesen muchas personas, en una sola; actúan de distinta forma, dependiendo del ambiente en el que se encuentran. Además, sienten mayor afinidad con los grupos que representan, a su parecer, arquetipos sociales, ante los cuales se sienten con mayor comodidad para expresarse, en contraposición con los padres u otros adultos; en la mayoría de los casos, se sienten amenazados por estos últimos, quienes, según su propia percepción, sólo tienen prohibiciones y cuestionamientos para con ellos.

El joven se inclina más por las aventuras que por concentrarse en matemáticas o química. Cursar la secundaria y preparatoria resulta todo un reto infernal para el adolescente; lejos de ocuparse por las buena calificaciones o el rendimiento escolar, se preocupa por la convivencia, "en serio", con sus pares. La formación o adhesión a grupos, con los que  convive día y noche, les desarrolla un sentido de pertenencia y confianza; esto propicia que, entre ellos, se pueda  tratar con libertad cualquier tema, sin temor a ser reprendidos o rechazados, todos son cómplices de los acontecimientos. A diferencia de los padres, los amigos transmiten mayor confianza y seguridad, como para otorgarles sus secretos. Con sus iguales se puede hablar abiertamente sobre temas considerados tabú para los padres, quienes a veces se muestran incompetentes para  comprender algunas inquietudes o dudas.

Esta situación, ante el mundo adulto, los lleva a rebelarse ante la vida, mostrando un sentido de madurez e independencia, pero aún frágil y vulnerable. El adolescente se siente poderoso, considera que puede realizar cualquier cosa, que conoce el mundo y que, a veces, es invencible, lo que lo lleva a entrar en caminos sin retorno. La relación con los adultos resulta aburrida, complicada y no se tiene la intención de mantenerla, esto incluye  a los padres, maestros o familiares. El joven clasifica al mundo adulto como un grupo con los que no tiene nada en común; se sienten  bombardean con cuestiones que les resultan aburridas o amenazantes.

Otro factor que influye en la vida y comunicación de los adolescentes, es la exposición  a los  medios de comunicación, principalmente la televisión. La mayoría de ellos adopta las características de los personajes que se les presentan, ya sea en comerciales, películas, novelas, "reality shows" o concursos, que los induce a una posición de experimentación y pertenencia a otros grupo sociales. El joven moderniza sus palabras, modales, comportamientos y guardarropa, preocupado por su imagen o descuidándola deliberadamente. Todo, para involucrarse con las personas que se desean cerca.  

La adopción de conductas, practicadas por determinadas personas, el lenguaje y los modismos, la música alternativa, y toda conducta que se vincule a la rebeldía, suele ser adoptada para demostrarles a los demás que él existe. Al final de cuentas, de eso se trata: hacerse notar, ser único, independiente, original y comunicar quién es él. Aunque al final todos se comportan y se comunican de la misma manera, perdiéndose en la gran multitud.

Los padres deben establecer puentes de diálogo con los hijos, por muy difícil que esto resulte. El adulto debe sugerir actividades, no ordenarlas, aunque en la mayoría de los casos sean palabras que, a corto plazo, no llegarán a ningún lado. Tratarlos como personas capaces de realizar cualquier actividad, sin la necesidad de repetirle instrucciones, aunque a veces se tenga el convencimiento de que ya se lo han repetido mil veces. Resulta irónico que los adolescentes confíen en otros adultos y no en sus padres; estos últimos pretenden proteger a los hijos y creen lograrlo diciéndoles lo que deben o no deben hacer; los primeros, a veces sólo quieren ser  amigos y se limitan a escuchar e intentar comprender.

Se sabe que el carácter de los padres determina el grado de comunicación con los hijos y que los padres, en un acto sublime e inconsciente, quieren vivir, a través de los hijos, lo que ellos nunca lograron. Los padres toman decisiones por ellos, creyendo que van a estar seguros, teniéndolos a su lado. Realmente, este hecho, sólo produce frustración e infelicidad en los hijos. Los medios, al presentar modelos extraños a seguir e incitar a los jóvenes a adoptar conductas diferentes a las propias, aunado a la falta de certeza de los padres, al tratar de orientar y educar a sus hijos, provocan una reacción inesperada, propiciando en el adolescente una comunicación incierta, inadecuada y con una gran falta de comprensión.

Los parámetros culturales influyen mucho en la conducta y la comunicación de las personas; por esto, la educación que los padres y la sociedad le proporcionen a los hijos, desde pequeños, va a determinar el tipo de relación que éstos tendrán en el  hogar, con su entorno, con los amigos, con la sociedad y consigo mismos, una vez llegada la adolescencia.

JULIO CÉSAR SÁNCHEZ ESPINOZA estudia el último verano en Licenciatura en Comunicación de la Universidad Anáhuac Mayab, Mérida, Yucatán.

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