Universidad Anáhuac Mayab

Falsas señales

Publicado en: 11 de Julio de 2008

Falsas señales

Christian Zubieta Garcia

Quedamos a las 11... ¿Por que vuelve a llamar y pregunta si está bien a las 11, acaso le salió otra opción mejor que yo?,  No, ya no voy, si quiere irse con su mejor opción, pues que le vaya bien. La verdad  me importa un bledo….

¿Por qué algunas personas envían señales equivocadas en su comunicación? ¿Por qué, si la comunicación es la herramienta por excelencia que nos hace seres humanos, tenemos tantos problemas con ella? ¿Por qué hay tantos malos entendidos e incomunicación entre la gente? Sobre todo en las parejas. Es increíble que las personas vivan confiadas que sus mensajes son claros, cuando sus receptores piensan todo lo contrario. ¿Por qué enviamos señales falsas?

Las respuestas a estas preguntas son altamente complicadas, porque se adentran en la esencia misma del ser humano, en nuestra naturaleza social, pero también en nuestro ser que se aísla; somos una mezcla de comunidad y soledad. Hemos visto que la historia humana está llena de malos entendidos que ocasionan guerras y conflictos internacionales. ¿Será que la comunicación real es aún una posibilidad? ¿Estamos aún lejos de aprender a comunicarnos? Tratando de aterrizar esta problemática, decidimos enfatizar en los encuentros ocasionales de la juventud; observamos y reflexionamos sobre su comunicación.

En primer lugar, llegamos a pensar que los hábitos comunicativos se aprenden en la niñez y arrastramos los mismos problemas psicológicos que tuvimos en nuestros primeros días. Tal vez creemos que han sido superados, pero la psicología del desarrollo indica que los traumas y las inseguridades, que un día tuvimos de niños, seguirán reflejando su sombra en nuestra edad adulta. Aparentemente, es inevitable que venga a relucir la inseguridad, cuando se experimenta nuevos caminos, más aún cuando se trata de nuevas relaciones. Las inseguridades y temores se apoderan de nosotros casi sin poder evitarlo; sin duda, ante una nueva actitud, se experimenta el viejo fracaso.

Es difícil comprender, por qué, en ocasiones, sentimos que queremos decir algo, pero terminamos diciendo lo opuesto; creemos que esto sucede más frecuente en las mujeres. Sabemos que en ellas existe una mayor complejidad neuronal y existe una relación más compleja entre el sentir y el decir. Sin embargo los miedos pasados se apoderan tanto de los hombres como de las mujeres. ¿Cuántas veces una joven se ha encontrado sumergida en los rituales de una conquista, y por más que intente ser agradable, termina arruinándolo todo?

Por ejemplo: Una noche, en una fiesta, un joven varón observa la belleza de una muchacha e inicia el tan complejo ritual de cortejo; la observa, se acerca, le sonríe, y la muchacha le devuelve la mirada y saborea la aproximación; él cobra más confianza, se torna más varonil y galante; finalmente, extiende su mano y la invita a bailar. Ella, respondiendo al evidente coqueteo, esquiva su vista y sale de su boca un rotundo: No!!!  ¿Por qué? Si ella lo deseaba.

Entendemos que esta respuesta, que a su vez responde a una actitud, está inmersa en las inseguridades y traumas de su pasado, que la hacen sentir incapaz de mantener una relación estable. La joven limita la relación, aún queriéndola, por que se siente menos e insegura, pero no lo dice, sólo lo expresa con su negación. El joven se queda con el brazo extendido y finalmente se retira con un sentimiento de rechazo y humillación. Aunque las señales enviadas fueron de aceptación, la palabra contradice la mirada. Ella, una vez más, ahuyenta a los que desean acercarse, todo por el temor al fracaso, que fue lo que aprendió en su niñez.

Entiendo que la mayoría de las mujeres están sujetas a experimentar esta ensalada de sentimientos, provocados por alteraciones hormonales y por los códigos sociales y culturales que aprendimos. Además, se sabe que la sensibilidad es distinta para los hombre y que para las mujeres; sus cerebros funcionan e integran la información en forma diferente; el primero se enfoca en lo práctico, simple y directo; la segunda enfatiza la relación, el contexto y la vinculación, no sólo de lo que está sucediendo, sino lo del pasado y lo del futuro. Ella tarda más su respuesta, por que ve muchas más opciones de las que existen a primera vista, que es lo que el hombre no ve.

El hombre envía una señal directa, en el contexto presente: "quiero estar contigo ahora". La mujer interpreta esa señal, en función de su propia experiencia; ella es más receptiva a los detalles; se concentra en lo que escucha, pero también en lo que el hombre calla. El hombre es extrovertido y sincero al externar sus intenciones; la mujer, más reservada y cautelosa; el hombre es mejor emisor, la mujer, mejor receptora.

¿Cómo podríamos llegar a una mejor armonía en esta comunicación? Quizás, lo primero es que la persona pueda llegar a conocerse lo más posible a sí misma, así sus mensajes serán más efectivos. Segundo, hay que saber detectar las situaciones que nos asustan y profundizar en ellas. Tercero, comprender que ya no somos los niños inseguros y que hoy podemos dar una respuesta diferente. No tenemos por qué instalarnos en un pasado remoto, sino que podemos dialogar con nuestro niño interno y decirle: "no tengas miedo, estoy contigo".  

La persona adulta debe entender que esos traumas sucedieron hace muchos años, cuando no se tenía la madurez suficiente para entenderlos, y que nuestras respuestas eran inadecuadas. Hoy, ante el joven que tenemos al frente, con su mano extendida, podemos dar otra respuesta: "Sí, será un gran gusto bailar contigo". Enseñarle al niño lastimado que llevamos dentro, que no tienen por qué seguir ocultándose y afectando su vida social. Entender que el pasado ha quedado atrás  y que el momento presente, que es lo único que tenemos. Si lo logramos, no sólo bailaremos, sino que pasaremos una gran noche, con una gran persona: tú misma.

Christian Zubieta, es estudiante de sexto semestres en la carrera de Comunicación, de la Universidad Anahuac Mayab Mérida. El teatro y la danza son sus dos pasatiempos favoritos. [email protected]

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