Universidad Anáhuac Mayab

Reflexiones y lazos afectivos sobre la familia, a propósito de la muerte de la abuela.

Publicado en: 23 de Julio de 2008

  

Reflexiones y lazos afectivos en la familia, a propósito de la muerte de la abuela.

Christian Zubieta Garcia

 

Sentada a solas en una banca del salón 26, mientras espero la siguiente clase, con la puerta entre abierta, puedo ver a mis compañeros estudiantes pasar; unos  con lentitud, otros con más energía y algunos como instalados en su propio mundo, casi deteniéndose en el camino, como arrastrando los pies. Jóvenes que quizás estén pensando que mañana es viernes y que estarán dos días fuera de estos edificios, listos para el antro, el café o el cine. Lo veo y lo siento como algo completamente normal, soy una más de ellos. Pero mientras los observo, llega a mi mente mi abuela, que acaba de morir.

Muchas veces he escuchado la frase: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Creo que esas palabras nunca me habían golpeado ni significado tanto, como ahora que estoy en este salón. No se refieren a las tareas que debemos hacer para los maestros, a las promesas que les haces a tus padres ni a la limpieza de tu cuarto. Creo, por primera vez,  que esas palabras se refieren realmente a la familia. Pienso que no importa que tus seres queridos tengan mil defectos, que no sean comunicativos o que anden instalados en sus propios problemas; lo que importa es que son el núcleo al que perteneces. Entender esto, nos lleva toda una vida.

Al entender que dejé pasar más tiempo del que hubiera querido, sin estar con mi abuela, veo a los jóvenes y quisiera decirles: piensa en lo importante, en lo que de verdad tiene una verdadera razón para estar en tuy vida. He visto que muchos de mis compañeros se dirigen a sus padres sin ningún respeto; tratan de estar, lo más posible, fuera de casa. No desean enfrentar a ese padre que tanto los corrige y no aceptan la forma de ser de esa madre que da 10,000 consejos y advertencias, aunque no los necesitemos; o a esa hermanita que trata de involucrarse en nuestras vidas y quiere vestirse como nosotros. Uno no quiere volver a escuchar las mismas historias monótonas que provienen de un sillón, en donde reposa la abuela... hasta hoy, cuando ya es tarde.

     Desgraciadamente, uno siempre está ocupado, agradándole a  los amigos; viviendo al máximo el momento presente, sin pensar en el mañana; una vida una vida superficial, que no nos conduce a ningún lado. Se pasa uno corriendo sin saber a dónde va, como los compañeros que veo desde el salón. Vivimos como si fuera para siempre y casi nadie piensa en el momento cuando se cierran los caminos. Las horas se disuelven en el Chat, el celular, la computadora, la televisión y en el antro, sin jamás imaginar que sólo tenemos una cantidad limitada de tiempo. En lo menos que pensamos es en convivir con la familia, y mucho menos con las personas mayores, que ya van de salida. ¿Cuántas cosas perdemos en la vida por no reflexionar sobre estas cosas?

Recuerdo un impresionante ejercicio que experimenté en una escuela de actuación. Nos hacían acostarnos en el suelo y pensar que estábamos muertos en nuestro ataúd; teníamos que cerrar los ojos y nos pedían que nos imagináramos el momento de nuestro propio funeral. Cuando ya habíamos alcanzado la experiencia, el profesor nos preguntaba; ¿A quiénes ves?, ¿Quiénes fueron a tu entierro? ¿Qué ropa traen puesta? ¿Quién llora por ti? ¿Quién se acerca a tu ataúd y habla contigo? ¿Qué te dice? ¿Quien piensa que la vida será dura sin ti? Sin duda, los que tenemos el privilegio de tener madre, quizás primero la veremos a ella, estamos seguros que ella estará ahí. El ejercicio me permitió ver mi realidad en una forma totalmente diferente, como la estoy viendo ahora, a través de esta puerta.  

Muy pocas veces nos detenemos a pensar que somos vulnerable, frágiles y que, en cualquier momento, podríamos ya no estar aquí. Imagino que, si nosotros somos los que morimos, el asunto es menos grave; pero cuando el que muere es un ser amado para nosotros, ¿cuántas cosas quedaron pendientes con él? ¿cuántas palabras nos hubiera gustado decirle, pero ya no hay tiempo? Creo que, si somos nosotros los que quedamos vivos, estamos expuestos a experimentar un profundo dolor, sobre todo cuando los pendientes son muchos e importantes, o cuando la persona no llegó a saber lo mucho que la amabas. Quisieras revivirla para que te diera otra oportunidad, para abrazarla, pedirle perdón o suplicarle con nos cuenta otra de sus historias.  

A las personas que creen en un más allá, quizás imaginen que tendrán otra oportunidad de encontrarse con esa persona que hoy ya no está. A los que no tienen ese pensamiento, lo único seguro que tienen es esta vida, pero no se dan cuenta que aún tienen la oportunidad de convivir con esa personas que les tocó vivir, como tu madre, la hermana o la abuela. Es angustiante darse cuenta que, con esas personas amadas, sólo conviviremos una fracción de tiempo. No podemos hacer nada para ampliar o volver a vivir esas horas. Quizás podamos hacer algo: darles tiempo de calidad,  mientras la tengamos.

Hoy me duele que algunos de mis compañeros vean como obligación que los padres se sacrifiquen por ellos. Hay quienes me han dicho: "yo nos les pedí que me trajeran a este mundo, es su obligación ver por mi". Pocas veces reflexionamos que algunos padres hacen cosas inimaginables por nosotros, olvidándose incluso de vivir su propia vida, por resolver la nuestra. Nos acostumbramos tanto a que esto suceda, que olvidamos que todo esto que hacen, son favores nacidos del inmenso amor que nos tienen. A veces pienso que lo que nuestros padres hacen por nosotros, siempre termina siendo mucho mayor, a su compromiso como tal.

Y a pesar que tenemos a grandes amores en casa, nos encaprichamos por  recibir amor de personas que nos dañan. Uno cree morir cuando la persona con la que uno sueña, no nos llamó para invitarnos a un café. ¿Cuándo aprenderemos que el verdadero amor siempre estará  esperándonos en casa. Para el rompimiento con el novio, aunque parezca mortal, siempre habrá otro, dispuesto a amarnos. Pensamos que la vida está siendo cruel con nosotros, cuando los amigos nos dejan de hablar y nos hundimos; perdemos el sentido de la vida y buscamos falsas salidas. ¿Cuándo comprenderemos que una buena dosis de comunicación clara con nuestra familia, puede resolver los grandes cataclismos de nuestra vida universitaria? Los padres nos dieron la vida: ¿será que nos conocen más de lo que nosotros imaginamos?

Si tuviera a mi lado a una de mis mejores amigas, le diría: "acabo de entender algo: no dejes de decirle a la abuela cuánto la quieres, lo mucho que amas a tus padres y no olvides darle un beso a tu hermanita cuando regreses a la Universidad. Tampoco olvides que al final del día, pase lo que pase, la familia es lo único sólido que tienes". Eso le diría si estuviera a mi lado, pero estoy sola y debo terminar, porque el maestro acaba de llegar. 

P:D: Me hubiera gustado sentarme más tiempo con la abuela, llenarla de besos y escucharla hablar de los pájaros que tanto amó.

  

Christian Zubieta, es estudiante de sexto semestres en la carrera de Comunicación, de la Universidad Anahuac Mayab Mérida. El teatro y la danza son sus dos pasatiempos favoritos. [email protected]

 

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