Universidad Anáhuac Mayab

Personas humanas, valores y rosas

Publicado en: 12 de Enero de 2010

  

Personas Humanas, valores y rosas.

Regine Clemenceau Lucas*

 

"El siglo XXI o es ético o no será." He escuchado esta frase quizás cientos de veces, pero es hasta este momento que la comprendo; hasta hoy entiendo que no es una frase bonita, sino una verdad… una realidad. Hemos entrado en un  nuevo momento histórico, donde es imprescindible reconocer y establecer la inmensa diferencia que existe entre seres humanos y personas; ambos términos no son sinónimos; la diferencia está en los valores, las actitudes y la conciencia de los demás. Este es el aprendizaje más significativo que he obtenido en la Universidad.  

 

Todos somos seres humanos y hemos evolucionado como tales, pero existe un nuevo proceso en nuestra evolución que no es biológico, sino cultural y es éste el que nos convierte en personas humanas. Aunque todos somos seres humanos, no todos logramos ser personas humanas. Algunos quizás lo intenten pero la gran mayoría ni siquiera se percatan de que tal nivel existe. Creo que todos juntos como sociedad debemos recuperar nuestros valores y darnos el tiempo para ejercitarlos en los demás, sin importar dónde estemos, de qué color sea nuestra piel ni cómo nos llamemos, lo importante, es convertirnos y ayudar a convertir a los que nos rodean, en personas humanas.

 

Así como el hombre ha evolucionado, también lo ha hecho la sociedad misma. Las estructuras sociales han cambiado. Los motivos de las personas para hacer o dejar de hacer algo son otros, así como las formas y los recursos, pero los valores siguen ahí, aunque para algunos parecen estar escondidos o en crisis.

 

Creo firmemente en dos valores que, si no son la solución de todos los males, son sin duda el principio de ella: Tolerancia y Solidaridad. La primera es comprender y aceptar al otro; no es sólo entender que no somos iguales, sino comprender las diferencias y lograr la convivencia; no es adoptar las creencias del otro ni  convertirnos en él, sino convertirnos mutuamente en uno mismo, un solo ser humano más pleno e íntegro.

 

Pensar en tolerancia me lleva a la frase de Esopo, "Unidos, nos mantendremos en pie; divididos, nos caeremos", una frase tan simple y tan cierta y que tantas veces parecemos olvidar. Nada funciona cuando está separado; lo vemos en la física y en las matemáticas, "el todo es más grande que sus partes" y sin duda, también es más fuerte.

 

Un edificio se caería si sus cimientos no están unidos, y eso es lo que pasa con una sociedad intolerante. Sus miembros se dividen por no aceptarse unos a otros, pues "los de arriba" se mantienen distantes de "los de abajo" y "los de en medio", flotando entre ambos. El edificio de la sociedad se cae frente a nuestros ojos. Es la tolerancia, lo que nos permite compartir, convivir, coexistir y así, levantar el edificio.

 

La solidaridad, por su parte, es ver al prójimo como una extensión de nosotros mismos y comprender sus necesidades, deseos y problemas, como los propios. Es saber seguir nuestro propio camino, pero sin dejar de voltear a ver a los que nos acompañan en él. Muchos confundimos la solidaridad con el simple hecho de ayudar a los demás en momentos de crisis; incluso consideran que su labor de solidaridad queda cumplida cuando brindan ayuda a alguien de bajos recursos o que está "necesitado". Solidaridad es sentir las injusticas ajenas como si fueran propias.

 

Existen muchísimos más valores que éstos dos, sin embargo, para que todos  en su conjunto nos lleven a un mundo mejor, es necesario que cada quien, tome los que son importantes para él y su entorno. A fin de cuentas, un valor es algo por lo que vale la pena vivir.

 

En una clase de la Universidad se habló del cuento: "El Principito".  En esta obra, el personaje principal tiene una rosa que él debe cuidar, pues es su más grande tesoro. Así como, el personaje, todos tenemos nuestra propia rosa, pero muchos la olvidamos. Veo esta rosa no sólo como las personas más valiosas que nos rodean y que son importantes para nosotros, sino también como esos valores que cobran significado cuando son algo por lo que estamos dispuestos a vivir… o a morir.

 

La raza humana ha conseguido un sin fin de logros, ha encontrado curas para miles de enfermedades y ha construido edificaciones enormes; prácticamente ha logrado todo lo que se ha propuesto, pero hay algo que le falta por hacer y es terminar de consolidar a la sociedad con reales y profundos beneficios para todos, sin importar qué tan diferentes somos unos de otros.

 

El más grande defensor de los derechos civiles, Dr. Martín Luther King Jr, dijo un día: "hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos."

 

*Regine Clemenceau es estudiante de segundo semestre en la Escuela de  Comunicación de la Universidad Anáhuac Mayab.

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