Universidad Anáhuac Mayab

Una pequeña historia… que pudo no ser.

Publicado en: 10 de Marzo de 2010

  

Una pequeña historia… que pudo no ser.

Mariana Rios  Ríos Orozco*

 

"Esto que estoy viviendo, no puede ser cierto, debe ser un mal sueño, una pesadilla, POR FAVOR, que alguien me despierte. Fueron las palabras que salieron de mis labios, hace tres años, cuando supe que estaba embarazada.

Miles de preguntas inundaban mi cabeza, ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Cómo se lo digo a mis padres? ¿Qué van a pensar mis amigos? ¿Cómo le doy la cara a toda la gente que me conoce? ¿Qué van a decir de mí? ¿En qué momento me perdí?, ¿En qué momento me dejé llevar?, ¿Qué voy a hacer? No podía comprender por qué me había pasado esto a mí, ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora?.

Otros miles de sentimientos encontrados me invadían, tenía miedo, estaba enojada, angustiada, molesta, lloraba y me sentía muy sola. Me había dejado llevar por una gran pasión que sentía, sin pensar en todas las consecuencias e implicaciones que esto traería.

En mi cabeza no cabía  explicación para lo que me estaba sucediendo. En ese momento lo único que deseaba era desaparecer, deseaba que nada de esto me estuviera pasando, era una horrible sensación. Me encontraba hundida entre sentimientos y pensamientos, entre dilemas y teorías, preguntas y respuestas, mi cabeza y mi corazón parecían un torbellino que no paraba.

Algo ya estaba en mi vientre, pero yo no podía aceptar su presencia; yo no estaba preparada, tenía planes, sueños, quería terminar mi carrera, tener un trabajo, casarme y después tener hijos. Esto no era como lo había planeado, no era lo que deseaba en ese momento. No me sentía capaz de cargar con tanta responsabilidad, sentía que mi vida apenas comenzaba como para hacerme cargo de otra.

Mi mundo se había cerrado y por un momento todo lo blanco era negro, el día parecía noche, y la noche no tenía estrellas; mis lágrimas  no cesaban, estaba  cegada ante  el mundo. Los días pasaban, la tristeza y el miedo me invadían cada vez más, quise renunciar a todo lo que me rodeaba, no me podía levantar, no quería salir de mi habitación, mi cama era el único lugar en el que quería estar.

Los días pasaban, entre la neblina de la soledad y el miedo, pero intenté dar el primer paso y salir de ese encierro, necesitaba encontrar una solución. Necesitaba de alguien en quien desahogarme, necesitaba ayuda, me sentía sola y perdida.

Comencé por buscar a mis amigos, que alguien me hiciera comprender lo que pasaba en mi interior. Para algunos fue difícil aceptar lo que yo decía, pero para otros, por extraño que se escuche, fue una alegría muy grande, e intentaron motivarme para seguir adelante; trataron de explicarme el milagro en el que me había metido.

No fue fácil. Me resistía a caminar por las calles escuchando murmullos a mis espaldas, no podía tolerar la idea de que la gente me señalara con el dedo. Además de que me costaba mucho trabajo renunciar a todo aquello que tenía planeado. Los días iban pasando, el dolor aún continuaba, pero empecé a entender que no podía continuar de esta manera, necesitaba una solución. Aunque me doliera en el alma renunciar a mis sueños, tenía que encarar una responsabilidad mayor: sería una mamá.

A pesar del trabajo y el dolor que esto implicaba, día a día, paso a paso, pude ir asimilando y entendiendo que esto que me pasaba era una situación real, que por más que quisiera transformarla en un sueño, para despertar o querer desaparecer o huir de ella, no podía, en mi vientre crecía y se desarrollaba mi hija. Una vida que, al igual que yo, quería crecer, reír, jugar y ser feliz.

Fui entendiendo que era el  egoísmo, de no querer renunciar a mi vida anterior,  el que me estaba atormentado, era ese sentimiento el que me estaba cegado y no me dejaba ver el hermoso horizonte que se abría ante mis ojos. Una vez que abrí mis ojos al "aquí y al ahora" que me rodeaba, fue cuando vi que mi vida había girado de rumbo… y lo acepté.

Emprendía un viaje distinto al que había imaginado, pero ahora tenía, no un sueño o una ilusión, sino una razón para vivir. El viaje que comenzó una noche no sería fácil, a veces dolería, y sufriría, pero estaba dispuesta. Tomé el valor que me quedaba y venciendo todos mis miedo, le dije: tocando mi vientre: "Va por ti pequeña".

Comprendí que lo mejor de la vida también trae un profundo dolor y que sólo así se aprende amar con todo el corazón. Tres años han pasado desde aquella  noche. El vacío que algún día sentí y no comprendí, hoy se ha convertido en la razón más hermosa para vivir.

*Mariana Rios Orosco es estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Familia, en la Universidad Anáhuac Mayab. e-mail: [email protected]

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