Universidad Anáhuac Mayab

Alumbramiento en el cielo.

Publicado en: 18 de Marzo de 2010

  

Alumbramiento en el cielo.

Patricia del R. Baas Rejón*

 

Te escribo con la finalidad de plasmar lo que estoy sintiendo. Sé que partiste y jamás podrás leer esto, pero me consuela saber que tu amor estará conmigo siempre.

Día con día recuerdo tus enseñanzas. Cuando era pequeña, no las entendía, pero sabía que algún día me servirían, y ahora, aquí me tienes tratando de hacer de cada una, una guía y una señal. Se han convertido en algo que dirige mi vida, así como tú lo hiciste con la tuya. Siempre en búsqueda de la superación, la entrega constante de amor y el servicio incansable a los demás.

Te fuiste de una manera muy rápida. La noche que te perdí, ni siquiera tuve tiempo de despedirme, mi cabeza no comprendía, no podía entender que jamás te volvería a ver, que no volvería a escuchar el sonido de tu voz.

Quiero que sepas que todos los días me levanto y me esfuerzo para que todo continúe. Pero tu imagen viene siempre a mi mente; a pesar de que existen muchas personas a mí alrededor, me siento sola, porque tú no estás. Sé que la vida continua y la gente hace su mejor esfuerzo para que yo salga adelante, pero por más que lo intento no puedo reponerme aún de tu partida.

No es fácil perder a una persona que amas, aunque sepas que ella estará mejor en un lugar donde el sufrimiento y le dolor no tienen cabida, un lugar en donde la alegría, el amor y la VIDA se encuentran en su máximo esplendor.

Es irónico sentirse sola cuando hay tanta gente a tu alrededor; es confuso no poder controlar el sufrimiento y la tristeza; estoy consciente que la muerte no es más que un paso a una nueva vida, pero eme aquí, tratando de canalizar este dolor, este sufrimiento que me hace recordar mi naturaleza humana.

Hace unos días mientras observaba a María y Paula jugar con sus muñecas, tratando de ser la mejor mamá, compitiendo por quién  cuida más a su "Bebe", recordé todo aquello que tú hiciste por mí. Eso me renueva mi compromiso para con mis hijas, algo que tú siempre me enseñaste: estar comprometida con lo que amamos.

Es impresionante cómo, con el paso del tiempo, cambia nuestro concepto acerca de las demás personas. Cuando niña, yo recuerdo que tú eras mi máximo, eras mi heroína, sentía que mamá todo lo podía, pensaba que si tú estabas a mí lado, nada podía vencerme. En la adolescencia, pasaste de ser heroína a ser villana. En ese entonces no entendía por qué no podía salir hasta tarde, por qué no podía vivir a mí manera, sin tener que seguir tus reglas. Poco a poco comencé a entender muchas cosas, y entonces te convertiste en mí guía, mí ejemplo. Comprendí que quería tener una familia como la que tú habías formado; aprendí a admirar tu fortaleza, tu dedicación y entrega, hasta que te convertiste en un ejemplo a seguir.

La vida me concedió ser tu apoyo y tu sostén cuando tus pies comenzaban a temblar al caminar, cuando las cosas, por más que las sujetabas, se te soltaban de las manos, cuando la vista ya no te alcanzaba y los tropiezos eran  cada vez más seguidos. Me reconforta saber que pude brindarte los cuidados necesarios, así como tú lo hiciste cuando yo era pequeña. Por un tiempo mi heroína necesitó que yo fuera su bastón, sus ojos y sus oídos; lo hice hasta que llegó el momento de tu partida. Pude hacer algo, pero, hiciera, lo que hiciera… no pude evitar lo inevitable.

La tristeza que me embarga es enorme. Surge del amor que te tuve y que siempre te tendré. Sólo espero que algún día pueda volver a encontrarme contigo, espérame, llegaré  a ese paraíso en el que ahora tú estás.

Te propongo algo, tomemos esto como un nuevo embarazo para ti. Así como un día, cuando supiste que yo estaba en tu vientre, comenzaste a prepararte y esperarme nueve meses, hoy recibe la noticia de que vuelvo a estar dentro de ti. El tiempo que me quede de vida, continuaré creciendo y desarrollándome, mientras tú esperas mi nueva llegada. Ahora tu partida es un paso a una nueva vida y mi sufrimiento adquiere un nuevo sentido. Espérame, día recibirás a tú pequeña y, como ya una vez lo hiciste, me enseñarás un nuevo mundo y me conducirás a mí padre… de la misma manera como lo haré algún día con mis hijas. Te amare por siempre. Tu pequeña.

 

*Patricia del R. Baas Rejón es estudiante de Ciencias de la Familia en la universidad Anáhuac Mayab. [email protected]

 

 

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