Universidad Anáhuac Mayab

Metamorfosis

Publicado en: 13 de Abril de 2010

 Metamorfosis

  Ericka Contreras Pérez*

 

"Con los cincuenta kilos de grasa que perdí, se fueron todas las porquerías que he venido  cargando desde hace años;  el rencor y odio a mis padres me amargaron la vida… El día que decidí dejar todo esto atrás fue cuando mi mamá murió. Estando junto a su lecho de muerte le dije: "mami vete en paz, nada me debes y nada te debo". La besé y murió. Imagínate que, desde que me fui a los 17 años de mi casa, no la abrazaba, ni tocaba, no podía… porque la odiaba".

Estas son las palabras de Laura, una mujer de 48 años que se sometió a una cirugía de bypass gástrico hace dos años. Ella pasó gran parte de su vida sin poder mirarse en un espejo, sentía  repulsión por su propio cuerpo obeso; me dijo: "los kilos de más representaban el rencor que tenía hacia mis padres". Ella tuvo una madre orgullosísima, que no miraba al piso ni siquiera para evitar caerse, y vivió con un padre, digno representante del macho mexicano. Hoy Laura mira hacia atrás y sabe que es hora de cambiar; se da cuenta que ha lastimado a sus hijos y que ellos han pagado el alto precio de su amargura.

Durante muchos años, bajo el modelo y ejemplo de su propia madre, privó a sus hijos de los besos y abrazos de una madre, del consejo o la comprensión de lo que es un niño; ella sólo conoció golpes y reclamos. A los quince años dejó la casa paterna ante la indiferencia de su madre; no supo cómo relacionarse de otro modo con sus hijos. Pero lo que ahora está aprendiendo es que nunca es tarde para cambiar la historia.

El primer paso para remediarlo fue la decisión de operarse, eso era lo más sencillo; la cirugía implicaba un alto riesgo para su salud, pero era una prueba a su voluntad. Ahora no puede comer ningún alimento sólido. Ha tenido que renunciar a los sopes, pechugas empanizadas, pozole, los tacos y tamales que tanto disfrutaba, para suplirlos por licuados de avena, papillas y ensaladas muy finamente picadas. La operación de bypass gástrico  es un símbolo del cambio que ella deseaba en su vida y que inició al perder peso.

El segundo paso fue reencontrarse con sus doce hermanos y tratar de enseñarles, con su ejemplo, que es posible perdonar a los padres; quería hacerles entender que, al perdonar, le daban un giro nuevo a la historia familiar y a no seguir con los patrones tan negativos de conducta que tanto los habían destruido. Pero no fue fácil. Sólo una de sus hermanas aceptó reencontrarse con su padre, perdonarlo y hacerse cargo de él, ahora que es viudo.

Otro gran paso ha sido decidirse a realizar su especialización profesional, pero no sólo eso, sino que su decisión  implica dejar a su esposo e hijos, para irse a vivir sola a una nueva ciudad; estudiar algo que siempre había querido. Iniciar la aventura de ser estudiante a sus casi cincuenta años, enfrentándose a las nuevas tecnologías y  a la intolerancia e impaciencia de la mayoría de sus jóvenes compañeros.

Laura asume sus decisiones como escalones que la llevarán hacia algo que siempre ha soñado: su propia felicidad; comprobar, que con su esfuerzo, es posible cambiar el destino. No han sido decisiones fáciles pero ella apuesta el resto de su vida ante la posibilidad de, finalmente, ser feliz. Ahora ella valora más su vida y reconoce que tuvo que vivir todas esas amargas experiencias para poder emerger cual mariposa de su capullo.

Esta mujer se está convirtiendo en un ser ejemplar, que va dando pasos hacia su transformación. Su metamorfosis consiste en tener el valor de aprender a: perdonar, amar, soñar, fortalecer su voluntad y simplemente vivir. "Venimos a este mundo a ser felices, no a cargar cosas que no tengas que cargar; deja y suelta  los malos sentimientos, los malos recuerdos, las pesadillas del pasado,  las malas compañías y decide lo bueno para ti…  eso es también es bueno para los demás". Fueron unas de sus últimas palabras, antes de partir hacia una nueva vida.

Personas como ella vienen al mundo a aprender duras lecciones y a compartirlas al final de su viaje. Muchos dicen que no se aprende en cabeza ajena, pero ya no lo creo: he aprendido mucho de ella.  Hoy te digo a ti Laura: gracias por contarme tu vida, por compartir tu dolor y ahora tus sueños y esperanzas; gracias por sentarte un momento a mi lado, para yo escucharte y hoy escribir parte de tu historia. Prometo que recordaré lo que me dijiste al despedirnos: "La vida a pesar de todo, y de todos, es bella, sólo tenemos una,  así que… disfrútala"

 

*Ericka Contreras Pérez es estudiante de la Licenciatura en  Ciencias de la Familia en la Universidad Anáhuac Mayab . [email protected]

 

 

Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab