Universidad Anáhuac Mayab

Auto conocerse… es salvarse a uno mismo.

Publicado en: 13 de Mayo de 2010

  

Auto conocerse… es salvarse a uno mismo.

Guillermo Martín González*

 

Ayer, por primera vez, comprendí de qué se trata eso de: "Aprender a vivir". Sé que sonará exagerado pero llevaba más de 20 años sin realmente entender la frase.

Pero, por muy importante y trascendente que sea para mí, no puedo realmente transferirlo. Puedo escribirlo, esperando que alguien me entienda, pero no es posible aprenderlo, a través de otro,  porque se trata de un autoconocimiento, es algo personal. Esto es lo que aprendía ayer. 

Comprendo, por primera vez, que las verdades de los filósofos y de los grandes pensadores, para que tengan sentido, deben comprenderse nuevamente, cada día, por cada uno, por mí mismo. El conocimiento o, es personal, o sólo es información. 

Hasta hace sólo unos días, y después de mucho tiempo de no saber lo que era vivir, aprendí a hacerlo. Aprendí a salvarme lentamente de una vida condenada a la creciente agonía, que estaba arrastrando hasta el día de mi muerte.

Hace un par de años me sentía muerto, sin ningún sentido sobre lo que hacía y perdido en un mundo que no era mío.  Despertaba algunas  noches con una ira incontenible, que sólo se podía controlar con un golpe directo a la recámara de madera y luego dormir. Había una razón: no era feliz.

Soy estudiante de licenciatura y a un paso de graduarme; no soy ningún estudiante sobresaliente ni popular entre mis amigos. Tampoco soy conocedor de antros y soy poco invitado a fiestas o reuniones de grupos. No me considero una persona muy atractiva ni brillante.

Mi vida ha sido tranquila, tengo a mis padres, disfruté de mi infancia con mis hermanos y abuelos.  He tenido bienes materiales y todo lo que pido lo he conseguido. Entonces ¿cuál era el problema? Precisamente ese: ninguno.

¡Ninguno!  Justo este es el problema: todo en la vida ha sido fácil para mí. Creo que muchos quisieran vivir mi vida, pero no se los recomiendo. Saber que todo te lo pueden solucionar; no tener una meta sólida o un sueño por el cual luchar; ver que pasan los días uno a uno, y que tu vida se apaga, como una vela entre tus manos;  no tener algo de lo cual estar orgulloso o una razón para querer llegar a ser alguien. Mi vida carecía de sentido.

 Mi vida ha transcurrido sin sobresaltos, sin grandes acontecimientos que cambiaran el rumbo de mi vida; mis padres todo lo solucionaban. No importaba si yo me portaba mal en la escuela; en casa me decían: "no te preocupes, todo está bien". Nada estaba en el lugar equivocado, la vida seguía la misma rutina de siempre… hasta que comprendí que mi vida no iba a ningún lado.

La gente entiende la vida a partir de lo que decide vivir. Los científicos la clasifican por los hechos; los maestros, por la disciplina; los payasos, por las alegría; los alcohólicos, por su despreocupación; los infieles, por el placer; los desgraciados, por hacerle la vida imposible a los otros;  y los justos, al intentar dar a cada quien lo que se merece. 

Cada uno escoge qué es lo que desea vivir y recibirá lo que busca. Yo no buscaba nada y no recibía nada. Acabo de aprender que si quieres saber vivir, decide qué postura quieres tomar e intenta defender esa elección. Pero estas palabras únicamente funcionan para uno mismo, el cambio tiene que ser interno. Habrá que vencer muchos miedos, al alejarte de la seguridad, pero recuerdo una frase: "Los barcos en puerto están seguros… pero no se hicieron para eso".

Viene a mí la palabra: "salvación",  pero no como algo que tenga que ver con la religión o con alguna terapia, sino como un encuentro contigo mismo. Se refiere a ir disminuyendo el sufrimiento que todos llevamos dentro, que se genera en nosotros por una u otra razón. Salvar lo entiendo como una ausencia de temor y el encuentro de la propia seguridad.

Hay un obstáculo en el camino a esta salvación: el uso de "máscaras". Vivimos en un mundo competitivo y consumista; tenemos necesidad de usar máscaras para aparentar, agradar y sentirnos importantes. Pero sólo pueden suceder dos cosas: que se te caiga la máscara y todos descubran que mientes, o que la máscara se adhiera a ti y ni tú mismo reconozcas quién eres.  

En el corto tiempo que he vivido sin máscaras, he descubierto mejores amigos, me siento más libre y relajado.  Estoy empezando a saber: "Quien soy" y aprendiendo a "Vivir la vida".

En este proceso, el tiempo puede ser amigo o enemigo, dependiendo de en qué inviertes el futuro; puedes dejar las cosas para mañana, pero el mañana es incierto y el hoy es la única realidad que tenemos.

Si has leído hasta el final, gracias. Deseo que mis palabras te sirvan, tanto como a mí. Aún no estoy del todo firme y quizás nunca lo llegue a estar, pero compartir esto me ayuda a querer cambiar mi vida, como diría el Padre Ignacio Larrañaga… del sufrimiento a la paz.

 

* Guillermo Martín González es estudiante del último semestre en la Escuela de Ciencias de la Familia, en la Universidad Anáhuac Mayab. Su correo es: [email protected]

 

 

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