Universidad Anáhuac Mayab

Psicología del perdedor

Publicado en: 06 de Julio de 2010

 Psicología del perdedor

Regine Clemenceau Lucas

 

Estamos en tiempos de competencia, el evento por el cual esperamos cuatro largos años, la unificadora: Copa Mundial de Fútbol. Qué mejor momento para hablar de la psicología del perdedor.

 

Los equipos mexicanos tendemos a ir a estos campeonatos con la actitud de: "hacer el mejor esfuerzo" y vamos desmotivados desde un principio, dispuestos a hacer: "lo que podamos". Pero esto se refiere a los que nos representan, a los jugadores, pero en este ensayo, hablaré de los que no vamos, sino de nosotros como audiencia y como aficionados.

 

Hablo de las actitudes que puede tener el público, según los marcadores posibles. El primero de ellos es el "Empate"; aquí la actitud tomada tiene dos opciones, dependiendo del equipo oponente. Si es un equipo difícil, el sentimiento es casi como de victoria: la afición promulga frases como: "teníamos las de perder", "era un equipo invicto", "mucho mejor que haber perdido" Y a pesar de lo que representa el empate, en cuanto a puntaje y lugar en la tabla, no parece importarnos. Mejor decimos: "evitamos que ganara una vez más ese equipo que parecía invencible";  y así, todos nos quedamos contentos por haber empatado o más bien, por no haber perdido.

 

Pero cuando el equipo contrario era un oponente fácil, entonces las cosas cambian y las frases que comentamos son: "pudimos haber hecho más" o "debíamos de haber ganado" y entonces no quedamos tan contentos. Y es que, antes de haber siquiera salido a jugar, ya habíamos subestimado al equipo contrario y nuestro sentimiento se había vuelto de superioridad absoluta. El equipo entra al campo con la certeza de un ganador y esto hace que, al acabar en empate, nos sintamos decepcionados; este resultado afecta a nuestro ego, porque: "era un equipo fácil".

 

Ahora hablemos de la victoria, la deliciosa victoria: "Cuando gana nuestro equipo, ganamos todos". Entonces: "todos hicieron un excelente papel" y "nunca dudé que ganaríamos". Con la victoria podemos perdonar todo y a todos: las faltas no marcadas, los castigos injustos y los errores de los jugadores o del entrenador; nuestro ego se infla hasta más no poder. Pero a pesar de que la victoria siempre se siente bien, el sentimiento de gloria puede incluso variar, dependiendo del oponente; cuando éste es difícil, nuestra sensación de grandeza se potencializa, volviéndonos a todos eufóricos.

 

Este sentimiento de éxito llega a tener un impacto positivo, tanto en los individuos, como en el equipo y en el inconsciente colectivo. Cuando un equipo gana, los fanáticos se vuelven más productivos, comparten el triunfo de su equipo y lo toman como suyo; les genera un deseo de extrapolar ese triunfo a su propio trabajo. Los seguidores del equipo ganador se vuelven más amables y solidarios con sus iguales, lo que mejora sus relaciones, aunque sea mientras dure su euforia. En general, con tanta gente sintiéndose triunfadora y más alegre, nuestro ambiente social mejora.

 

La euforia de los campeones también puede tornarse negativa y llega a volvernos agresivos contra el equipo perdedor. Antes de salir del estadio, comienzan alborotos entre los fanáticos de ambos equipos: insultos, bromas y hasta golpes. En el Distrito Federal prohibieron la entrada de la afición a los estadios de fútbol y todos los partidos fueron a puerta cerrada debido a la violencia en los estadios que se salió de control. Ya sea negativa o positivamente, la victoria tiene un gran impacto en todos nosotros.

 

Y ahora, el momento de la verdad, ¿qué pasa cuando nuestro equipo pierde? Cuando nuestro equipo gana, ganamos todos, pero cuando nuestro equipo pierde, pierden ellos, sólo ellos. Es aquí cuando satanizamos todo lo ocurrido y magnificamos todos los errores y las injusticias; en ningún caso aceptamos nuestra culpa. Las frases son: "perdimos como siempre", "ya sabía que no ganaríamos" o "el árbitro se vendió", entre otras tantas que incluyen toda una colección de insultos.

 

La derrota acaba con nosotros, se siente en el ambiente; tristeza combinada con coraje, apatía, odio y desesperanza. Desde la salida del estadio los rostros se ven tristes y esta actitud se extrapola a otras situaciones; aquello que mejoró con la victoria se descompone aún más; la productividad disminuye y las actitudes de amabilidad, solidaridad y alegría se van por la borda; la gente actúa con desdén e incluso con violencia.

 

De esta manera, podemos ver cómo algo tan simple como los resultados de un marcador, reflejan nuestra verdadera actitud ante la derrota y dejan ver nuestra psicología de perdedor. Somos competidores por naturaleza y estamos supeditados a nuestras victorias y derrotas. Ojala México, algún día, por el bien de todos, despierte su mentalidad de ganador.

 

Regine Clemenceau Lucas es estudiante del cuarto semestre en la Escuela de Comunicación en la Universidad Anáhuac Mayab. Su blog es: http://elrinconderegine.wordpress.com. Su correo: [email protected]

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