Universidad Anáhuac Mayab

El secreto

Publicado en: 08 de Julio de 2010

El secreto

Ligia Cetina Estrella*

 

La mañana me tomó por sorpresa, era un día soleado, pero los  grados continuaban bajando como se esperaba en enero. A mi lado se encontraba algo de ropa, que seguramente habría dejado un día antes como era de costumbre.

El baño fue revitalizante, automáticamente me puse los jeans, una blusa y un cárdigan negro.  La persona que vi en el espejo del tocador, continuaba un poco pálida, con unas pequeñas bolsas bajo los ojos, pero al menos pude reconocerme, de alguna manera lo casual de mi apariencia me evitó que me provocara otro ataque de pánico.

Dos sentimientos que no eran frecuentes en mí generaban un estado errático y consideraba que ni la ira, ni la tristeza iban a cambiar lo ocurrido. Por el momento, estaba más en contacto con la pérdida y lo único que me quedaba por hacer era superarlo, por cualquier medio.

Salí del cuarto, a la primer persona que vi fue a mi papá, corrí y no lo solté, siempre me siento segura cuando mi padre se encuentra cerca y necesitaba aquietar la mente un momento, antes de tener que comenzar a narrar la historia completa.

Mi padre tampoco sabía con exactitud lo que había sucedido. Aunque sospechaba que le comentaría algo. Además que conociéndome, le quedaba claro que no osaría a preguntar nada, hasta que buenamente fuese yo quien lo dijera.

La angustia se me subía al rostro, por más que trataba de no evidenciarlo. Pero frente a mí se encontraba la persona que mejor me conoce, así que los esfuerzos por esconder las emociones fueron finalmente acallados.

Cerré los ojos, me apoye sobre la meseta y dejé que la mente jugara con otros recuerdos. Apenas me surgía una sonrisa, cuando regresé súbitamente a la realidad al escuchar unos golpes en la puerta.

Era más familia que obviamente estaban preocupados, a todos se les notaba consternados. Algunos continuaban preguntando sobre la noticia, no se les veía convencidos de creer lo que escuchaban. 

Estaba apenada, mi corazón sólo emanaba cólera, la tristeza que debería estar sintiendo, era más bien amargura. Pero cómo podía mantenerme odiando cuando había sido testigo del desmoronamiento de una madre, cubierta de negro, de lágrimas, de desesperación.

El dolor de los padres por la muerte, sobre todo prematura, de algún hijo, eclipsaba por mucho la congoja que pudiera sentir yo, la novia traicionada. Ya no quería sentir rencor, quería olvidar, no podía dejarles, ni dejarme un recuerdo así, no les podía decir que la última vez que lo vi fue para reclamarle una infidelidad, es así donde empezaría mi duelo en silencio y con mucho rencor. Y fue entonces que mentí.

Casi toda la noche, había estado organizando las pocas cosas que me quedaban de Jorge. Busqué en cada rincón de mi cuarto, no quería que en el momento menos esperado me encontrara con algo que me hiciera regresar a la miseria en la que me estaba instalando.

Las heridas estaban muy frescas, fueron tantos golpes, ya no tenía mucho que hacer en realidad. La única razón por la que viajé todo el verano a Zacatecas, a esa casa lejos de Mérida, era para que me recuperara, que volviera a ser la mujer que alguna vez fui. No los escombros de la relación de años con Jorge que había dejado.

El verano sólo me enseño a fingir y perfeccionar todas esas habilidades y con los años aprendí hacer a un lado los sentimientos y continuar con mi vida, como si hubiera sido una película que alguna vez vi y nunca platiqué, pero de vez en cuando recordaba y con recelo y rencor mencionaba.

Ha pasado el tiempo y hasta la semana anterior tomé la decisión de dejar ir las cosas al saber y reconocer que nunca lo perdoné, sólo lo hice a un lado y continúe con mi vida, no quería lidiar con ello, tenía miedo, ese fue el resultado a que llegué después de un análisis profundo.

Todo inició al escuchar que yo soy el resultado de una competencia, que en una sola descarga miles de millones espermatozoides, que luchan por llegar al óvulo, al final YO gané. Desde ahí me sentí especial; saber que puedo superar cualquier obstáculo, y no sólo eso, sino creerlo y llevarlo como lema. Tengo todas las habilidades, sólo haya que reconocerlas y pulirlas. Es así como empecé a indagar en mi interior y decir estoy viva: ¿que estoy haciendo para merecer esta vida?,  ¿cuál es el papel que debo tomar en mi vida?, ¿lo estoy cumpliendo?, ¿he perdonado?, ¿he amado sinceramente?, ¿he ayudado alguien?

Después de ese diálogo interno identifiqué los momentos más significativos que han marcado mi vida y encontré este recuerdo: el 17 de julio cumple 6 años de haber fallecido Jorge y por primera vez cuento la historia; no tengo miedo, soy humana y sé que no soy perfecta, cometo errores, pero estos mismos son los que me hacen crecer y aprender, estas experiencias me han hecho la persona que soy, y ahora estoy lista para soltar mi carga y empezar una nueva etapa de mi vida.

No tengo miedo a la muerte porque es inevitable y el día que llegue podre preguntarme a mí misma: ¿amé?, Sí; ¿el amor de mi vida?: Angel; ¿serví?, Sí, y si me lo permites más tiempo, lo seguiré haciendo; ¿perdone? Sí, y fue lo más difícil.

 

*Ligia Cetina Estrella es Licenciada en Mercadotecnia; trabajó como Coordinadora del Departamento de Comunicación y Promoción Marista. Está terminando su primer año de la Maestría en Diseño en la Universidad Anáhuac Mayab. Su correo electrónico: [email protected]

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