Universidad Anáhuac Mayab

El ser humano en el universo

Publicado en: 18 de Agosto de 2010

  

El ser humano en el universo.

Roberto Isaac Rico Camacho*

El universo es un conjunto de cosas únicas y objetivas, donde un interminable número de variables interactúan y se transforman. Definitivamente, cada quien ve ese universo desde un punto de vista distinto y puede observar el mismo hecho de una forma completamente diferente a los demás. Sin embargo, los fenómenos existen y ocurren de una sola manera. Entiendo que el ser humano está limitado a conocer sólo una parte de esta complejidad y es erróneo pensar que cada individuo crea su propio universo.

El ser humano jamás será capaz de conocer todas las variables que componen el universo, ni siquiera será capaz de conocer la palma de su propia mano: su composición química, el número de receptores, moléculas o átomos. Hasta la cosa más simple en el universo tiene una infinitud de partes que lo componen. Creo que el Hombre jamás terminará de descifrar o de enumerar por completo las partes de este rompecabezas cósmico.

Si el hombre no puede conocer todo el universo, entonces no puede moverse con seguridad en muchos de sus actos; tampoco está en posición de asegurar su camino ni el de los demás. Si se encuentra tan indefenso y tan a la deriva, pisando prácticamente a ciegas: ¿De qué sirve preocuparse? ¿Para qué preguntarse por la razón de la existencia? ¿Cómo podemos exigir una total seguridad de los resultados en cada paso que se da?

En la actualidad existe una infinidad de corrientes de pensamiento que intentan dar un poco de entendimiento sobre la manera en que el Hombre debe encontrar una razón para seguir su camino. Entiendo que un problema de estas filosofías es su exaltación del hombre como el centro del universo. A pesar de que somos parte de él, es un error ponernos como su eje y que las cosas giran en torno nuestro. La realidad es que somos entes frágiles y pequeñas partes de un todo que, para bien o para mal, sigue su camino, hacia un punto que no alcanzamos a descifrar. Somos como una pequeña hormiga montada sobre un tren; si ésta desapareciera o fuera volada por el viento causado por el movimiento del tren, el tren seguiría su camino sin siquiera notar este pequeño acontecimiento.

Me parece que, como seres humanos, nos falta la humildad de darnos cuenta de que estamos solamente de paso en este universo; entre más pronto nos demos cuenta, nuestra manera de ver el mundo cambiará. Este cambio adecuará nuestra manera de ver las cosas a una realidad que, aunque difícil de concebir o de aceptar, es cierta.

Civilizaciones caen, imperios se alzan y líderes mueren; aquellos eventos que alguna vez fueron importantes y que tomaron lugar quizás sobre el mismo sitio en el que estoy sentado, ya no existen y tampoco hay de fe de ello. Si alguien dedica su vida entera a trascender de alguna manera en este mundo y ser recordado por futuras generaciones, inevitablemente fracasará; por muy grande que sea su impacto en el mundo, lentamente enfrentará el mismo destino que todo lo que sucede y sucedió en este mundo, el olvido.

Hay corrientes de pensamiento mucho peores, las que muestran al hombre como creador de su propio universo, el hombre no puede entender cómo funciona este universo, así mucho menos podría crear un universo; podrá formular ideas y una intrincada red de sentimientos, pero llamar a esto: universo, es sobreestimarlo demasiado.

Sin duda alguna el hombre es formidable, una criatura maravillosa que se sorprende a sí misma al mirarse en el espejo; pero perderse en ese asombro le puede llevar a olvidar todo lo asombroso que existe fuera de él. Somos parte de algo aún más inmenso y sorprendente, y no está bien perder de vista su papel en ese todo. Esto nos lleva a la pregunta: ¿Cuál es el papel del hombre en este todo? ¿Qué rol debe desempeñar para conseguir hacer su parte?

Las respuestas sobre la autorrealización humana son tan variadas, en cuanto a los caminos y acciones que  proponen, que muchas son opuestas entre sí. ¿Todas serán formas válidas de llegar a la autorrealización. Si el universo es objetivo, entonces la respuesta sería: no. Quizás hay varias formas de llegar al mismo punto, una infinidad de formas, pero muchas ni siquiera apuntan a ese logro, en nada parece encaminarse a la autorrealización.

Dentro de tanta confusión, tanto caos y tanta incertidumbre, el universo continúa. Pero en su caminar, no creo que el ser humano deba ser un simple espectador, ajeno a poder participar en este universo. Creo que tiene un pequeño papel secundario. Con tantas variables, caminos y posibilidades que se me presentan todos los días, resulta increíble que cada día me levanto viendo el mismo cielo, las mismas cosas y los mismos rostros familiares. Aún con todo lo que no puedo predecir por completo, las cosas que me rodean muestran un orden, un orden tan perfecto que achacárselo a la suerte me parece un acto de necedad.

Desde cosas tan simples como la caída de una hoja hasta la caída de civilizaciones y todas las "coincidencias", son obra de Dios. El conoce todos los misterios y todo lo dirige hacia un punto que sólo Él conoce. Esto es, a mi parecer, lo más firme a lo que el hombre se puede aferrar: a una paz de que todas las cosas que suceden tienen una razón de ser más allá de su comprensión.

Hacer planes sería inútil en un universo cambiante, en donde la menor perturbación puede cambiar tu vida en un instante. Creo que lo mejor que podemos hacer es vivir lo más felices que podamos, confiando en que todo pasa por una cosa y que al final, si hacemos las cosas bien, todo será altamente gratificante. Esto no me parece un anhelo de que las cosas tienen sentido, sino el reconocimiento de que, de alguna manera, lo tienen, y de que yo no tomé parte al ordenar todo esto.

 

*Roberto Isaac Rico Camacho es estudiante de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Anáhuac Mayab y es integrante del Grupo Vértice.  [email protected]

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