Universidad Anáhuac Mayab

Pobreza.

Publicado en: 30 de Septiembre de 2011

 Pobreza.

Luz  Mariana  López  Quiroz *

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     Pienso en pobreza

y me encuentro ante una de esas palabras con las que evidencio lo estrecho que es el lenguaje, no alcanza a abrazar la potencialidad de su dimensión en nuestra aún inexplorada naturaleza raciocina; tanto, que justo ahora me resulta complicado intentar explicarlo, porque caería en esa incapacidad […]

 

      Julio Cortázar pensaba que las palabras son como botellas de vidrio empolvadas, por las que no se puede apreciar con claridad el líquido que contienen. Así  lo forjo: la palabra como tal es una inmensidad que inútilmente intenta vulnerar una diminuta grieta en un muro; se arrima con torpeza a echar un vistazo dentro de esa hendidura de significación. Al igual, sólo me acerco: la palabra pobreza es de ingente poder, inconvenientemente aprisionada por sus propias letras. Para otorgarle dignidad es menester ser parte de ella, reconocer que somos corpúsculos de ese líquido anónimo, existente. Porque no es posible comprender  la pobreza si no me concibo como tal, advirtiendo la multidimensionalidad que implica aceptarse así.

 

      En clase, escuchando, me sentí referida, desde la inconsciencia, desde la barbarie que atropellaba cada palabra mal ubicada; la hilación —más bien deshilación— de varias. La precipitación catastrófica de un débil intento de sensatez, directo a la nada: el vacío de la inconsciencia.  Basta con esa arbitrariedad al actuar, que nada solicita lo perverso  para atrofiar al mundo

 

  Y aludida, porque de varias formas vivo la pobreza: dentro de murallas circunstanciales o construcciones culpables inmateriales, duele presenciar y percibir —en inflexible oposición— un alrededor indolente, distraído en la comodidad fortuita. Y me pregunto ¿para cuántos realmente ésto trasciende de su rutina diaria; lo que se ve pasar del otro lado del cristal, nimiedad lejana?

 

     […] Es asombroso cuando se le trata con frialdad, porque creen, —¡pobremente, vaya!—  que el sensibilizar es manifestación de debilidad, de lástima por el otro, ¡cuando justamente de eso puede asirse el mundo para recobrar la vigilia!: del sentir, con el esplendor de las experiencias sensoriales que empapan la consciencia* y la reaniman, pues cuando el ser —en la tremenda e insólita profundidad que se cubre apenas por tapaderillas: <s> <e> <r>— se humaniza, todo cobra sentido;  el chispazo lúcido, momentáneamente perfecto, donde la cordura es lo primero que se ejecuta en cada acción. Un chispazo en cada instante de vida que vislumbre cuán pobres realmente somos de espíritu: Hálito sabio del alma.

 

La inopia económica considerada eje de la desdicha, bien podría discurrirse como efecto indomable de estas carencias del hombre actual: intrínsecamente deshumano.

 

    *Consciencia: cada paso prudente que se anda en el largo camino a […] impulso sempiterno, insoslayable, que redime nuestros lastres, los que han enmarañado al verdadero anhelo de acabar con <la distorsión> de nuestra naturaleza humana.  

 

*Luz Mariana López es estudiante de la Escuela de Comunicación en la Universidad Anáhauc Mayab.   [email protected]

  

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