Universidad Anáhuac Mayab

Soledad existencial.

Publicado en: 28 de Octubre de 2011

 

Soledad existencial.

Yanin Villanueva*

 

 

"La soledad es como un suplicio ingenioso de la naturaleza que hace que nos encontremos con nosotros mismos para valorar a los demás. Es ese montón de sonidos que no escucha nadie pero hacen demasiado ruido. Soy yo en compañía del pasado. Es el recuerdo y ver la silueta de alguien que ya no está. Es el velorio de un día que se fue… " Ricardo Arjona

 

Ser positivos o negativos ante la soledad es tarea difícil; pueden existir dos situaciones: que el ser humano se encuentre solo, sin compañía, pero por elección, sin nadie exista a su lado, simplemente consigo mismo. Pero puede que el ser humano se sienta solo, incluso estando rodeado de los demás, conviviendo o necesitando de los demás para vivir.

 

El dilema y la perspectiva depende de cada persona, pues será en la soledad donde el ser humano será capaz de perderse o encontrarse. Pero debe tener cuidado con esta soledad, ya que al perderse en ella, se pueden llegar a desarrollar enfermedades o trastornos que necesitarán de asistencia profesional y que pueden acabar con la vida.

 

De aquí la distinción de la persona que se encuentra en una soledad existencial, siendo capaz de identificar y aceptar la soledad, enriqueciéndose y aprendiendo de la misma, creciendo como persona y disfrutándose. A comparación de aquél que se encuentra en ansiedad solitaria que ni siquiera se tiene a sí mismo ni entiende las razones para vivir; como consecuencia busca estar todo el tiempo con personas, tratando de llenar el vacío, pues no se soporta ni se conoce.

 

La soledad implica factores como el miedo o el temor, y de éstos se desprenden otros sentimientos negativos de angustia, frustración y tristeza, que nublan la visión de los seres humanos y destruyen sueños o planes a futuro. Pero cuando esos miedos se vencen y no hay temor de estar con uno mismo, se logran las más grandes conquistas, y la más grande de todas: el encuentro de saber quién eres.

 

Cuentan que una mujer se encontraba en su casa haciendo la comida. Minutos antes un león había escapado del circo; el león atraído por el olor entró a casa de la mujer pero no se presentó en la cocina. Como la mujer estaba muy concentrada en su comida hizo caso omiso a los ruidos que escuchó en su recámara. Sin embargo, cuando terminó de cocinar los ruidos continuaban, por su cercanía al corral, ella pensó que era un burro el responsable de los ruidos. Acudió a su recámara para verificar la situación y se dio cuenta que el animal estaba dentro del armario, en eso ella tomó un paraguas y le pegó con mucha fuerza, lo regañó y lo maldijo por haber entrado en su casa. La policía llegó minutos después, pues escucharon los gritos. En ese momento los oficiales enteraron a la señora de la fuga del león, en cuestión de segundos la señora se fijó que a lo que realmente le estaba pegando era al león; de ahí la señora se desmayó, pues en su mente ella creía que era un simple burro y nunca le tuvo miedo.

 

Casi todo el tiempo el miedo a algo conocido, nos frena, nos limita, nos hace cobardes. Pensamos que aquello no se puede lograr; pero no se puede por creernos débiles. Es tanto el temor, que llegamos a crear miedos imaginarios; cuando éstos se instalan en nuestra mente es muy difícil abandonarlos: estamos convencidos que no es posible. Al no poder con ellos, optamos por el camino fácil y el más transitado: no realizar lo que podemos. Ese falso camino está lleno de distracciones, vicios, ruidos, ideas ajenas, reglas. Nos declaramos incapaces de luchar contra lo que sea, para poder encontrar, decidir e ir en busca de lo que realmente se anhela.

 

Hay miedo a estar en compañía con nuestra soledad y con nuestros pensamientos, ya que éstos pueden convertirse en demonios que nos asechan. Al no conocernos, tenemos miedo de encontrarnos con nosotros mismos. Pero no podemos seguir huyendo, el momento se dará y entenderemos que encontrarnos a nosotros mismos es el más grande triunfo en nuestra vida.

 

Muchas personas viven aferradas a los límites y ven en ellos una prohibición. Pero qué tal si cambiamos la perspectiva. Hace poco comprendí que las ideas negativas pueden observarse como positivas. La experiencia vino de una persona discapacitada. Pude entender que la expresión "NO", además de prohibición, supone una "Nueva Oportunidad". Normalmente el "no" es literalmente un límite, algo que está prohibido o no se debe hacer; pero comprender que esa palabra puede representar un camino distinto, es maravilloso. Las cosas cambian cuando lo intentamos, cuando tratamos de romper los límites; podemos fracasar… pero hay que intentarlo.  Hay que perder el miedo, afrontar la realidad y alcanzar los ideales que te orientarán en la incertidumbre de la vida.  

 

En fin, la soledad es necesaria, lo mismo que la paz, la tranquilidad, la contemplación de la vida y la valoración de lo importante, todo desde el punto de vista personal e individual. Esto nos hace ser el ser humano que cada uno es.

 

En cierto momento de mi vida, me encontraba perdida, triste y sin motivación. Pero un día vi en la iglesia a un hombre viejo con una increíble esperanza. Me percaté que diario acudía a misa y se ponía de rodillas después de comulgar, a pesar de su gran edad, sus problemas físicos y una pequeña joroba que tenía en la espalda. Al verlo supe que siempre hay una razón para seguir adelante. Reconocí que, gracias a Dios, yo tenía muchas cosas buenas por qué luchar, tenía vida, amor y bienestar; comprendí que me estaba ahogando en tonterías. Ahora me encanta repetir que: "todo pasa por algo" y que sólo cuando se toca fondo y se está consciente, se puede iniciar el camino de regreso a la vida, pero con nuevos aprendizajes. De aquí que, aprender a disfrutarse uno mismo en una soledad existencial,  es enriquecedor.

 

*Yanín Villanueva es estudiante de la Escuela de Derecho en la Universidad AnáhaucMayab    [email protected]

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