Universidad Anáhuac Mayab

Los medios masivos aturden a los jóvenes profesionistas de comunicación

Publicado en: 12 de Junio de 2006

  Realicé preguntas expresas sobre el ruido y los medios a mis alumnos de la carrera de Ciencias de la Comunicación, respondieron con una lista de problemáticas tanto semánticas, como morfológicas y acústicas. La muestra llegó a la validez en las constantes afirmaciones que mencionaré a continuación, no sin antes comentar que también hallé contradicciones dignas de subrayar para comprender la problemática.


Cuando hablamos de ruido, cuando tenemos ruido en la cabeza, los elementos se confunden en la forma y en el fondo. Un joven al borde de la histeria, procurando taparse los oídos para evitar la sordera, no puede distinguir si los sonidos vienen de afuera o son producidos por su propio dolor de cabeza; en dicho contexto, su descripción de las sensaciones es comprensible, más no se podrá distinguir la fuente específica de su malestar.


Lazarsfeld en su libro El pueblo elige (1962) concluye que en realidad las audiencias no sólo deciden algo por lo que escuchan en los medios, en el caso de su estudio, por un candidato; los medios orientan, pero las personas definen sus puntos de vista desde una serie de elementos que conforman a su persona. Es decir, su análisis concuerda con la teoría de los efectos limitados, pues los medios pueden ser elegidos por sus auditorios según las convicciones de las masas. Así, los jóvenes, en las entrevistas realizadas, plantean las problemáticas según les va en la feria. Algunos aseguran sentirse saturados de información mientas que otros se distinguen como dueños del control remoto y afirman que son ellos quienes deciden lo que desean escuchar. Reconocen que muchas veces están distraídos, pues tienen demasiadas cosas qué pensar, pero dicen ser conscientes del contenido mentiroso, manipulador; se definen en el papel de críticos que no se dejan influenciar por los mensajes de evidente amarillismo, de dudosa procedencia o de cinismo y sarcasmo.


Con todo lo anterior es comprensible la incomprensión. Algunos la llaman brecha generacional, otros rebeldía, en su mayoría inexperiencia. Este estudio me ha permitido constatar que no se trata tanto de brechas o rebeldías, pues nos encontramos ante un fenómeno sociológico relativamente nuevo. En el tiempo del viejo oeste, las preocupaciones sociales eran mínimas, comparadas con el quehacer característico del ser humano actual. No importaban entonces, por ejemplo, el medio ambiente, ni la explosión demográfica, ni la extinción de las especies, ni la bolsa de valores, ni las guerras mundiales, ni la internet y el celular. Hoy sin embargo, tenemos a nuestro alcance un sin fin de elementos, casi en la cantidad del infinito, aunado también al conocimiento de los fenómenos como la pluralidad de los significados de las palabras, las diferentes formas de ver el mismo hecho histórico y las diferentes versiones de la misma noticia según los actores de cada una de las partes involucradas. ¿No es eso un sistema social complicado? Esta complicación la describe bien el psicólogo Kenneth J. Gergen en su libro El yo saturado (1997). Es lógico que una mente en formación profesional opte por alguna de las opciones disponibles: desconectarse o clasificar la información, previo a su visualización.


Para ejemplificar esto, permítanme los lectores contarles una anécdota: mi esposa gusta de ver el canal de guía para el cable antes de decidir el programa que va a contemplar, y prefiere invertir cinco minutos procurando valorar las opciones. Eso no me sucede a mí, pues prefiero desgastar el botón de cambio de canales y esperar encontrar algún programa interesante. Por supuesto, lo reconozco, su postura es mejor que la mía. Mucho más crítica incluso desde antes de enfrentarse al medio. Me permito aclarar que considero al canal de guía de programación como muy impreciso, no me dice en verdad el contenido real de los programas, por eso prefiero usar mi propio instinto que el de una secretaria que resume los contenidos o dirigir mi selección basándome en los títulos de las películas mal traducidos, mal aplicados o bien pagados para aparecer en el recuadro de recomendaciones.


A eso me refiero cuando los jóvenes deciden clasificar la información previa a su visualización, a seguir el método de mi esposa. Estos jóvenes, inexpertos dicen, pretenden usar un criterio para seleccionar sus programas. Criterios por supuesto teledirigidos y manipulados o, en el mejor de los casos, orientados a un fin acorde con sus necesidades.


A los estudiantes de comunicación les queda claro que hay conductores en los medios tan inteligentes como astutos, con una clara corriente de pensamiento y hábiles para dirigir a sus audiencias, con fines premeditados y por lo general los consideran perversos, pues entienden que no sólo mueve el dinero, sino también el poder. Por otra parte, los mismos jóvenes conscientes y a la vez críticos, califican el desempeño de comunicadores y periodistas que dejan mucho que desear en el desempeño de su profesión. Señalan que es evidente la inexperiencia y la falta de planeación en sus trabajos publicados. Incluso se atreven a afirmar que ellos solos harían mejor esos programas o escribir esos artículos. Yo no estoy de acuerdo con llamar a esto inexperiencia. Para los jóvenes, desde su punto de vista, experimentado como audiencia, están comparando la realidad con el mundo ideal que ellos se han formado y les queda perfectamente claro que, por supuesto, esa realidad no se parece en nada a lo que ellos consideran debería ser lo más conveniente.


Si yo soy un fanático del pozole, ¿puedo decir si quedó sabroso el de hoy? ¿Mi opinión sería la de un inexperto? Existe un problema solamente: yo no sé cocinar. Aun así, ¿Soy inexperto en el tema del pozole? Por supuesto que no. El hecho de no saber cocinar, no significa que no sea un conocedor del pozole. Porque tengo claro en mi paladar las características necesarias, es decir, conozco los parámetros con los cuales se mide el resultado de un buen pozole. El joven conoce los medios, más que muchos de nosotros, han nacido con la televisión, la radio y las computadoras. Saben perfectamente su negocio y pueden instintivamente distinguir entre un locutor inocente e inexperto de un comunicador manipulador. Su problema es que desconocen las fuentes de donde proviene ese valor/sabor. No saben cuáles son los ingredientes que permiten hacer de ese programa un sabroso platillo.


El alumno distingue la manipulación del medio, aunque no tenga claro a qué ideología lo pretenden arrastrar. Varios de ellos señalaron este dilema, incluso pudieron distinguir los elementos más utilizados para convencer, entre ellos mencionaron las metáforas, el uso de historias personales y el valor de la forma sobre el fondo, como son el empleo del énfasis o el uso de efectos y música de fondo en las noticias; de hecho este semestre los alumnos conocieron la teoría de los efectos poderosos y escucharon que Max Horkheimer (1996) plantea la explicación de que un medio puede emitir determinada información con la idea de lograr un efecto concreto, dentro de la teoría de los efectos poderosos.


Volviendo al ruido, éste se da, como ellos explican, principalmente por la saturación. Hay tanto que ver, tantas historias de vida como personas en el mundo, tanta publicidad como negocios, tantas noticias como problemas a resolver. Pero no es lo único. Si sólo fuera eso, todo se solucionaría con una buena guía de programas o unos abstracts: clasificamos antes de ver y punto. ¿Qué hacer cuando el joven malinterpreta los contenidos, por tener diferentes contextos de vida que les hacen traducir una palabra con el significado diferente? Tenemos una riqueza literaria pero una pobreza académica. ¿Qué hacer cuando el lenguaje es avanzado para que ellos lo puedan comprender? Los formadores dependemos de la voluntad de los alumnos, pues si se dejan distraer o pierden el interés debido a la complejidad de los esquemas que se les presentan, difícilmente podremos encontrar la causa de la interferencia. Se supone que una teoría es una explicación sobre un fenómeno dado, pero muchas veces esas teorías son tan complicadas que en lugar de darles una solución al problema, se los complicamos. Así que necesitamos crear una metodología ecléctica que les ayude a resolver los problemas semánticos, de codificación, de retroalimentación y de decodificación para permitirles entrar en el mundo científico sin terror al lenguaje académico.


Y todo ello, sólo para que aprendan a ser receptores críticos, faltaría por resolver el problema de la formación en las diferentes corrientes ideológicas, las culturas, los lenguajes, la historia de los símbolos, el arte, etc. Es muy sencillo sentarse a reflexionar el esquema de aguja hipodérmica de Laswell (Citado en Galeano, 1997, p.18), es un sistema básico de la formación de un comunicador, pero es muy sencillo. ¿Qué opinan los jóvenes cuando empiezan a recibir las demás teorías? Además de que son muchas, pues en un semestre vimos más de veinte, hay algunas más complicadas como la Teoría de Flujo (Lewin, Infoamérica, 2004), que implica la racionalización de comprender al individuo desde la perspectiva grupal, en una clase, o tratar de entender a Martín Heiddeger en un semestre de licenciatura. Sumemos a ello el terror que causan los exámenes de algunos colegas llamados insensibles.


Los jóvenes denominan dialectos propios a los ideolectos de los comunicadores en algunos medios, pues suelen utilizar términos usados a priori en sus explicaciones sobre la realidad que cada periodista percibe, sin darse cuenta, sin medir, sin hacer marketing para recibir la retroalimentación profunda del impacto causado en los distintos entes sociales. Están más preocupados por atrapar audiencias y hacer negocios, mientras tanto, estamos idiotizando el contenido de los medios y con ello se elimina la posibilidad de darle un sentido a los medios, hacer filosofía de los medios.


Su papel, nos queda claro, no es aturdir, es comunicar. Enviar mensajes de modo colectivo. Sus perfiles, también están claros, algunos son culturales, otros musicales, otros deportivos o según su especialización, otros más informativos, los más de entretenimiento. Sus métodos son muy variados, y por lo general se les clasifica con el tipo de programa que resulte: noticias, espectáculos, comedias, novelas. En realidad sus métodos deberían estar regidos desde una perspectiva enfocada al trabajo creativo del guión y no con la fórmula pragmática de lo que resulte. Queda sólo por definir el sentido de los medios, que no es el sentido de la comunicación, pues este último es mucho más amplio e involucra a todos los procesos de comunicación, humana, animal y universal.


Esta filosofía de los medios va a aportar a los jóvenes los elementos necesarios para comprender su papel como futuros comunicadores en la empresa mediática y les facilitará la recepción crítica y las aportaciones científicas en formación que anhelamos sus educadores. Por tanto debemos responder a los cuestionamientos básicos de ¿qué sentido trascendente tienen los medios masivos? y ¿qué sentido tiene para la sociedad su presencia entre nosotros?
Los medios son una estructura tecnológica creada para satisfacer las necesidades del hombre, tal como lo fue en la era agrícola el invento de los canales para transportar el agua o como lo fue la imprenta, la máquina de vapor o el avión. Todos ellos pueden servir para beneficio de todos, pero usados con malicia pueden hacer mucho daño. Sin ellos no podríamos comprender la vida del hombre contemporáneo y se han posicionado como los recursos más poderosos de comunicación en toda la historia humana.


El sueño de los jóvenes es que un día sirvan como puentes para alcanzar ideales, pues esperan dirigirlos, usándolos como agentes de cambio que acaben con la corrupción, que preparen a la sociedad a dar el salto cualitativo de respeto a la dignidad y los derechos humanos, que sean los focos de alerta de los problemas, pero también la luz que guíe con propuestas creativas para solucionarlos. Alguno de los jóvenes ya está desilusionado, pues dijo que todos llegan al poder y se enajenan, pero la mayoría prefirió ser optimista y es con eso que yo me quedo, pues como muchos, estoy seguro que son los jóvenes los agentes del cambio real y definitivo; en torno a ellos y con su visión del medio ideal, podremos definir las características más convenientes y cumplir la tarea de darle sentido a los medios masivos de comunicación.

 

Bibliografía


Galeano, Ernesto César. (1997). Modelos de comunicación. Buenos Aires. Macchi.
Horkheimer, Max, (1996). La función de las ideologías. Madrid. Taurus. V
Infoamérica. “El pensamiento de Kurt Lewin”. Infoamérica.org. (24 de junio 2004). 

Disponible en: http://www.infoamerica.org/teoria/lewin2.htm
Kenneth J. Gergen (1997). El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo contemporáneo. Barcelona. Paidós.
Lazarsfeld, Paul. et al. (1962). El pueblo elige. Cómo decide el pueblo en una campaña electoral. Buenos Aires. Ediciones 3.

José Luis García Barcala es Maestro en literatura, investigador, catedrático y comunicador, coordina el área de posgrado en la Escuela de Comunicación de la Universidad del Mayab desde el 2002. Correo electrónico: [email protected]

Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab