Universidad Anáhuac Mayab

Encuentro: Comunicación, periodismo y literatura

Publicado en: 12 de Junio de 2006

 

El Nóbel del 82 en literatura, Gabriel García Márquez, en su novela Cien años de soledad nos dice que la literatura es “el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente” (462) [1], ¿Qué quería decir Don Gabo con esto? ¿Acaso esa intrincada historia llena de personajes confusos, fechas imprecisas, años sin tiempo, longevos irreales de hasta 145 años, neonatos arrastrados por hormigas, sirve al escritor para burlarse de la gente, tomando su obra como un juguete?

Es curioso, pero cuando en voz de un personaje o narrador se escucha un comentario de ese tipo, y en particular en esta obra de García Márquez, lejos de considerarlo una burla a la gente, se incrementa la admiración por el ingenio, la habilidad y la astucia del escritor. Ese es don Gabriel, un polémico literato que levanta encontradas reacciones en Zacatecas, y pide a los eruditos de la Real Academia de la Lengua Española la jubilación de la ortografía. De donde nace nuevamente la polémica: ¿Realmente García Márquez detesta la ortografía cuando ha sido un escritor astuto y galardonado incesantemente? ¿A dónde nos quiere llevar con esas declaraciones? ¿Por qué entonces se deleita también jugando a inventar términos como átimo o condolientes [2]?

Vivir para contarla [3]es la más reciente historia del periodista y literato colombiano, la suya propia, donde pone de manifiesto su carácter sentimental y tierno; primera obra de una serie con tres volúmenes que piensa publicar tratando de recordar lo que vivió, o más bien dicho, no la que vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla, al menos así lo señala el epígrafe del libro. Entonces, esto quiere decir que no es una novela, sino, aparentemente un recuento de hechos históricos, por tanto una crónica periodística. Y sin embargo, sí es una novela, que toma hechos históricos de la vida de un humano real, como lo es Gabriel García Márquez y lo convierte en ficción, como en un juego, en una narración al estilo muy característico del colombiano, elevando al rango de mito la figura del novelista.

¿Cómo comprender a García Márquez mezcla de periodista y escritor? ¿Pueden combinarse tales profesiones? ¿Es posible que un periodista sea tímido? Hallemos pues algunas respuestas a tantas preguntas partiendo de una premisa fundamental, que tanto la literatura como el periodismo son comunicación con sus respectivos emisores, mensajes y receptores; podrán tener motivos, intencionalidad y causas diferentes que no les separa de la epistemología de la comunicación. A lo anterior le restan las preguntas comúnmente planteadas: ¿Todo lo escrito es literatura? ¿El periodismo es literatura? ¿La literatura es periodismo? Preguntas que resolveremos más adelante.

Gabriel García Márquez es un hombre de letras, con un ya largo recorrido profesional en el ámbito de la novela, el cuento, el guionismo, los artículos periodísticos, las editoriales y los análisis que abarcan todo tipo de temas y polémicos estudios sobre el lenguaje y las artes. Hoy con 76 años de edad se recupera de un cáncer y se ha retirado ya de la vida pública; sin embargo, no deja de sorprendernos con su habilidad para encontrarlo ocasionalmente con personalidades de la política mundial, como Kofi Annan o su amigo Fidel Castro, ocasionando revuelo en la esfera periodística.

Ahora, ¿es realmente la literatura un juguete para don Gabriel? Nadie mejor que García Márquez para saberlo y su expresión en la obra no es más que uno de sus artificios de verosimilitud en la novela. El autor, en su larga trayectoria novelística, con un impacto profundo en la historia literaria universal, comprende los más importantes aportes de la geografía literaria y controla con destreza el arte de escribir. Sin embargo para don Gabo la literatura es un juguete demasiado serio, claro que no lo hace para burlarse de la gente, sino para liberarla de las ataduras generadas por la realidad circundante; compenetra a su público con el mundo reflexivo de las palabras, las letras, el arte y la mejor forma de vivir para contar la historia personal.

“El juego es un asunto serio entre los humanos” señala Juan Antonio Massone [4], y los poetas se engolosinan en la sátira, la farándula y la comedia. Como titiriteros con sus marionetas, los escritores y novelistas mezclan las vidas de los personajes en intrincadas trampas. Borges citó bibliotecas que no existen y jugando con espejos nos mostró un mundo imaginario; y se reinventa en otros actores como en el cuento de Borges y yo. Por su parte Julio Cortázar propone que "la vida es siempre un poco eso, buscar cosas que no existen" [5].

La literatura es un juego que atrapa como máquina de videojuego, que enfrenta a los protagonistas en laberintos y mundos cada vez más fantásticos, porque mantenerse en el juego es mantenerse con vida; rescatar al niño que llevamos dentro y escaparnos de la realidad para no ver más problemas pero también para no tomar la vida tan en serio y encontrar respuestas a cientos de preguntas evocadas por incontables corrientes de pensamiento. No sólo el juego en su acepción recreativa o de esparcimiento, sino la literatura más bien como provocadora, como iluminadora, juego como laberinto o como acertijo, como propuesta o como seducción. Ahí es donde encontramos a los más creativos, ingeniosos y amenos autores, apasionados y libertarios, y es ahí donde podemos encontrar a Don Gabriel como un símbolo hipnótico que atrapa al lector con historias entrelazadas unas a otras en el constante juego que invita a escuchar la siguiente personificación del hombre, con la consigna de que mientras haya algo que contar, habrá vida.

En sus obras, el colombiano arremete contra lo esperado, como El general en su laberinto que desmitifica al héroe, al Libertador, y plasma una serie de coloridas actitudes enfermizas de quien fuera la figura más importante de América del Sur, donde lo pone a bailar sobre las mesas, a conquistar jovencillas o a pasar noches de bohemia con el hijo de Iturbide. Y en El coronel no tiene quien le escriba asombra la paciencia de un hombre que espera años la llegada de una pensión tratando de sobrevivir mes tras mes con la esperanza de que un gallo de pelea le salvara de su aparentemente temporal hambruna. Es el juego de quien sabe perfectamente sorprender a su público con aventuras terrenales de personas simplemente imaginables, posibles, en un mundo maravilloso y a la vez idéntico al mundo real, en donde llueve por cuatro años y cinco meses sin suspender, como en países en donde nunca les ha parado de llover.

Otra expresión polémica del colombiano es la jubilación de la ortografía propuesta en Zacatecas, como una manifestación más de su afán liberador, como un juego. Defender a García Márquez no pretende ser el centro de esta disertación, pero asumo comprender la importancia del mensaje emitido ante la Real Academia , pues considero pertinente su reflexión. Salvo algunos errores de edición, probablemente imputables al capturista, no he encontrado en las novelas del aracateño errores de ortografía. De ser una frase, la de jubilación, para tomarse literalmente, el propio autor habría incurrido a propósito en jubilaciones de algunas leyes ortográficas básicas, con el fin de despertar conciencias. No me parece que debamos considerar la afirmación de jubilar la ortografía de modo literal, sino, seguramente, en sentido figurado pues el lenguaje es libre, nace del intercambio de palabras entre las personas en su oralidad y libre de ataduras gramaticales, semiológicas u ortográficas.

Antes de la Real Academia , ¿Quién controlaba el lenguaje? Es obvio que las instancias oficiales han sido siempre un factor conservador de la gramática, desde Alfonso X, rey de Castilla y unificador del castellano en el siglo XII. Pero es a través de la difusión cultural universal, en el plano literario, donde se mueven las principales proezas de los aventureros del idioma. No podemos olvidar en este punto que han sido también los medios de comunicación desde su aparición, las instituciones propagadoras del lenguaje y, dicho de paso, en América, los evangelizadores y colonizadores transformaron, por la buena o por la mala, la lengua nativa para siempre.

Así que los cambios en la gramática, en la propuesta garcíamarquiana, puede esconderse sólo la motivación a reflexionar sobre el hecho de la no apropiación de la regulación idiomática, sino sólo de su observación, estudio y aportación al análisis sobre la precisión lingüística. Porque en verdad, por más que se intente, el idioma seguirá siendo libre, en los hombres y en las mujeres en cualquier lugar en que se encuentren. Por más que se esfuerzan los eruditos, los grupos sociales comunes no se apegan a las normas para hablar o manifestar sus ideas, simplemente las externan como su imaginación y creatividad lingüística les dictan; inventan términos, descomponen vocablos, arreglan verbos sin elucubraciones de ningún tipo, o como diría Ferdinand de Sausurre cada uno tiene su parole . Y resulta cada vez más ensordecedora la aplicación de las reglas. Por ejemplo, la publicidad aprovecha las imposiciones convirtiéndolas en ironía, haciendo juegos, como los de García Márquez, travesuras a la ortografía, la gramática o aprovechándose de las figuras retóricas más clásicas para “innovar” un soliloquio de cuentos chinos que induzcan la compra.

Por todo eso, la tendencia cada vez más significativa será la regionalización de las lenguas. Cada región del mundo personalizará su escritorio, como en una computadora, y creará sus propios lenguajes para conversar con su prójimo. Así, en un futuro, nuestros descendientes conocerán el idioma guatemalteco, el panameño, el salvadoreño y el mexicano. Y sin embargo, también en el futuro abundarán los términos universales, probablemente al nivel de una lengua común, tal vez el llamado Esperanto muchas veces llamado utópico, aunque tomando en cuenta la regionalización anterior, con una variedad de significados en cada pueblo del mundo.

Por otra parte, y considerando la tecnología que se avecina, serán los medios de comunicación quienes impongan el mayor número de vocablos, terminologías y acepciones, incluso por encima de los académicos y literatos, dada su cotidianidad y alcance. Por lo que, debido también a la diversidad de periodistas, estaciones, revistas y periódicos, será imposible seguir manteniendo a la ortografía en la nómina, habrá que jubilarla, tal como el aracateño señaló en Zacatecas; esto no significa la desaparición de las reglas, sólo significa que éstas irán cambiando y adaptándose a las nuevas formas del lenguaje social y cultural en las también diversas sociedades. Del mismo modo, el lenguaje no está exento de cambios, ramificaciones, usos y costumbres locales, como lo ha sido siempre, incluso con el favor de la Real Academia , cuya labor es definitivamente encomiable, pero, en muchas ocasiones, inútil. Para ejemplo, en Argentina, al enseñar la conjugación de los verbos, los pequeños escolares repiten con su maestra: “yo, tú, él, nosotros, ustedes, ellos” y la maestra indaga: “Y vos... ¿por qué no conjugás?”.

Por otra parte, los medios exageraron los términos. En esta cita, García Márquez señala:

 

Dije que la gramática debería simplificarse, y este verbo, según el Diccionario de la Academia, significa 'hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa'. Pasando por alto el hecho de que esa definición dice tres veces lo mismo, es muy distinto lo que dije que lo que dicen que dije. También dije que humanicemos las leyes de la gramática. Y humanizar, según el mismo diccionario, tiene dos acepciones. La primera: 'hacer a alguien o algo humano, familiar o afable'. La segunda, en pronominal: 'Ablandarse, desenojarse, hacerse benigno'. «¿Dónde está el pecado?», se pregunta. [6]

 

Inventar términos es, también, otra polémica actitud del colombiano, a quien, como ya dijimos, se le admira por encontrar palabras necesarias que aún no están en el diccionario. En su defensa bastaría contar la enorme cantidad de palabras nuevas que aparecen en las columnas de sociales de los periódicos o los términos que inventan a diario en las barras cómicas de televisión, revelando el mismo secreto que comentábamos anteriormente: el idioma se inventa y reinventa sin cesar, sin control. Y son los medios de comunicación los principales difusores de las nuevas tecnologías gramaticales, usos creativos del lenguaje que divierten al público cumpliendo la función comunicativa de “entretener”.

Ser periodista y escritor al mismo tiempo resultaría polémico, y las preguntas girarían en torno de las fronteras: ¿dónde una persona como don Gabo deja de ser periodista para convertirse en escritor? Algunos piensan que ser periodista es un paso previo a ser literato. ¿Podría existir un literato que no pase por el periodo de periodista? Como si pasar de periodista a literato fuera como pasar de alumno a maestro o pasar de primaria a secundaria. Esa concepción es errónea. Si le aplicamos el deconstructivismo derridiano entenderíamos entonces que hacer literatura es una forma de hacer periodismo. Aunque ciertamente ambas son formas de expresar y comunicar la realidad y ambas profesiones emplean herramientas retóricas, lingüísticas, semióticas, etc. Tanto en la literatura como en el periodismo se conjugan la descripción, la narración y la argumentación; una y otra contienen personajes, lugares, tiempo, ritmo, y todos los contenidos de la historia según los más destacados investigadores de la narratología como Bremond, Lévi-Strauss, Maranda, Greimas, etc.

García Márquez combina en su profesión el periodismo y la literatura. Si lo vemos desde el punto de vista de la comunicación, a la literatura no se le considera un medio de comunicación masiva, sin embargo, la redacción, la retórica, la semiótica son ampliamente estudiadas por los comunicadores y los estudiosos del periodismo. Son las mismas habilidades pero con fines distintos. En el periodismo la escritura cumple la función de dar a conocer los acontecimientos con objetividad y en la literatura es el elemento básico para moldear la obra de arte y en la que la amplitud de los significados cobra importancia y ambas están dentro del proceso de la comunicación escrita.

El material periodístico puede llegar a ser considerado un tipo de literatura y la literatura se manifiesta de infinitas formas periodísticas. Tal es su cercanía que muchos autores las consideran incluso interdependientes.

 

En casi todos los casos, la literatura puede acercarse al periodismo o alejarse en un doble movimiento para marcar distancias o aprovechar coincidencias. La función de la literatura es distinta a la del periodismo, pero el lector puede ser el mismo, incluso el autor. Cabe afirmar que tanto el periodismo y la literatura se presentan como aliados inseparables. [7]

 

Por su parte, Tom Wolf explica la experiencia de combinar el arte literario con la tarea cotidiana del periodismo y las posibilidades intrínsecas de esta combinación en su libro El nuevo periodismo [8] donde describe el método empleado para ver la noticia desde dentro del personaje protagónico de la misma, al estilo de Joyce. Ello nos permite aclarar que si bien conviene tener una definición diferente para cada una de las profesiones, es igualmente cierta la importancia de no invalidarlas con la inútil pretensión de separarlas. Sus fronteras son casi imperceptibles y ambas tienen pasaporte para transitar libremente en el territorio del lenguaje, la semiótica y la poesía.

El periodismo narra la vida cotidiana en todos los ámbitos posibles en una aparente esfera realista destacando hitos históricos en ángulos visuales o narrativos diversos; esto quiere decir que el periodismo se ha “literaturizado”, y ha aprovechado los estudios literarios para permitir a los lectores una experiencia de vida en cada noticia. Del mismo modo la literatura se manifiesta en diversos géneros bajo enfoques, visuales y narrativos, igualmente multi-angulares. Así lo explica van Dijk, hablando del mito literario:

 

Un mito es una narración dramática, oral o escrita, que emerge a partir de los cimientos semióticos de una sociedad. Es por tanto, la realización implícita de una matriz lista para la construcción de significados, y como tal, se oculta tras una gran variedad de géneros; es una manifestación de la ideología (y por tanto, un medio para acceder a ella); genera toda clase de discursos semióticos en el arte, la política, la literatura, los rituales, los juegos, la ciencia, etc. (en van Dijk 225) [9].

 

Tanto el periodismo como la literatura hallan en la realidad la musa de su inspiración, y edificando estas historias en diversos géneros, comunican una idealización o un mito de ella. La primera asignatura la convierte en nota informativa, editorial o crónica; la segunda en novela, poema o cuento. Ambas crean símbolos y construyen paulatinamente una idealización del hombre, aunque a veces sueñen demasiado alto o rayen en el absurdo.

Todo esto no quiere decir que el periodismo haya perdido objetividad, sólo indica que ha encontrado en la imaginación un recurso muy poderoso para evidenciar la experiencia histórica de los personajes de una noticia. Del mismo modo, la literatura se acerca al periodismo como una variedad más para contar historias, cuentos o poemas, permitiendo a los lectores una experiencia de verosimilitud como la plasmada en los diálogos humanizados, del tipo realista con que nos recrea el colombiano.

Además de la infinidad de artículos periodísticos publicados por García Márquez en rotativos como La Opinión , El País o en la revistas Cambio y Casa de las Américas , su incesante salto del periodismo a la literatura y viceversa quedó plasmado en sus obras literarias como en Noticia de un secuestro, Crónica de una muerte anunciada, Vivir para contarla en la que habla de la profesión más bella del mundo, es decir el periodismo. Incluso ha declarado que su mayor nostalgia es la de la época en que era un joven reportero; Asimismo, don Gabo es el principal promotor de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano que se encuentra en la ciudad de Cartagena de Indias. García Márquez es todo un literato hecho periodista y todo un periodista hecho literato y sin embargo, con un afán casi incomprensible por distraer la atención de su público lector para confrontarlo con las ideas arquetípicas. En su poema “Marioneta de Trapo” [10], traducido ya a diversos idiomas, y teniendo muy presente el cáncer que lo atacaba, se olvida de ello y trata de distraer al lector de diversas valoraciones de la vida como “Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida […] A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. Y en ese vaivén de ideas, Don Gabo se señala como precursor de la antropología literaria, demarcando de ese modo su objeto de estudio, y argumentando a favor de la hipótesis que defiende sobre un hombre que está jugando a hacer literatura, o si hace literatura para aprender que la vida es un juego y que la realidad es tan cambiante que no vale la pena tomarla tan en serio, por eso en el citado poema afirma: “No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero”.

En el caso de García Márquez, hay ambas profesiones en una misma persona, pero ¿se podría ser literato sin pasar por la noble formación de periodista? Sería como decir que se puede hacer un pastel sin huevos, aunque los hay no tienen la consistencia de una editorial suculenta y envinada con el exquisito toque mágico de la retórica. Tampoco la obra literaria tendría sabor sin la reseña, la crónica, el reportaje, el embuste y la algarabía cotidiana del periodismo y su innegable acercamiento a la antropología.

En el amplio estudio de Antonio Blanch desarrollado en su libro El hombre ideal: una antropología literaria , brilla por luz propia el aspecto característico de los héroes y personajes ficcionalizados del tipo ideal en las obras literarias como El quijote de Cervantes o El idiota de Dostoyewski. Explica que a través de la tradición literaria se pueden encontrar innumerables manifestaciones de hombres imaginarios con la tendencia clara de conmover al lector y hace patente, explicado con muchos ejemplos, que cada historia arrastra a la experimentación de sentimientos y sensaciones latentes en el yo profundo de las personas; esto mismo debe ser aplicable al periodismo que dicho sea de paso, debe reinventar su concepto de noticia, como lo apunta Maxwell Combs [11] en una entrevista, y donde argumentó que a los periodistas les gusta contar historias, sólo que a la gente últimamente le parece intrascendente escuchar las mismas historias durante los últimos veinte años. Combs señala que los periodistas debemos acercarnos más a la percepción de la realidad que tienen las audiencias, disminuyendo las noticias políticas y aumentando las reseñas que impactan más a la gente común como el tráfico, la vida en las calles, aspectos de religión, etc.

Por ello, el periodismo debe trabajar más las historias de vida, con los mismos atractivos artísticos y semióticos que la literatura y la misma literatura confrontar, como siempre lo ha hecho, a los hombres con sus propios ideales.

El mismo Gabriel García Márquez indicó que el periodismo escrito es un género literario [12]; dice que “los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro” y aunque hay mayor riqueza en la investigación y en los datos informativos, “se ha perdido la atención a las palabras vivas del interlocutor” culpando a la grabadora que todo registra pero que distrae al reportero en la siguiente pregunta, en lugar de tener un encuentro con la persona, para leer con certidumbre y vocación la verdad como conciencia ética de una profesión que nunca debió apartarse del oficio de la investigación a fondo.

El juego último está en ir valorando a través del periodismo y la literatura la simbología plasmada del hombre en las múltiples facetas de su vida; recoger sus experiencias, en situaciones reales o hipotéticas y compararlas con el ideal del hombre que se espera. Por ejemplo, cuando un periodista narra una guerra ¿qué busca? Alguno de ellos quizá la historia de un hombre valiente, que esté arriesgando su vida por defender la patria. Otro probablemente nos cuente la historia de sangre, muerte, horror o destrucción que encuentra a su paso por la guerra. ¿Cuál es la diferencia de tan disparejas narraciones? La diferencia clara está en el ideal de humano con quien está comparando su realidad. En el caso del periodista que busca un héroe, desea contar una historia de alguien que sabe enfrentar la vida con honor, valor y sacrificio. El otro reportero en cambio, idealiza a un hombre harto de la incomprensión humana, tal vez anhela una patria que entre en razón, antes que en discordia.

Lo mismo encontramos en ejemplos de obras literarias que reflejan un ideal distinto, y que van mitificando en la tradición literaria a un hombre con el que sueñan o poniendo en evidencia comprometedora a un personaje ideal que no llega a satisfacer completamente sus actitudes frente a las experiencias de vida con que lo enfrentan en la ficción literaria.

Tenemos el caso del Quijote que imagina la locura de quien leyó todos los libros de caballerías y eso lo aventuró a pelear por la justicia, como lo hicieron los personajes de las historias de sus libros, o la leyenda interminable de Arcadios y Aurelianos cuyos ideales siempre se veían vencidos por la realidad que los circundaba, en Cien años de soledad .

Aunque si cabe la duda si son los ideales de un pueblo o los ideales de un escritor; en el periodismo es más fácil encontrar ideales del reportero, quien se concentra tanto en un hecho y en la circunstancia específica de su relato, que saca a relucir un ideal temporal, casi efímero que depende de la inspiración, la personalidad y excitación transitoria del periodista en un momento que pudo transcurrir con prisa o con calma, bajo presión o salteando la censura. En la literatura pasa igual, pero se tiene mucho más tiempo y posibilidad de análisis de la idealidad de los personajes. Incluso un escritor podría trabajar un ideal distinto para cada actor en una misma obra literaria.

Entonces la literatura y el periodismo están jugando constantemente, como se juega una pelota de playa, pasando de un ideal a otro, en saltos y regocijos, idealizando a hombres posibles o imposibles, todos felices golpeando cada vez más alta la bola, cada vez más soñadora y en una de tantas vueltas, se desparrama en la arena de la realidad, como la resaca que deja el final de un buen libro digno de editar su segunda parte.

¿Será que García Márquez está trabajando con el concepto de carnavalización planteado por Bajtín retomando la escatología de Rebeláis? ¿O estará incursionando en el planteamiento de Gerard Genette que la carnavalización está ligada a la parodia, como en el teatro griego? ¿Todo esto es una comedia? Me inclino a pensar que García Márquez funda una nueva teoría tendiente a separar la obra y los personajes de la realidad y generar seres ideales que no están hechos para alcanzarse, sino para admirarse en el nivel imaginario, sin forzarlos a aterrizar con la realidad. Ni siquiera como una fábula cuyo mensaje es moraleja para la vida. Más bien como personajes ideales con sueños ideales que sólo aplican en esa idealización específica.

La literatura y el periodismo son los juguetes preferidos de los adultos. Al menos esa es la sensación que deja el análisis de las obras y expresiones de García Márquez, el muñeco de trapo, el Melquíades vendedor de novedades, el Mauricio Babilonia que deja ver las mariposas amarillas que lleva en la cabeza para deleite de sus lectores. Por lo que muy probablemente don Gabriel siempre haya estado jugando con nosotros, y seguirá resonando en la cabeza la duda ¿quiere jugar con nosotros o divertirse a costa de ello?

[1] García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. México: Diana. 1997.

[2] “Entrevista concedida por García Márquez a Joaquín Estefanía”, Mundo Latino.org , 10 de mayo 2004. Disponible en: http://www.mundolatino.org/cultura/garciamarquez/ggm6.htm . Párrafo 14 de 17.

[3] García Márquez, Gabriel. Vivir para contarla . México: Diana. 2002.

[4] Disponible en su artículo “Pablo Guíñez y su homenaje giratorio”, (12 agosto de 2004), extraído de: http://www.escritores.cl/base.php?f1=articulos/texto/pablo_guinez.htm

[5] Citado en Gallego Franco, Santiago “En cualquier anaquel” (14 de agosto 2004), disponible en: http://www.monografias.com/trabajos12/borgtf/borgtf.shtml#CUALQ

[6] “Entrevista concedida por García Márquez a Joaquín Estefanía” Párrafo 3 de 17.

[7] Jorge Marin, “Periodismo y literatura” universia.net . 11 de mayo 2004. Disponible en: http://www1.universia.net/CatalogaXXI/pub/ir.asp?IdURL=90375&IDC=10010&IDP=ES&IDI=1

[8] Wolf, Tom. El nuevo periodismo . Barcelona: Anagrama. 2000.

[9] Dijk, Teun A. van (ed.). Discurso y Literatura . Traductor: Diego Hernández García. Madrid: Visor. 1999.

[10] García Márquez, Gabriel. “Marioneta de trapo” Disponible en: http://sololiteratura.com/marquezmismarioneta.htm 2 septiembre 2004. Este texto lo escribe Don Gabriel cuando se entera del cáncer que padece. Se pretende hacer pasar como poema apócrifo.

[11] En la entrevista publicada en los Cuadernos de Comunicación No. 12 (1997) de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile, realizada por Paulina Leyva Muñoz (2 de agosto de 2004) y disponible en http://www.saladeprensa.org/

[12] Palabras pronunciadas ante la 52a. asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP, en Los Ángeles, U.S.A., octubre 7 de 1996. Disponible en: http://www.fnpi.org/biblioteca/textos/biblioteca-mejor-oficio.asp 18 de agosto 2004.

 

José Luis García Barcala es Maestro en literatura, investigador, catedrático y comunicador, coordina el área de posgrado en la Escuela de Comunicación de la Universidad del Mayab desde el 2002. Correo electrónico: [email protected]
Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab