Universidad Anáhuac Mayab

Aproximación a la génesis de la mediología

Publicado en: 12 de Junio de 2006

 

I Mediología.

II. Símbolo.

III. Ideología.

IV. Videosfera.

V. Videocracia.

VI. TeleEstado.

 
I. Mediología

 

La lectura del libro El Estado Seductor pone inmediatamente en el centro la discusión política, o si se reflexiona, más en la filosofía política: el concepto de poder en la era de la imagen (Como sabemos por su extensa obra, Régis Debray es un obsesionado en definir la relación imagen - habla y su mediación material [1]. Como una parte sustantiva de su explicación propone el término “mediología”. De ella, menciona que juega el papel de establecer el vínculo entre los soportes o medios de comunicación y el desarrollo de las ideas del ser humano, así pues, este vínculo establece la mediación material de los símbolos.

Los símbolos en esta obra son utilizados en su dimensión lógico - pragmática, tanto en el nivel ideal como en el material, y representan las variantes del significado.

Debray los trata en el texto del Estado Seductor ( ES ) para explicar la transformación del concepto clásico de Estado. En la evolución de este concepto el símbolo escrito juega un papel definitivo para comprender su desarrollo pues, en el libro se ubica en el inicio de la era del Estado ideográfico y lo termina en la modernidad con el concepto de tele - Estado o Estado Seductor .

Este discurso propone diferentes interpretaciones; una de ellas consiste en lo que podemos denominar la ruptura conceptual de la tradición hermenéutica, puesto que conlleva su propia definición de Estado; a la letra dice: “Si bien la institución estatal entraña relaciones de fuerza material, las más de las veces de interés económico, funciona en sí misma como fenómeno de creencia” [2]

El Estado es en si mismo tan invisible e inaudible que debe hacerse ver y escuchar, a cualquier precio, por medio de metáforas. En estas dos ideas está la proposición del cambio, que aporta nuevas pistas para elucidar semánticamente la vida estatal. Con esto transporta a los lectores al universo de la filosofía política.

Su método de explicación se integra a partir de registrar los componentes del simbolismo estatal, establece pues, la línea de explicación de la política como generadora de símbolos, así como la unidad con que se presentan en los medios de comunicación masiva.

Los símbolos obedecen a una racionalidad propia, la cual se resume con el concepto de la mediosfera, esto es, la sugerencia de entenderlos como los” soportes materiales” de los mensajes, según lo definió desde la década de los años 60 el filósofo canadiense Jean Cloutier.

El proceso de mediación es un concepto clave en el entendimiento de los símbolos y el uso de los apoyos materiales que el Estado otorga de manera regular para los ciudadanos. La mediología refiere directamente al uso que de ellos se hace en la comunicación social, la obra se avoca directamente hacia los que conocemos como audiovisuales; y apunta que su tarea consiste en explorar la eficacia simbólica en el pensamiento de los “videousuarios”.

El autor presupone que los apoyos basados en la transmisión de imágenes son la fotografia, el cine y la televisión. En este sentido, lo anuncia con visión histórica, en que el pasado, el presente y el futuro de cada medio corresponde a cada forma particular de desarrollo social. Ambas coordenadas forman el conjunto de plataformas que a su vez crean el ámbito de la videosfera.

Este es el término con el cual se define el universo de la imagen moderna. Los” mass media” se encargan de construirla en el contexto de la vida cotidiana. En otros términos los medios hacen rutinaria la presencia del Estado por la vía de la imagen y el sonido, circulan los símbolos estatales como parte de la vida ciudadana. Fabrican y acrecientan el fenómeno de creencia en la imaginación social.

La creencia es el estatuto de la credibilidad, ésta como proceso, se equipara socialmente con la legitimidad, concepto tradicionalmente ligado al Derecho, cuyo resguardo mediológico es la escritura. La creencia se fabrica ordenadamente como el espíritu religioso, con dimensiones sacras. Para este autor los políticos y los clérigos son los productores con más experiencia en la inscripción y transmisión simbólica. Conviene en este momento, recordar que los símbolos para Debray: “se inscriben, se transmiten, circulan y perduran en la sociedad de los hombres” [3] Ellos son el vínculo de la relación, el sustento de la forma del poder; así ha sido a través de la historia, de la política, de las sociedades, de las religiones.

 
II Símbolo

Para entender el desarrollo histórico del símbolo, En el libro Vida y Muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente, R. Debray propone como categoría de análisis el simbolismo ligado a los ritos de la fecundidad y muerte, y la aborda al describir cómo las máscaras de los muertos en la civilización romana tienen la función de sustituir al personaje, lo re - presentan: indica la presencia del muerto en la sociedad de los hombres vivos.

La imagen invoca la vida del ausente, lo sustituye, es un rito virtual. El culto a la muerte y a la fecundidad son dos grandes veneros de la simbología social, así lo hemos aprendido por milenios; los cristianos son los más trascendentes porque, presentan en el ritmo de su liturgia el símbolo de la vida - muerte como algo propio de la civilización.

La proyección de la muerte para merecer la vida, nos vende la vida eterna, a semejanza de la realidad terrenal. La maquinación de la experiencia cristiana lleva a buscar la imagen sacra como parte de la muerte y ésta para merecer la vida eterna, la idea de la trascendencia es imagen, es símbolo, en el texto.

Como Jano, la política tiene dos caras, la imagen representa el claro - obscuro, lo visible - invisible, la certidumbre y el misterio; en la obra de Regis Debray, se recupera la relación magia - conocimiento, conocido - desconocido como explicación de la unidad en el símbolo.

Las posibilidades más directas de existencia como unidad simbólica se recupera con la propuesta de la videosfera. La cual presenta este universo como un contenido, como un conocimiento y entendimiento de los signos de la vida en la imagen. Se constituye en la parte indicativa de la relación del mundo de los vivos con el de los muertos, donde el escrito se sustituye por la imagen.

La función de ésta última consiste en establecer el vínculo entre lo real y lo inexistente. Esa interconexión entre dos mundos opuestos da origen a lo indiciario. Los hombres buscan la identificación con la parte visible, con el reflejo - foto, con la máscara, el video - imago. El mundo visible sirve para percibir, u obturar el binomio vida - muerte donde la conducta está regulada por su tiempo y espacio en la política.

En la evolución de la imagen, la máscara, la pintura, la foto, el video cumplen cada uno su función de sostén y mensaje e impactan la vida de los hombres. De esta forma, la imagen en el desarrollo histórico cubre las funciones estética, mágica y económica.

La producción de la imagen genera necesariamente significados, universales y particulares; puede desarrollar cadenas de significación cuando los hombres aceptan esta posibilidad: el tiempo es simbólico, la transferencia de experiencias también, la capacidad expresiva lo mismo. Tanto la palabra como la imagen sirven de enlace simbólico comunicativo.

En este aspecto, en la comunicación política la “ mediación material”, desde el punto de vista de este ideólogo francés, consiste en identificar la relación escritura - imagen de los hombres de poder. Ésta se materializa a lo largo de la historia política y sobre todo a través de la génesis del estado moderno.

En el libro Estado Seductor , se parte de los siguientes postulados: “en todo escriba.., hay un hombre de Estado... En todo príncipe, y por la misma razón, hay un hombre de signos... A la función necesariamente política del productor de símbolos, responde la función necesariamente simbólica del responsable político” [4] Con esta idea justifica el autor que: "cualquiera que transmita signos se ocupa de gobernar; cualquiera que gobierne se ocupa de transmitir” [5] .

Esa es la función material del estado en la escritosfera y videosfera. El gobierno de los hombres por la mediación simbólica. El gobernado y el gobernante han aprendido bien, entienden la simbología estatal. Uno la genera y produce, el otro lo recibe y asume como propia. Esta imagen del autor, refiere al texto de Hegel sobre parágrafo del amo y esclavo.

 
III. Ideología

La ideología viene a circunscribirse con cierto rezago en la explicación clásica de la política, el autor la presenta en el ámbito de la reflexión de los eventos sociales con dos sentidos diferenciados entre sí: uno que es transparente, y se presenta en el discurso de la historia y el otro, se presenta como lo obscuro que subsiste bajo esa claridad y que es lo que se denomina como expresión ideológica.

En la obra Crítica de la Razón Política (CRP) , el mismo autor, dice que: “el producto más peligroso que jamas haya elaborado la química del intelecto no es la historia sino la ideología. Ya que ésta nos escamotea la realidad de la otra” [6].

Por su parte, el pensamiento científico considera que el problema del conocimiento se salva cuando se ponen obstáculos a ese desarrollo. La verdad depende del error, al ser superado éste, se tienen nuevos elementos, sin embargo, el error se vuelve como una ruptura, un obstáculo epistemológico es un contra - pensamiento, sostiene Debray, si esto ocurre así entonces la ideología pasa a ocupar una parte en la explicación de la política. La razón política obliga a pensar hasta “el fin más familiar de nuestros contra - pensamientos” [7]. La ideología existe como dato empírico en diferentes soportes, formas y modos. Se explica por el mundo de la crítica, en forma escrita o en imágenes. Presenta un orden conceptual, estructurado como una síntesis de ideas, cuyo objeto es constituirse en análisis sin objeto definido. Es un sistema de representación simbólica [8].

Desde esta óptica, las ideas expresadas en el texto son vectores de interpretación sobre el funcionamiento social, y tiene varios soportes pero sobre todo, se apoya en la imagen simbólica.

La ideología como concepto se codifica en los niveles de la significación, a saber: el denotativo y el connotativo. Unos sirven para nombrar o también, para denotar. Otros sirven para describir o adjetivar. La carga semántica se postula como neutral en el aparato conceptual ideológico, cuando en realidad esa posición frente a la vida se inscribe en el mundo del valor, de la moral. En ese aspecto, alejada de la verdad científica, la ideología circunscribe un mundo lleno de contra-sentidos, de falsa apreciación. La relación de la ideología con el símbolo (I - S) está dada por la orientación que asume la primera al construir la interpretación.

Esta relación I - S, con la intervención de la videosfera es transparente en apariencia, sin embargo en realidad es de lo más obscura, lo menos nítida posible. Entre más clara es la intelección del símbolo - imagen más se oculta el origen de su poder, esa es una de las misiones de la ideología, revolver lo claro. Depende de su aparato conceptual para hacerlo. Funciona como un sistema de signos y símbolos enfáticamente coordinados. Y ¿Quién lo maneja? El Estado en su afán de seducción.

En el Estado seductor , se propone lo siguiente: “El Estado ya no es lo que era” [9] el estatuto de su legitimidad ha cambiado, los medios han revolucionado este concepto, ahora se presenta como indiscutido, la escenografía de lo simbólico estatal ha mutado de locación; hoy son los apoyos audiovisuales los principales constructores de nuevos políticos de tipo light.

Lo que antaño se defendía como propiedad estatal, el hecho político, su conceptuación, su interpretación y su desdoblamiento tradicional como el “modus operandi” del político, hoy se domina, señalamos antes, con símbolos, con vectores ideológicos. En la postulación de la sociedad virtual, donde la película de la muchedumbre se desarrolla como en sombras chinescas [10] . Ante la aparente transparencia del símbolo visual, la máquina estatal produce significaciones múltiples, y la colectividad desconoce el verdadero origen y la intención final.

Este modus operandi es poco claro porque aún al revelar al ciudadano su contenido simbólico no le muestra todo el impacto social que busca el agente estatal, porque antes que nada el Estado demanda adeptos, para convencerlos de su función. En este aspecto la racionalidad política le impone un sesgo al quehacer y lo inscribe en el mundo de la moral, Lo descubre, lo desengaña para volverlo a encubrir.

 
IV. Videosfera

Los nuevos signos propuestos en la esfera del poder (cratosfera) revolucionan no solamente la simbología propia sino “la función y naturaleza del propio Estado” [11] Para el francés en esta obra, el cambio surge hace 150 años con el advenimiento del Daguerrotipo, con la impresión de la fotografia - signo, como índice de un proceso de realidad. La foto cumple este cometido.

Durante el lapso de la evolución de la videosfera, las insignias y símbolos del Estado se van relajando, mutan los significados como proceso genético. Se imponen las visiones locales a las grandes concepciones del universo, lo urgente se impone a los principios de orden y seguridad, la información como concepto da paso a una estructura masificada de datos. Se pasa de la autoridad partidista a las redes o a las alianzas (cívicas) o a grupos de influencia.

La referenciación del Estado como producto en la era de la escritosfera y la simbología del poder (cratosfera), ceden ante el embate de la imagen, se pasa de los conceptos tradicionales como “programas y proyectos sociales” a unos nuevos como perfiles personales.

En términos de política lo que se conoce como el secreto de Estado da paso y concede su lugar al nuevo término: la filtración. Imágenes que la máquina burocrática usa actualmente. Trueca los conceptos clásicos, codificados en la era escrituraria por figuras nuevas, con ángulos de imagen diferente; este es el caso de la representación social depositada y resguardada en el Parlamento, la cual se derrumba ante los sondeos de opinión.

Se trastoca así el universo de las palabras y la evolución de las imágenes, se cambian los órdenes de la vida, lo público es invadido por lo individual, por los modelos de vida privada, se imponen las personalidades a los organismos colectivos: importa cómo visten los gobernantes, cómo hablan, cómo se fotografia su vida y se impone a la de las “masas”.

Los cambios en la escenografla de la película del poder son fuertemente sustentados en la televisión por nuevas formas rituales de la política.

La simbólica del poder, frase de Yves Helios (1983), para su representación, se funda en la distancia asumida por los objetos y sujetos que lo sustentan como forma de dominación. La colocación de los objetos en los lugares palaciegos, el habla del político, el manejo de los símbolos patrios, todo ello alejado de la vida cotidiana del espectador le marcan; es allí donde la distancia entre los sujetos es real, el espacio entre dominantes y dominados se presenta desde el mundo de la imagen.

Con el advenimiento de la era de la imagen (la foto, el cine y sobre todo la televisión) se rompe ese vacío o distancia entre los interlocutores. El político y el ciudadano son vinculados en instantes. Los planos cercanos de la TV y el cine permiten un “acercamiento más familiar”; el espectador desde la comodidad de su sala de estar y el poderoso desde su “mejor ángulo”; la televisión y sus técnicas permiten conocer de forma cercana el color de los ojos, el pelo, la barba del dominador.

Se procura la “fascinación” de la cercanía del poderoso, la distancia quedó en la “escritosfera”, en el Estado dominante y arbitrario. Se banaliza la imagen de los “jefes de Estado”, para fascinar, ya no se hace necesario fabricar “héroes” [12]

El cambio en la función del Estado como productor de símbolos consiste en convertir el símbolo Jefe de Estado por el del Sr. Presidente, con la individuación del símbolo [13]. El Estado como era imaginado por el individuo, implica una degradación del concepto de autoridad tradicional, se autodevalúa para resurgir como un todo audiovisual [14] Han mutado, los emblemas y las divisas del Estado, durante estos últimos 150 años.

El Príncipe en su imagen es reducido a unas formas del símbolo, por encima de él está el principio de legitimidad. Importa que se crea más en su legitimidad que en sus principios políticos o en su persona. La creencia colectiva en el gobernante le confiere carácter sacro, su emblemática es parte sustancial de su poder. Es presentado en la dualidad claro - oscuro, donde la parte visible es más transparente, la que brilla más, la que da la aureola. La imagen representa los planos necesarios, “los dos cuerpos del príncipe el fisico y el jurídico. Uno carnal y otro simbólico” [15].

El Estado funge como el gran Mago, cambia la re - presentación del estadista por medio de la televisión. Lo encumbra como Soberano de “carne y hueso”, despersonaliza la función del Jefe y da cuerpo al Presidente, al Primer Ministro, dotado de vida propia, familiar. Presenta la “confusión” entre el nombre jurídico con el personal. En esta parte se gesta la telepresencia como función estatal [16].

La imagen tradicional permitía ver la doble función, por ejemplo, mientras los íconos y las máscaras representaban al individuo vivo, era porque generalmente ya estaba muerto, esa interposición del símbolo daba la doble cara. La representación simbólica y fisica estaban indisolublemente asociadas. En la era de la videosfera la foto y el video quitan la parte “invisible” porque no la captan. Son más ordinarias, menos elegantes, presentan la realidad con extraordinaria fidelidad. Una foto es una foto y nadie duda del objeto fotografiado, es imagen real.

 
V. Videocracia

 

La videocracia consiste en que “la personalización (idea fisíca) tiende a arruinar la personificación (idea moral). La transparencia liquida la trascendencia” [17]

La transparencia quita, desbroza, limpia la doble imagen. En la videocracia no hay “secretos de Estado”, todo es transparentado. La función del Estado es publicitarse, en esta era “la publicidad se convierte en lo esencial de su acción” [18]. El nuevo símbolo consiste en la telepresencia. Al respecto, el autor, construye una categoría analítica, la cual en el desarrollo de su obra va a tener presencia múltiple.

La telepresencia transparenta el Estado contemporáneo, el dirigente, el Jefe de Estado, el Rey, el Primer Ministro es configurado como un símbolo jurídico con presencia fisica, ambos aspectos son fundidos en un sólo concepto: la Telepresencia, como parte fundamental de la explicación de la videosfera, Sin este aparato crítico en la construcción con base en la imágenes fijas o en movimiento se pierde la parte sustantiva. Dijimos ya líneas antes, que el Daguerrotipo es el punto de partida de la era de la foto - imagen [19].

La videosfera esboza los deslizamientos progresivo, el cine y la televisión prolongan el mismo movimiento de revelación fáctica, extienden la misma toma objetiva de impresiones al movimiento tal como fue (el cine), al presente tal como es (TV), Debray sentencia que la “videocracia es un daguerrotipo gigante, excrecencia póstuma y cancerosa del índice primero” [20].

El índice, dice Pierce citado por Debray, es un signo realmente afectado por el objeto. Es una zona problema, en la imagen el indicador más genuino es la fotografia. La foto no genera símbolos genera indicadores, confrontaciones con la realidad, transparenta, quita el velo a la doble figura simbólica.

Es el punto de partida del Estado Símbolo, donde se consiente la superioridad de la idea sobre la realidad, y la actividad política se emparentaba con una producción simbólica [21]. En la videosfera, la época del daguerrotipo, la foto indica la primacía de los objetos sobre las ideas. Se abre así el paso a un nuevo modelo de Estado, al que denomina Estado Espejo, el cual: es un dispositivo sin imaginación [22]. Porque, dice Debray, la foto pertenece fundamentalmente al orden de lo real y no al orden de los signos, es un espejo [23] . En este proceso la simbología del Estado consiste en reflejar más que transfigurar los hechos sociales, su registro es puntual, inmediato, remite invariablemente al referente de la vida social.

La sociedad se capta así misma, se “enfoca” en un monitor, se piensa a sí misma como un Estado - Kodak [24], cuya base es su propio reflejo, tal cual. La televisión incorpora todos al mismo tiempo, en el mismo escenario, su reflejo es común, se da la participación, se pasa del control - represión estatal por el control estimulación de la democracia de la TV. La era del TeleEstado [26]. Nadie queda fuera de su universo - imagen. Todos son incorporados al espectáculo, todos son parte de la escena. El video es indicial más que simbólico. Representa a todos.

La sociedad pasa a hacer video - politica. En la era de la electrónica la vida debe carecer de gravedad y la seriedad de consecuencias [27]. El vídeo es la esencia de la vida, del presente, lo viviente es lo actual, el “live” orienta e indica la trascendencia. El cambio de función en el Estado Seductor consiste en que la vídeo - política es “una invención bastante reciente”; pero finca la base para el edificio de la seducción estatal [28], cuyos medios más importantes son la videograbadora, el control remoto y el walkman, y cumplen la función de reformadores políticos. Hacen trizas a la grafosfera para dar paso a la videosfera y su definición estatal, donde la imagen es la punta de la pirámide social. Los individuos se reemplazan, se cambian al hombre imagen, en lugar del “hombre de letras” [29].

 

 
VI. TeleEstado

 

El hombre imagen es necesario al teleEstado. Sin él, el cambio no se puede precisar; los nuevos ritos surgen en este hombre - soporte - vehículo en la idea del cambio hacia el nuevo concepto de estructura estatal. El Hombre - imagen busca afanosamente en esta era “el reemplazo del hombre de letras (vestigio de la grafosfera) por el hombre de imagen, rehace las siluetas lo mismo que las conductas” [30].

La telegenia como concepto critico recomienda el rostro agradable y la palabra fácil (facundia, chanza, labia, ocurrencia), escribe Debray [31]. Al nuevo hombre moral corresponde un hombre fisico, y el conjunto forma una nueva “raza” de animales políticos: abierta, franca, concreta, dinámica, relacional, cálida, simple, sonriente, de habla veraz, etcétera.

El parto del Zoon Polítikón se da en la imagen, en las entrañas del Daguerrotipo, la cámara fotográfica, la de cine, del video. La era de los 500 años de la “Galaxia de Gutemberg” es historia, la grafosfera cede paso a la videosfera y al político de nuevo cuño.

El Estado Seductor , según Debray, es una máquina de creencias. Pasa del símbolo al índice y le da génesis a su nueva función y estructura, cuya misión consiste en seducir. La propuesta implica comprender que a cada medio, mediosfera, corresponde en occidente una máquina crucial de transmisión: la iglesia, la escuela, la televisión. La logoesfera había producido el soberano fabulador, la grafosfera engendró el estado educador, la videosfera el Estado seductor [32] .

El Estado, dice el mediólogo francés, “es una cierta relación entre los hombres por lo cual el derecho de mandar es independiente de la persona del que manda” [33]. Pensada así la percepción de la imagen del vínculo entre los hombres es de tipo factual, de hecho, como algo dado en sí misma. Esta idea del estado tradicional, se puede encontrar en los clásicos, sobre todo en Maquiavelo. Con esta concepción tradicional del Estado, el autor retorna las bases necesarias para consolidar el término: TeleEstado.

Una tercera dimensión la define con la figura del Estado - Vínculo, al respecto dice: “Una colectividad se rige por un Estado cuando el vínculo de sumisión de hombre a hombre es reemplazado por una subordinación de principios” [34]. El asentimiento o el consenso como principio de legitimación.

La vinculación “despersonaliza la obediencia, crea la institución (estatal), con su doble imperativo de legitimidad y continuidad” [35]. De suyo el concepto de poder es insertado en el de relación. Marx lo había apuntado al referirse a esa “relación” simétrica entre los factores de la producción. Todas las relaciones de este tipo son de poder, puesto que al configurarse las “relaciones de producción” se configura la base del edificio social, cuya estructura como instancia, la más acabada es el Estado. Régis Debray continúa con la línea de explicación más elaborada de los clásicos del estado en occidente, aunque incorpora la imagen de la dominación al más puro estilo Weberiano, para pre suponer la “violencia” como inédito en la máquina del Estado, y para pre - sentar su propuesta actual: “si bien la institución estatal acompaña relaciones de fuerza materiales, las más de la veces de interés económico, funciona en sí misma como un fenómeno de creencia” [36].

Para Regis Debray, la imagen espejo y la relación de creencia en lo que señala es una sujeción a “todos por signos convencionales... Sin esta señalización la creencia no tendría objeto ni relevo..:El Estado puede estudiarse como un vacío semafórico: un espejismo de signos” . En esta era de la videosfera los símbolos son el referente más importante de la función estatal.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA:

Debray Régis.

El Estado Seductor. Las Revoluciones Mediológicas Del Poder . Buenos Aires. Ed. Manantial. 1995. 180 p.

Vida y muerte de la Imagen: historia de la mirada en occidente. Barcelona. Ed. Paidós Ibérica, 1994. 317 p.

Crítica de la Razón Política . Madrid. Ed. Cátedra. 1984. 401 p.

 

Notas al pié

[1] La mediación material es la forma como se sostienen los mensajes.

[2] El Estado es un fenómeno de creencia, donde las relaciones de fuerza (política) y económica pasan a supeditarse a las creencias de los individuos

[3] R. Debray. El Estado seductor loc cit. p 11

[4] es un concepto inscrito en lo que el autor llama escritoesfera. opcit p. 12

[5] loc, çit. alter

[6] La ideología es caracterizada como fenómeno político.

[7] ‘La mención que hace es directamente sobre el papel que juega la ideología en la construcción de los datos en la investigación. Crítica de la razón política . p. 12

[8] La representación simbólica en este autor se presenta como un factor de equilibrio entre la forma de representación y el simbolismo utilizado por el Estado. loc cit. Estado . . .p. 12.

[9] En el libro se postula la mutación de la imagen del hombre público a partir del ciframiento nuevo en la época de la videosfera. Op. Cit. P.12

[10] Concepto para referirse a las imágenes proyectadas en sombra.

[11] L a simbología con base en el desarrollo de la imagen se consolida con la creación del Estado moderno y contemporáneo, que según Debray, surge con el advenimiento del Daguerrotipo loc. cit. p. 16.

[12] La simbólica del poder es un término que señala el protocolo político tradicional. Loc. cit. P. 19

[13] Se pasa de la grandilocuencia estatal al individuo - símbolo, ibidem. p. 19.

[14] Estado audiovisual es el concepto que Debray propone para definir la nueva imagen surgida en los medios. Loc. cit pp. 19 - 20.

[15] El príncipe moderno domina desde la imagen y los medios.

[16] telepresencia es la forma de ocupar el vacío provocado por la distancia entre los gobernantes y los gobernados, es una función necesaria del príncipe moderno. Loc. cit. p. 20.

[17] Se postula la videocracia corno una forma de transparencia de la vida del Estado, en los medios no se puede ocultar la acción de los políticos, Loc. cit. p. 22

[18] La publicidad es la técnica preferida en el Estado moderno para hacer sentir a los ciudadanos su presencia. ibidem. p. 26.

[19] La fotografia como signo indícial de la realidad, en este caso del Estado. Loc. cit. p. 26

[20] El presente y el pasado como tiempos políticos son parte de la estructura estatal Loc. cit. p. 29

[21] El Estado cumple la función de la producción de símbolos para la sociedad. Loc. cit. p. 30

[22] El concepto es elaborado por Debray para significar una nueva idea del Estado en su afán de generar símbolos en los medios de comunicación colectiva. Loc. cit. p. 30

[23] idem

[24] La función del Estado es proporcionar a la sociedad su propia imagen y cómo ella misma se observa. Loc. cit. p. 31.

[25] Loc. Cit. P.33

[26] La videopolítica sirve para diluir los problemas reales y transportarlos en la t.v. Op. cit. p. 39

[27] La entrada en los hogares del ciudadano es en forma ligera, suave, sin que dude del beneficio de recibir ratificaciones del Estado. Loc. cit. p.39

[28] La mutación es un hecho dado en el Estado moderno. Loc. cit. p. 52

[29] Refiere a los nuevos políticos light , los agradables, los “bonitos”, los simpáticos para los ciuadadanos. Lo. cit.p. 52

[30] nuevo zoon politikon propuesto por el autor, dentro de la obra analizada

[31] La emblemática moderna, entonces, se basa en la seducción a través del video. Loc. cit. p. 58

[32] Definición del Estado según N, Maquiavelo, es decir el concepto de poder y dominación son el centro de

su explicación. Loc. cit. p. 59

[33] Loc. Cit. P. 59

[34] Las relaciones de los individuos son reflejados en la esfera del poder. Op. cit. pp. 59 y 60

[35] La creencia al estilo religiosa es reproducida por el estado moderno, idem. p. 60

[36] Los ciudadanos está siempre expuestos a los fenómenos de creencia y reflejo del espejo estatal. Idem. p. 60

 

Roberto Sánchez Rivera

Investigador titular en el área de Hemerografía del Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Se ha formado en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde es doctorante en Ciencias Políticas; también es maestro en Ciencias de la Comunicación, licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva, y profesor de educación primaria. Es responsable de los proyectos Sistematización de Prensa Metropolitana. Nuevas Expresiones de Cultura Política en México, y de las Biobibliografías de Escritores del Estado de Hidalgo. Coordina los trabajos del Seminario de Cultura Política Mexicana, adscrito al primero de los proyectos.
Es formador de bases de datos y ha publicado varios libros sobre comunicación y política; ha participado en obras colectivas del Instituto, es ensayista en diferentes medios académicos y de divulgación general y articulista de las revistas Metapolítica, Dossier político y Perspectivas políticas. Ha colaborado con las revistas Forum, MIRA, La Opción de Michoacán y el periódico electrónico Mexis, además de haber sido editorialista del periódico El Universal. También es consultor en análisis de información política y medios, así como miembro del Consejo Editorial de la revista Metapolítica, y miembro de la mesa de redacción de Dossier político.
Ha ejercido la docencia en la UNAM desde el año de 1973 a la fecha, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, como profesor de asignatura en la materia de Estado, Sistema y Poder Político, e imparte Seminario de Tesis I y II en la carrera de Ciencias de la Comunicación. E-mail: [email protected]

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