Universidad Anáhuac Mayab

El arte de la docencia

Publicado en: 12 de Junio de 2006

Ante la pregunta del moderador del taller de: ¿cómo identificas a un buen maestro?, uno no encuentra una respuesta fácil o sencilla, son tantos los maestros que han pasado por nuestra vida, hemos admirado a tantos, y nos han impactado de tantas formas, que es difícil identificar los elementos que caracterizan a un buen maestro; algunos de ellos se han convertido en verdaderos amigos y compañeros de vida. Al escuchar las respuestas de otros profesores, ante la misma pregunta, logramos escuchar fragmentos importantes de sus vidas, dándonos a entender que un buen maestro tiene efectos permanentes en la vida de sus alumnos. Que su ejemplo y carisma continúa, aún a pesar del tiempo y la distancia.

Como estudiantes, amigos, tutores y compañeros, de muchos maestros y alumnos, creemos que el arte de la docencia consiste en entregarse como ser humano, ser auténtico y congruente; creemos que jamás podemos ser frente a nuestros alumnos, algo que no somos; jamás podemos dar lo que no tenemos, ni podremos enseñar lo que no sabemos. Los estudiantes lo saben y no puedes engañarlos con facilidad. Para lograr esta congruencia, se requiere mostrar tu vida interior a los demás, y no cualquiera está dispuesto a ello; debe existir un genuino interés por el prójimo, por conocer su mundo, interesarse en sus referencias, sus experiencias y anhelos.

Según lo que pudimos escuchar en el taller, ser un buen maestro implica estar concientes de que siempre existirán puntos de vista diferentes al propio, con los que muchas veces no comulgaremos, pero debe existir respeto y deseos de escuchar. Por cada alumno que hay en un salón de clase, hay un mundo nuevo que conocer, ilusiones que compartir, batallas que luchar, discusiones que librar y lograr una comunión entre el yo y el tú, a través de observar nuestro reflejo en los espejos de los demás.

Aunque entendemos con claridad que el proceso de enseñaza – aprendizaje implica transferencia de un conocimiento, nos preguntamos, verdaderamente: ¿quién aprende de quien?, ¿quién se entrega a quien?, ¿quién debe tenerle paciencia a quién?… Es importante que cada quien tome el papel que le corresponde jugar y sacarle el mejor provecho al momento de cada aprendizaje.

Estas reflexiones surgieron en una actividad de investigación que se realizó en la Escuela de Comunicación de la Universidad del Mayab. Mediante la técnica de Grupo Focal, se realizó una entrevista grupal a diez Maestros de Planta y de Honorarios, de las carreras Arquitectura, Diseño, Comunicación y Psicología. La actividad tuvo una duración de una hora media y fue moderada por el Doctor Vicente López Rocher. Bajo el tema “El arte de la docencia” se trataron temas sobre el desempeño de un buen maestro, tratando de identificar los factores en que fallamos algunos profesores para poder alcanzar el ideal de un “buen maestro”.

Los grupos focales, grupos de enfoque, focus group o entrevistas grupales, tienen un gran valor para la investigación cualitativa pues son un excelente instrumento para la recolección de datos de una manera rápida, fácil, práctica, y menos costosa que las entrevistas individuales. Permiten al investigador conocer mejor las actitudes, creencias, comportamientos y motivaciones de la población sometida a investigación; también permiten interactuar con los participantes para hacer aclaraciones, recoger información no verbal y proporcionan gran cantidad de datos con las propias palabras de los participantes. Tienen un efecto sinérgico que lleva a profundizar en el tema; son flexibles al permitir una amplia diversidad para el tratamiento de temas, con una variedad de individuos y de lugares; y es posible trabajar con personas que no tengan educación formal especial.

Este tipo de instrumento de investigación crea un espacio de opinión entre los participantes pues las personas hacen uso de su derecho a hablar y a emitir opiniones. Esta técnica tiene una conformación típica: un moderador, que dirige al grupo, un relator que anota las respuestas; puede existir un observador que apoyan al relator y observe las reacciones; la persona que graba la sesión, y los participantes, que son las personas que conforman el grupo de discusión.

Ante la solicitud de recordar a un buen maestro, algunos de los profesores dijeron:

“Recuerdo que sabía muchísimo, tenía mucha experiencia profesional y era exigente”. “Recuerdo su profesionalismo y responsabilidad hacia la docencia, realmente amaba su materia”. “Recuerdo uno que nos daba la oportunidad de discutir y explicar las dudas, se ponía en lugar del alumno, nos daba las bases para entender y cuestionar”. “Recuerdo a un maestro que, más que la exigencia, lo más importante era la convicción que tenía con el alumno; se aprende cuando el profesor está convencido de que lo que enseña es trascendente para la vida; contagia el deseo por aprender más”.

“La característica más importante que recuerdo era la pasión por lo que enseñaban, no importaba si no estabas de acuerdo con ellos, realmente escucharlos hablar te invitaba a leer e investigar; las clases te dejaban con preguntas más que con respuestas”. “Recuerdo su calidez humana, siempre dedicaba tiempo fuera de la clase para resolver dudas, te tachoneaba todo tú trabajo con comentarios; te orientaba sobre nuevas fuentes de investigación”. “Le importaba más el crecimiento humano. Sus trabajos me exprimían el cerebro, me hacía alcanzar cosas que nunca imaginé lograr; exigía lo mejor de mi”.

“A los que más recuerdo son los que me exigían más de la cuenta; también recuerdo que te ayudaban en tu crecimiento humano, que iba más allá del salón de clases; te ayudaban en problemas personales; se involucraban, se preocupaban por sus estudiantes”. “Recuerdo a un profesor que no era muy apegado al modelo tradicional ni buscaba ajustarse al programa académico, pero se interesaba en sembrar en nosotros el hambre por la lectura. Era una persona desparpajada, que ponía en tela de juicio muchas cosas y creo que despertó potencialidades en mí que tenía dormidas. No era un profesor modelo, pero me influyó para sembrar una actitud constructiva y crítica en mis alumnos”.

“El maestro que más recuerdo nos hacía ver el estudio como una vivencia más allá del conocimiento teórico; se preocupaba por sacar lo mejor de cada uno, pero con delicado respeto, que te permitía no sentirte invadido. Lograba un gran acercamiento con cada uno de sus alumnos; lograba tocar cada uno de sus corazones. Era coherente, si exigía puntualidad, era puntual, no pedía algo que él no daba”.

Ante la pregunta: ¿Por qué no hemos podido imitar ese modelo?, algunos maestros respondieron:

“Creo que el factor fundamental es el tiempo, las circunstancias, los estados de ánimo, las prisas y tantas otras cosas que nos impiden ver la temática del programa como es debido. El reto es organizar todo lo que uno quiere compartir y transmitir”. “Una dificultad es poder conectar los conocimientos con la experiencia. Podemos tener todas las buenas ideas en la cabeza, pero nos olvidamos cómo trasmitirlas y cómo conectarlas con la vida real. Además, vamos de prisa, porque tenemos un programa que cubrir, nos olvidamos de las necesidades de los estudiantes; hay una urgencia de terminar el contenido y nos olvidamos de las cosas importantes”.

“Una razón por la que no he logrado el modelo pedagógico de mis maestros, tiene que ver con la brecha generacional; estos chicos son totalmente visuales, ya no podemos aplicar las técnicas tradicionales que nos enseñaron”. “Otro problema es que, si me pongo muy exigente, me ven como la mala; me piden que les eche una mano, buscan el camino más fácil”. “Creo que nuestra actual generación de estudiantes es muy pasiva, está muy influenciada por la TV , son sólo receptores pasivos”. “A los estudiantes sólo les importa la calificación, quieren sacar puro diez”. Otra razón por la que los profesores no logran adoptar los modelos de docencia aprendidos en el pasado, es que: “Nos hace falta más creatividad, atrevernos a generar experiencia en los alumnos. Debemos actualizarnos, no sólo en lo teórico, sino en el entorno actual. Hay que contextualizar lo que enseñamos en el marco de lo que sucede en el mundo; no estamos acostumbrados a analizar y crear algo nuevo”.

Durante la discusión del grupo focal, no hubo un consenso, el grupo no se puso de acuerdo, lo cual es congruente con los objetivos de esta metodología; su principal objetivo es generar un “constructo social”, en este caso pedagógico, sobre el arte de la docencia. El grupo de maestros acordó que no hay esquemas que sean 100% efectivos, que no sólo se enseña la materia, sino valores y actitudes; su forma de ser es la que transmiten la pasión por lo que hacen. Te influyen, no tanto como maestros, sino como seres humanos; aprendes más de aquellos que se atreven a romper paradigmas. Más que conocimientos, el alumno espera sencillez y ganas de querer compartir el conocimiento.

Los maestros no estuvieron de acuerdo sobre el concepto de que la docencia es una “vocación” Para algunos, aceptar esta idea es identificarla con algo mágico, defienden que la docencia es algo que se construye y se va formando; la vocación, según ellos, también tiene una explicación. Otros dijeron que si no fuera una vocación, todos podríamos ser mejores maestros y, realmente, sólo nos acordamos de unos pocos; existe mucha gente que da clases, pero pocos nos impactan y nos enseñan.

Algunos maestros tampoco estuvieron de acuerdo que un buen maestro debe compartir sus experiencias personales. Aceptaron que hay materias en donde uno puede compartir sus experiencias, pero que hay otras que no lo permiten. Defendieron que mucho depende de la posición que le toque al maestro jugar en determinado momento y ante el grupo que le pongan en frente. Creen que también hay que tomar en cuenta la situación económica y familiar del propio maestro.

Durante la sesión se aceptó que los tiempos han cambiado, que ahora las cosas son más rápidas, que la información hoy va en una gran velocidad, no has acabado de dirigir una cosa, y ya hay otra nueva. Se opinó que los maestros aprendan a contextualizarse con el alumno, disminuir la brecha generacional. Esta actualización debe ser una responsabilidad del maestro; no taparse lo ojos ante la nueva realidad; no podemos cambiar a nuestros alumnos, si no cambiamos primero nosotros. Debe haber un trato de respeto y cordialidad entre alumnos y maestros. Según ellos, debemos ser sensibles a las necesidades de aprendizaje de los alumnos; el principal reto es encontrar la motivación en los alumnos.

A manera de resumen, algunos de los indicadores que más sobresalieron en el

arte de la docencia, son: amor al trabajo, hacer su trabajo con pasión; llevar al alumno a que rompa sus propias limitaciones; compromiso, responsabilidad, respeto, abrir su vida a los alumnos; ser coherente; entrar en el contexto del alumno; ser creativo; mantenerse actualizado, en métodos académicos y acontecimientos importantes.

Tenemos la intuición de que la respuesta ante nuestra pregunta original, sobre los elementos que conforman a un buen maestro, se encuentran de alguna forma en estas cuartillas, pero estos no pueden ser colocados u ordenados como en una receta de cocina; cada maestro deberá encontrar su propio balance; cada uno de nosotros deberá enfrentarse a sus alumnos en un salón de clase concreto, y deberá encontrar su propio camino. No hay una forma única, cada quien deberá encontrar el equilibrio entre la capacidad y la facilidad para aprender y enseñar, tanto para el maestro como para el estudiante. Quizás, en el fondo, el arte de la docencia está en el arte de encontrarse cada uno como ser humano y como persona.

 

LCC. Silvia Zuhaila Zapata Carrillo, Coordinadora de Laboratorios Escuela de Comunicación y Diseño. Está próxima a finalizar la maestría en Comunicación Corporativa. Correo electrónico: [email protected]

Dr. Vicente López Rocher, es profesor de la Escuela de Comunicación de la Universidad del Mayab, y coordina actividades de investigación en la misma Escuela. Correo electrónico: [email protected]

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