Universidad Anáhuac Mayab

Familia, educación y valores

Publicado en: 12 de Junio de 2006

 

En los últimos años, diversos sectores de la sociedad mexicana han sido partícipes de un creciente interés por el tema de los valores. Aunque no puede decirse que este interés sea nuevo, puesto que diversas instituciones sociales, como la familia, el estado o las iglesias, comparten la función social de preparar a los individuos para su desarrollo como seres humanos integrales a través de la transmisión de valores. A la escuela se le ha asignado históricamente un papel primordial como espacio social en el que se producen la asimilación, interpretación y recreación de los valores fundamentales de una cultura y una comunidad.

Como sucede en otros países, el actual interés por los valores obedece a la intención de afrontar a través de la educación valoral los múltiples problemas que actualmente acosan a las sociedades modernas.

Acompañar a un niño en su proceso formativo es una gran misión en la que se requiere de entrega, cariño y paciencia. La realidad educativa de este tiempo, reclama la necesidad de formar personas que contribuyan afectiva y efectivamente en el desarrollo de la sociedad, teniendo como base un conjunto de habilidades, destrezas y valores humanos que le permitan ser una persona creativa, la cual sepa afrontar los retos que se le presenten en la vida.

La familia es el primer grupo social donde se integra el ser humano y ésta es la encargada de la formación de los niños, de su carácter y de su personalidad. Es en el hogar donde los niños aprenden conceptos morales, no sólo por indicaciones de los mayores o de lo que escuchan sino a partir de lo que observan y viven. Para que ellos mismos reafirmen sus valores y actitudes, es necesario encontrar coherencia de vida en sus padres, ya que las actitudes que aprende una persona por cualquier medio influyen en sus comportamientos de acercamiento o evasión hacia las demás personas, pues una actitud tiene relación entre una persona y otra y también entre una persona y las cosas, así que las acciones que los individuos toman de otras personas afectan la manera como piensan sobre sí mismos y en consecuencia tienen importancia personal. Con esto se quiere decir que es muy importante la coherencia de vida entre lo que se dice y lo que se hace, por ejemplo, no se puede pedir respeto al pequeño cuando en su mismo hogar no es respetado, y este testimonio no debe ser sólo de los padres sino también de los maestros ya que para la educación de los hijos la familia se apoya en la escuela y en la formación que ésta brinda en su propuesta curricular de educación moral, en la que presenta sintéticamente el tipo de experiencias de enseñanza-aprendizaje programadas con el fin de acercarse al perfil de personalidad moral propuesto.

Descubrir y cultivar las aptitudes de cada cual es tarea que no corresponde únicamente a la escuela. El papel de la familia en el pleno desenvolvimiento de las aptitudes del alumno es a la vez soporte y complemento de los esfuerzos de la escuela, reconocer la función que desempeñan los padres de familia en la educación de sus hijos arroja resultados positivos que inciden en la formación y desarrollo de los escolares, por lo tanto los maestros deben estrechar los vínculos con las familias de los niños que se encuentran bajo su responsabilidad.

Integrar a los padres de familia en la corresponsabilidad educativa de los niños en la escuela para establecer relaciones de colaboración eficaces y tomar decisiones concertadas; aprender a dialogar en un ambiente de confianza y de respeto, tanto los maestros como padres de familia contribuirán a formar y educar en valores a los estudiantes que inician su desarrollo humano en la escuela primaria.

El niño desde su concepción hasta su nacimiento, y posteriormente a lo largo de su vida recibe la influencia afectiva de sus padres, los sentimientos que se transmitan en el período inicial formativo, lo marcarán en su desempeño y desenvolvimiento con los demás. La psicología infantil permite alcanzar un conocimiento superior del niño, que comparado al de otras disciplinas, nos proporciona información relevante respecto a su naturaleza, desarrollo, maduración e inteligencia; esta disciplina remarca considerablemente la importancia en los tipos de relaciones que se dan entre padres e hijos, ya que éstas construirán la personalidad del individuo mediante el desarrollo afectivo, psicomotor y del lenguaje; la interacción entre herencia y ambiente formarán a la persona humana como un todo, como un ser que afortunadamente puede ser perfectible.

La imagen de sí mismo, la secuencia normativa del yo, y el desarrollo inicial en la familia, determinarán los factores de la personalidad y muchas de sus variables afectarán el aprendizaje del niño; si los padres aceptan y valoran intrínsecamente al niño, esto es, lo aman por sí mismo, éste tenderá a satelizar en relación con ellos; sus sentimientos de autoestimación no dependerán de su competencia y capacidad de ejecución relativas, ya que aceptará acríticamente los valores de sus padres y el status derivado de ellos. Se sentirá culpable y desleal si acepta los valores contrarios a los de las personas con las que el sateliza, este tipo de niño es emocionalmente dependiente porque renuncia a su propio estatus independiente. Puede ser rechazado o aceptado en términos de su competencia ordinaria o potencial, así como de su utilidad, por lo que temerá al fracaso más de lo que desee el éxito, tendrá poca autoestima y padecerá de ansiedad neurótica, el mejoramiento vicario de su imagen será por lo que sus padres pueden obtener a partir de sus logros. El desempeño y desenvolvimiento del niño en la escuela primaria es reflejo del trato que recibe de sus padres, de ahí la conveniencia de integrarlos en la coeducación de los hijos.

Durante sus primeros años, el niño no está expuesto directamente a una muestra representativa de la cultura en general, sino a una versión restringida y parcial proporcionada por su medio familiar. Los padres tienen la obligación de interpretar la cultura para el niño y de servir como representante oficial de ésta en su trato con él. Se encuentra bajo la presión de producir y entregar un individuo que sea un facsímil razonable de la pauta cultural imperante. Si él mismo asimila los valores y las expectativas de su cultura, con respecto a los objetivos de la crianza infantil, no tendrá mayores dificultades para desempeñar su papel de representante de la cultura. Si, por el contrario, sus valores y actitudes personales están en contradicción con las normas culturales, tenderá a sentirse resentido y ambivalente respecto de su rol y manifestará estos sentimientos exhibiendo una abierta rebeldía o bien, lo que es más frecuente, asumiendo una aceptación puramente verbal mientras sigue sus propias inclinaciones de modo encubierto.

En primer lugar la familia presenta al niño una visión altamente indiosincrásica de la cultura, los padres siempre son selectivos en cuanto a las alternativas culturales que deciden transmitir y a sus percepciones de las normas culturales. Además, no sólo se apartan deliberadamente y en diversos grados de las normas culturales sino que incluso improvisan sus propias normas respecto de los aspectos menos estandarizados de las relaciones entre padres e hijos. Y en el trato de los hijos siempre se expresan los aspectos predominantes de su propia idiosincrasia.

En segundo lugar los modelos conductuales específicos presentados por los padres difieren cualitativamente de otras pautas específicas que el niño percibe en el ambiente comunitario. El hogar es un ambiente no sólo social sino también intensamente personal e íntimo. Las recompensas y los castigos provienen directamente de determinadas personas, y no de símbolos abstractos. El hogar nunca puede ser más que un anticipo de lo que el niño puede prever acerca de la cultura general. Sólo le es posible predecir que ésta lo tratará en forma más objetiva, casual e impersonal; no puede esperar ningún privilegio especial, ningún interés particular por su bienestar y ningún tratamiento preferencial. Pero fuera de estas previsiones negativas, lo que más afecta al niño es su ignorancia sobre el tipo de conducta que puede esperar de otros individuos, puesto que en el exterior tendrá que enfrentarse con un conjunto mucho más numeroso de personas acerca de cuyas actitudes tiene un conocimiento sustancialmente limitado.

En materia de educación, los adultos suelen tener algo en común: inseguridad con respecto a si lo estarán o no haciendo bien al enseñar. Saber en qué manos está la conducción de los niños de las generaciones que nos suceden es importante, muchas veces se duda en cuanto a la pertinencia de las tácticas que se utilizan, y esto tiende a ocurrir independientemente de que se haga el mejor esfuerzo y de que en el acto educativo se ponga en juego mente y corazón.

En dicha formación entra la participación directa del docente, cuya tarea es promover el desarrollo integral del educando, en este campo, el profesor no debe limitarse al trabajo dentro del salón de clases sino propiciar que el alumno se apropie de cada uno de los valores que le permitan desempeñarse de manera armónica con sus compañeros, con responsabilidad y uso de su libertad, tolerancia y cooperativismo; ayudar para que se internalicen dichas prácticas, de tal forma que el alumno se dé cuenta de lo que aprecia y desea de los valores que practica, centrándose este trabajo en el diálogo y la interacción grupal.

Lo que requiere de un cambio en las prácticas pedagógicas y sociales realizadas en la escuela y en el aula; así como en la actitud del docente. Para lograr el éxito en la promoción, desarrollo y apropiación de los valores en la escuela primaria, será necesario contar con la opinión de los docentes respecto a este tema tan importante en la educación actual.

Tanto la familia como la escuela se reconocen como espacios importantes para la formación valoral. Sin embargo, es la escuela la que permite trabajar de manera intencionada y sistemática las temáticas relacionadas con los valores. Se considera que si la escuela no forma valoralmente, o lo hace en forma oculta no será capaz de desarrollar al ser humano en forma integral.

Actualmente prevalece una actitud de indiferencia en materia de esquema valoral, ya que se ha dejado para dar paso a la modernización, es impresionante que los valores se entierren en un mundo donde la tecnología, el consumismo y la lucha de poderes ha permeado aceleradamente la esencia de la convivencia humana armoniosa.

Es tiempo de actuar, aplicando estrategias y acciones concretas con los niños, involucrando a los padres de familia y los profesores para unir esfuerzos y orientar la práctica diaria y permanente de actitudes que promuevan los valores, en cualquier situación o problema del orden familiar, escolar y social, no se debe creer que en la escuela se les enseñará todo a los niños, pues es en la familia donde se cimentan las bases sólidas que les permitirán enfrentarse al mundo.

La falta de amor y respeto, la deshonestidad, desconfianza y la irresponsabilidad contribuye al deterioro de las relaciones interpersonales en la familia, la escuela y la sociedad; compete directamente a padres y profesores el rescate y fomento de actitudes que fortalezcan el respeto como personas y la autoestima para lograr la dignidad y calidad humana que tanto se necesita actualmente.

Los problemas del mundo moderno obligan a la educación en valores a buscar nuevas estrategias para sus fines, la educación es un problema de naturaleza moral, la educación en valores permite potenciar en la escuela las capacidades, habilidades y destrezas del niño. Para que el niño aprenda y promueva ambientes sociales de respeto, responsabilidad y fraternidad necesita del apoyo de sus padres y profesores, por lo que consultarlos para saber cómo piensan y qué opiniones tienen será relevante para un trabajo posterior en esta área de formación tan importante para los seres humanos. 

Es tarea de la educación básica, de los padres de familia, primeros educadores y formadores de valores en los niños, de los docentes , desarrollar en el alumno las actitudes y los valores que lo doten de bases firmes para ser un ciudadano conocedor de sus derechos y los de los demás, responsable en el cumplimiento de sus obligaciones, libre, cooperativo y tolerante; es decir, un ciudadano capacitado para participar en la democracia. En la escuela primaria se requiere la responsabilidad conjunta de padres y maestros para lograr una educación comprometida con dichos valores.

Frente a los retos que plantean los cambios del mundo contemporáneo, es necesario conocer las opiniones de los padres de familia y los docentes para fortalecer la identificación de niños y jóvenes con los valores, principios y tradiciones que caracterizan a nuestro país. Al mismo tiempo, se trata de formar ciudadanos mexicanos respetuosos de la diversidad cultural de la humanidad, capaces de analizar y comprender las diversas manifestaciones del pensamiento y la acción de las personas.

Lograr estos objetivos es tarea de todos, de la educación básica, de los docentes, de la familia y de la sociedad, y no de una asignatura específica. La educación deberá contribuir a la mejor convivencia humana, fortaleciendo en el educando el aprecio por la dignidad de la persona y la integridad de la familia, así como la convicción del interés general de la sociedad y de los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, sin privilegios de razas, religión, grupos, sexos o individuos.

Los acontecimientos que marcan más la vida infantil, los hechos y las adquisiciones más indelebles son siempre aquellas que están más teñidas de afectividad, para que el niño pueda desarrollar mejor su aprendizaje, es necesario que sus pensamientos y sentimientos sean los de una persona que se siente aceptada y querida por los demás, lo que hace necesario e indispensable averiguar cómo se encuentra esta área de desarrollo en los padres de familia y maestros y su repercución e impacto en la formación integral del niño escolar.

Existen diferentes planteamientos sobre las razones de fondo por las cuales debe plantearse la necesidad de la formación valoral; al respecto podemos mencionar: la presencia de un fenómeno de cambio de valores a escala mundial, los valores se están derrumbando y aún no se han construido nuevos valores, o éstos, son más individualistas. Esta situación afecta de manera especial a la población joven. Algunas características de la crisis de valores son: la influencia debilitadora de la televisión, el cambio de la estructura familiar, el rompimiento de las relaciones entre escuela y comunidad.

Los padres de familia y profesores deben vivir conjuntamente con los niños los temas planteados, orientando la enseñanza como una investigación viva o sea una metodología vivenciada, donde el niño: sienta, actúe, interprete y exprese, implicándolo en su propio proceso de aprendizaje. Si el niño adquiere espontáneamente los medios de expresión como herramientas de su aprendizaje y las forja para sí, las crea y las integra a su esencia humana, construirá una base sólida y fuerte en su personalidad.

La educación en valores se justifica por la necesidad que tienen los individuos de comprometerse con determinados principios éticos que sirvan para evaluar sus acciones y las de los demás. Están presentes en la vida cotidiana, se manifiestan mediante conductas y también mediante opiniones expresadas oralmente o por escrito y suelen dar lugar a normas sociales. Los valores sirven para guiar las conductas de las personas, son el fundamento por el cual se hace o deja de hacer una cosa en un determinado momento. Dicho de otra manera, los valores son principios normativos y duraderos que sugieren que una determinada conducta o un estado final de existencia personal es socialmente preferible a otros que consideramos opuestos o contradictorios.

Educar y formar a los niños en la escuela primaria es un reto, requiere de un compromiso con la vocación, de una constante preparación humana y magisterial que conlleve a la realización plena de todos los involucrados en el hecho educativo.

El abordaje de los valores desde el punto de vista educativo, o desde la perspectiva de su estudio e investigación, dista de ser un proceso simple. Al respecto, cabe aquí mencionar dos dificultades principales que los profesores e investigadores encuentran para acercarse a este tema, en primer lugar, los valores no son aspectos educativos formalizables de la misma manera que los contenidos de un curso o un programa educativo, sino formas de relación que se expresan y se trasmiten de una manera peculiar. Por otra parte, el estudio de los valores abarca una gama amplia de temas que lo mismo incluyen la relación diádica entre el profesor y el alumno, que la formación de actitudes democráticas o la adquisición de formas de relación de los sujetos con el ambiente natural.

La escuela no debe instruir, sino formar: es decir no debe impartir conocimientos, sino ayudar al educando a madurar en otros aspectos de su desarrollo. En este sentido se distingue la formación de valores dentro del vasto campo del desarrollo integral del individuo.

El clima de confianza y comunicación que se construya en la escuela, la forma como se establezcan las normas y como se aplique el reglamento, van dando a los alumnos elementos para la construcción de valores, la formación de valores se da en todas las vivencias de los alumnos tanto en la ejecución de las lecciones diarias, como dentro y fuera de la escuela.

La tarea del docente en este campo no debe limitarse al trabajo dentro del salón de clases sino propiciar que el alumno se apropie de cada uno de los valores que le permitan desempeñarse de manera armónica con sus compañeros, con responsabilidad y uso de su libertad, tolerancia y cooperativismo; a la vez ayudar para que se internalicen dichas prácticas, de tal forma que el alumno se dé cuenta de lo que aprecia y desea de los valores que practica, centrándose este trabajo en el diálogo y la interacción entre padres de familia y maestros. Lo que requiere de un cambio en las prácticas pedagógicas y sociales realizadas en la escuela y en el aula; así como en la actitud del docente y los padres de familia.

Compartir la responsabilidad educativa con los padres de familia que se interesan por los problemas que surgen del entorno en donde se desarrollan sus hijos, es gratificante, y compromete a rendir cuentas abiertamente de los logros y dificultades encontrados en el quehacer educativo.

 

Martha Isabel Peraza Medina es maestra de Desarrollo Infantil I y II en la escuela Normal de Ticul, basados en un Programa de Intervención Pedagógica Valoral. Escríbele: [email protected]

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