Universidad Anáhuac Mayab

Paradoja de la intimidad.

Publicado en: 10 de Julio de 2008

Paradoja de la intimidad.

Vicente López Rocher.

¿Bajo qué circunstancias una persona decide abrir lo más profundo e íntimo de sí? Aparentemente la respuesta no es fácil. A pesar de que los seres humanos defendemos nuestra intimidad, como un valor primordial, también tenemos tendencias a abrirnos y divulgar nuestro interior, sin saber exactamente por qué. Se está de acuerdo que este problema de la intimidad y la privacidad no está del todo claro.

Estudios demuestran que, si en una investigación se indica que los resultados se mantendrán en forma anónima, no necesariamente hacen que la gente sea honesta. Por otro lado, en lugares de Internet, donde se le pide a la gente que diga la verdad, lo hace, aún estando consciente que esos datos serán divulgados ampliamente. Así, ¿qué elementos inducen a las personas a compartir su interior?

Hace dos años iniciamos una investigación sobre el uso del Chat en la juventud. Unos de los resultados finales de la primera parte, fue que los adolescentes tienden a jugar con su propia personalidad, estableciendo roles imaginarios y compartiendo cosas que en realidad son virtuales. La juventud usa el Chat para experimentar su propio ser, es decir, experimentar otras formas de ser. Esto podría ser una herramienta de gran utilidad para encontrarse y definirse a uno mismo. Pero también existe el lado negativo: nos perdemos en ese juego y nunca nos encontramos; muchos adolescentes entran en caminos sin salida. 

En el Chat, los jóvenes pueden mantener diálogos bastante personales con gente que no  conoce, llegan a compartir momentos de profunda intimidad con un extraño. ¿Cómo es esto posible? Una de las respuestas es que no existen parámetros claros de cuándo, dónde y con quien decidimos compartir pensamientos, ideas o sentimientos muy personales. Otra es que, en la soledad del hogar, frente a la computadora, los individuos se sienten con la libertad de abrir su interior, aunque los resultados puedan ser totalmente públicos. Pero queda claro que si hay algo que alienta y fomenta a este medio de comunicación es el anonimato. Todo esto plantea una paradoja de la intimidad. 

Esta paradoja de la privacidad significa que la gente tiene impulsos y opiniones contradictorias e inconscientes sobre cuándo guardar o compartir información personal. Esto revela que nuestros principios sobre la privacidad son poco firmes. Las probabilidades de abrirnos o cerrarnos dependen de quién pregunta, cómo lo hace y en las circunstancias que se de. Si alguien nos dice: "prometo no decírselo a nadie", es como una garantía de que lo dirá. Es lo mismo que cuando le pedimos a nuestro interlocutor: "por favor esto no se lo digas a nadie", es como pedirle que lo haga. Parece ser que, mientras más insistimos en guardar la privacidad, es porque hay razones para divulgarla; la persona, menos piensa en la privacidad, más abierta está a compartirla.

Es quizás por esta razón que, cuando estamos con alguien que nos da confianza, ni siquiera pensamos en lo que decimos, sencillamente lo hacemos. Este es lo que sucede en el Chat: abrimos la compuerta y no defendemos nuestra intimidad. Las herramientas no son consideradas "personas" que pueden divulgar lo que decimos, como lo hacen nuestros amigos o conocidos. La cultura human se ha desarrollado bajo las premisas de la comunidad, pero ésta no siempre se da. Los seres humanos "aprendemos" cómo y con quién compartir nuestro interior. Este aprendizaje humano no ha sido incorporado a las nuevas tecnologías. Hemos descubierto que la tecnología ha sido una fuerza poderosa en el desarrollo de la sociedad, ella da forma y refleja sus valores. El ser humano se sirve de ella para transformar el mundo y satisfacer mejor sus propias necesidades.

Otro de los resultados de nuestra investigación fue que los niños, que no han llegado a la adolescencia, o las personas más frágiles emocionalmente, son las más vulnerables. Dicen los adolescentes que, los más grandes tienen más posibilidades de reconocer, por la forma de escribir, si la persona que está del otro lado, está mintiendo o es "sospechosa". Aunque esto no siempre es válido para todos, sí lo es más complejo para los más pequeños. Es decir, los peligros de la red se amplían para los que no han desarrollado ciertas habilidades sociales.    

Resultados de investigaciones similares indican que las parejas que se conocen por Internet suelen terminar pronto porque la gente acaba escogiendo compañeros inadecuados y forma lazos emocionales antes de conocerse cara a cara. Las mujeres son especialmente propensas a encontrar al hombre equivocado, ya que tienden a sentirse atraídas por comentarios ingeniosos o correos electrónicos inteligentes. Lleva tiempo entender que no puedes asumir que las cosas son como parecen en línea, pero lo deseamos. Así que, sólo porque alguien pueda escribir un comentario inteligente o un correo ingenioso, no significa que es una persona adecuada para el que lee.

Existe lo que se ha denominado: efecto de desinhibición, en el que la gente tiende a exagerar sus puntos positivos y ocultar los negativos; la mayoría se presenta a sí mismos como un buen partido. Se sabe que a la gente le resulta fácil implicarse emocionalmente en una relación en línea, porque no tiene una visión completa de la persona a la que está escribiendo. De hecho, algunas personas llegar a enamorarse de la imagen que construyen en su mente. Los psicólogos de la Internet recomiendan que primero se conozcan en tiempo real y luego expandirla en forma virtual. Quizás las parejas deban tomarse un café después de unos pocos correos, lo que les evitaría formarse una imagen falsa del otro.

Otra investigación reveló que los niños británicos, de entre 11 y 14 años, interactúan cada vez menos con sus familias y pasan cada vez más tiempo en sus habitaciones viendo la televisión, jugando en la computadora o enviando mensajes digitales a sus compañeros. Muchos parecen estar experimentando un gran aislamiento de la vida familiar; más de la mitad dijeron que les gustaba pasar el tiempo a solas. La segunda etapa de nuestra investigación encontró resultados opuestos en adolescentes mayores. La computadora, el Chat y el celular ocupan los últimos lugares, en la forma en que ellos invierten su tiempo. Estos jóvenes valoran más la casa, el hogar y el tiempo consigo mismo. Quizás la tecnología, por sí misma, no conforma a los sujetos, sino que es mediada por la cultura.

En el Chat, el desconocimiento de quién está detrás de un nick permite el despliegue de aspectos de la personalidad que en la vida diaria, ordinaria, no son puestos en juego. Los usuarios crean un personaje, con su respectivo nombre, lo actúan, e interactúan a través de él con otros usuarios ya sean éstos conocidos o no. Los nicknames permiten a los sujetos "esconderse tras ellos" y en ese corte con la cotidianeidad del nombre y la identidad, establecen a través de la red, un juego con la identidad, viviendo una nueva vida a través de un "personaje". A través de esa suerte de disfraz, de escondite, se posibilita un paréntesis en lo de todos los días y sobre todo con las expectativas, con lo que se espera de uno, las exigencias sociales.

Algunas de estas identidades son mantenidas a lo largo del tiempo, otras duran tan sólo el tiempo de una conexión. Aspectos temidos, que no pueden integrarse a la personalidad global del sujeto en su accionar diario, a veces logran ser desplegados en un Chat como modo de observar y estudiar las reacciones de los otros. Este aspecto puede ser integrado a la personalidad y no sólo jugado. Ese personaje creado reviste características de ideal, las personas arman su personaje con lo mejor de sí mismos y de sus ideales. Esas presentaciones ideales suelen ser causantes de las decepciones posteriores cuando se dan encuentros cara a cara y la realidad no concuerda con la virtualidad.

La lejanía, el ser un "desconocido" alimenta las fantasías y habilita a la acción que no se podría llevar a cabo en el contexto de la cotidianeidad, donde se es fácilmente identificable. El anonimato brinda refugio y descanso de las reglas sociales que operan como tensión para el individuo que debe aceptarlas para no quedar excluido de lo social. Es un paréntesis en la vida ordinaria, un corte con el funcionamiento del día a día. El anonimato libera al individuo y lo deja a merced de sí mismo; rinde cuentas a su propia persona, ya no al grupo ni a la comunidad. Todos sus impulsos, sus pulsiones, quedan liberadas de la tiranía del mundo externo. Las restricciones culturales, morales, sólo pasarán a operar desde su mundo interno.

En el Chat las cosas suceden rápido, al instante y todo cambia; basta dar un clic y podemos poner fin a una plática, una discusión o una relación. Es un mundo en el que uno puede cambiar su propio perfil, si es que no le gusta, o cambiar su identidad por otra más aceptable. Hay especulaciones sobre si las personas, acostumbradas a la velocidad de las relaciones en el Chat, puedan encontrar aburrido el mundo real, lo que podría llevarlos a comportamientos extremos en busca de experiencias más fuertes. Pero también podría ser que estamos desarrollando un mundo con menos jerarquías, donde se discrimina menos y donde la raza, el dinero y el sexo de la persona tienen menor importancia.

Se dice que vivimos tiempos donde nada es para siempre, todo tiende a transformarse y las cosas pueden cambiar en el momento más inesperado. Si esto es así, en las habitaciones del Chat se juega con ello, como en una suerte de entrenamiento para estos tiempos de incertidumbre. Son una forma de tornarse activos frente al vértigo y al devenir incesante y a la pérdida de referentes claros para pasar a "jugar" activamente con esta realidad que nos toca vivir. Lo inesperado, lo incierto -característico de nuestros días- encuentra su referente lúdico en el Chat, donde los personajes pueden sentirse activos en los sucesos que van re-creando.

Finalmente, encontramos que, a través del Chat el joven se instala en un lugar de pertenencia y un espacio de referencia que brinda nuevas formas de acceso a una identidad común. Participar o no de estos encuentros virtuales puede ser la clave de estar dentro o fuera de cierta realidad juvenil impregnada y delimitada por la  tecnología. Es muy posible que el estudio y la investigación de nuestra intimidad, que compartimos en Internet, nos enseñe algo sobre nuestro propio ser. Al vernos a nosotros mismos en esas circunstancias, cobramos conciencia de lo que es la intimidad y la privacidad. Parece ser que, con estas nuevas herramientas, estamos aprendiendo a "ser humanos".

Vicente Lopez Rocher es profesor investigador en la Universidad Anáhuac Mayab; tiene un Post Doctorado sobre Educación y Prevención del Sida en los adolescente. Hace dos años mantiene abierta una investigación sobre el uso, posibilidades y consecuencias del Chat en los jóvenes. [email protected]

 

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