Universidad Anáhuac Mayab

Homosexualidad, amargura y anhelo

Publicado en: 21 de Abril de 2011

  

HOMOSEXUALIDAD, AMARGURA Y ANHELO

Por Catia Antonio Cruz*

El presente artículo que va Usted a leer, comenzó como una tarea universitaria, pero pasó a convertirse en una fuerte experiencia de vida. Después de algunas entrevistas vía Internet, escribo una muy breve parte de una historia de vida que vale la pena contar; una historia de dolor, confusión, agonía y esperanza.

Todo empezó a raíz de mi interés por comprender si hay sufrimiento detrás de la homosexualidad. Muchas veces, el ambiente social en el que se mueven las personas que sienten atracción hacia personas de su mismo sexo, no les permite ser ellos mismos ni tener la libertad de expresar lo que sienten; esto me hacía suponer que, detrás de la vida de cada uno, se pueden llegar a encontrar cargas de sufrimiento caracterizada por: incomprensión, presión y estigma social.

Me siento privilegiada por la oportunidad de haber podido palpar el dolor y el sufrimiento que lleva consigo la historia de Luis, pero también me deja responsabilidad,  por habérseme confiado cosas tan íntimas de la vida de una persona. Pero cada contacto ha valido la pena por la oportunidad que se me brindó de estar tan cerca de la realidad que yo imaginaba y que, al menos en este caso, se me confirma.

Luis fue muy sincero y abierto desde el principio; conocí su persona, su historia, su familia y su situación. Es mexicano, tiene 19 años y es el mayor de tres hijos; sus padres están separados y su padre es esquizofrénico. Permaneció en un Seminario Menor durante cinco años; después de salir, ingresó a estudiar actuación, baile, jazz, canto y danza; perteneció a una compañía de teatro y otra de baile.

Cuando estuvo en el Seminario, se le diagnosticó principios de bipolaridad, pero él nunca confió en ese diagnóstico. Cuando se encontraba ya fuera, un episodio maniaco fue el que le llevó a descubrir y tener algunas prácticas homosexuales; posteriormente, un episodio depresivo lo llevó a abandonar todas sus actividades.

Es un chico noble pero confundido, en constante búsqueda del camino. Me abrió el libro de su vida de par en par, no quedó nada escondido, para ser sincera, me  sorprendió su sinceridad, lo mismo que su lucha, su frustración y su falta de sentido ante la vida. La soledad, el desánimo y la angustia son sentimientos que lo acompañan en su pasaje por esta etapa de la vida.

Cuando él toca el tema de la homosexualidad dice: "dos cosas se juntan en mi: lo que me han dicho (sobre la homosexualidad) y lo que siento, pero son distintas…; es algo que simplemente se dio, que de repente apareció, simplemente me he dejado llevar".

Cree firmemente que todo le sale mal, no le dan ganas de nada, se siente confundido, no sabe lo que quiere; siempre le han dicho que la homosexualidad es algo malo, pero él la disfruta por momentos, aunque después se ahoga en la culpa y la agonía; se reprocha ser como es y sentir lo que siente. Me dijo:  "no quiero ser como soy, no soy feliz, hago puras tonterías; me siento tan solo en estas cosas, me desespera, me frustra, me hace sentir mal y sentirme menos; yo no quiero ser así, pero es como una fuerza que me jala, como si no la pudiera evitar. Creer en mí mismo es lo más difícil; no quiero seguir viviendo así".

Es una persona que expresa mucha afectividad hacia los demás. Tuvo una relación cercana con un amigo. Dijo estar con él por los siguientes motivos: "cuando estaba con él me sentía como nadie me hace sentir: querido, importante, seguro y protegido; se me olvidaban los problemas. Cuando un hombre me trata bien, me protege, me cuida y me hace sentir seguro, ya me ganó y me gusta".

Me atreví a preguntarle: "¿No crees que buscas eso porque fue lo que esperabas de tu padre y no lo recibiste?" En principio no responde, reconoce que le cuesta hablar del tema. Admite que sanar esa relación lo liberaría de un peso enorme; sin embargo, prefiere dejar esa puerta cerrada,  le repugna la idea de acercarse a la manija para ver lo que hay por dentro; rechaza toda oportunidad para hablar de ello.

Una de las cosas que más desea es encontrar una razón para vivir. No soporta darse cuenta de que, ante todas las dificultades que ha tenido, casi siempre se cae y no ha sido valiente para reconocer que necesita ayuda. Dice: "siempre he maquillado todo, para que nadie se dé cuenta".

Luis ha realizado actos auto-destructivos. Durante el proceso de aceptación de su homosexualidad, ha sufrido tres ataques de pánico acompañados con ideas suicidas y, dos de ellos, con intentos reales de matarse. A raíz del último ataque, se sintió incapaz de seguir asistiendo al trabajo y lo dejó. Después empezó a abandonar todo lo demás: sus clases de baile, salidas a fiestas, frecuentar amigos, la compañía de teatro, etc. Ahora sólo se encierra en casa sin salir a ninguna parte.

Una semana antes de que yo escribiera este artículo, hubo un tercer intento de suicidio. Luis veía a Juan, su mejor amigo, como la única persona que le quedaba en el mundo. Sin sospecharlo, Luis se  enredó en un problema de dinero que involucraba a Juan. Al verse en el conflicto, se sintió ahogado, sin saber qué hacer, encerrado en un callejón sin salida; esto lo llevó a intentar tirarse de un puente. Quizás un minuto antes de alcanzar su objetivo, un transeúnte lo descubrió y le gritó: "¿muchacho, qué haces?" Luís reaccionó y salió corriendo.

Dos días después de este acontecimiento, él se desahogo conmigo y me convertía en la primera y única persona en saberlo. Tomé con prisa cartas en el asunto. Estuve dos horas pidiéndole su dirección, teléfono y el nombre de su madre; sentía la urgencia de hacer algo. Al final logré que aceptara recibir ayuda de un tercero y me permitió hablar  con su mamá para explicarle la complejidad del asunto.

Logré percibir que su madre estaba interesada en apoyar a su hijo – contrario a la percepción que Luis tenía; él cree que su mamá está harta de toda esta situación- y ella asumió el problema de su hijo. En ese mismo instante me sentí liberada.

Para la elaboración de este artículo entrevisté, no sólo a Luis, sino también a otras dos personas con atracción hacia personas de su mismo sexo y considero importante recalcar dos coincidencias: a) descubrieron su homosexualidad a partir de un beso con otra persona del mismo sexo; b) el mundo de la homosexualidad ha sido todo un misterio que comienza con una duda y/o curiosidad, que tienen que ir descubriendo. En dos de los casos también descubrí que la figura paterna está, si no dañada, prácticamente muerta.

Esta experiencia me hizo cuestionarme a mi misma: ¿Por qué me levanto cada día que amanece?, ¿Por qué mi afán de ayudar a los demás, de escucharlos, de entenderlos, de ofrecer una palabra de aliento incluso aún cuando ni siquiera conozco a la otra persona?. Llego a la conclusión de que la vida vale la pena, por la alegría misma de haberla vivido; por el crecimiento que resulta de cada tropiezo; por la calma que llega después de la tormenta y porque, aunque en la lucha uno siente quemarse, el consumirse a sí mismo llega a producir una luz tan intensa que no puede dejar de iluminar a quienes nos rodean.

Esta es la historia de Luis, que con su vida y experiencia nos reafirma el dicho "caras vemos, corazones no sabemos". Comprendo que, por debajo de un nombre, una palabra o una actitud, hay todo un universo de complejidades. Luis, al abrirme su interior, me ilumina y me enseña lo que quizá muchos sabemos pero pocos practicamos, y es esto, para concluir, a lo que te invito a ti lector: "No juzgues al hombre, hasta no haber caminado dos leguas en sus zapatos".

*Catia Antonio Cruz. Estudiante del 8vo. semestre de la Lic. en Ciencias de la Familia por la Universidad Anáhuac del Mayab, correo electrónico: [email protected]

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