Universidad Anáhuac Mayab

EL reino del arpa (fragmento)

Publicado en: 22 de Junio de 2006

 

Como si se tratase del inexorable paso del tiempo, las paredes del reino de Dalarion, reino de perennes guerreros y prodigiosos capitanes, hogar de los reyes humanos de antaño, fueron cambiándose a jirones, y la antigua gloria del palacio que brillaba como plata ante el sol de la mañana, moría rápidamente.

El rey Anteridos había mantenido la vieja paz entre las ciudades de los reinos por 60 años, y los frutos de ese esfuerzo comenzaban a podrirse como los duraznos al invierno; un invierno helado que robaba el propio calor del cuerpo.

Los reinos vecinos, llenos de criaturas que superaban la imaginación insomne, y aun de aquellos que compartían nuestra raza, comenzaban a agitarse con la llegada de un nuevo visitante…

Hacía ya más de un año, que un anormal y extraño resplandor púrpura, aparecía en el oscuro cielo de las tierras de Dalarion, como un recordatorio de una gran vorágine.

El pueblo impávido ante la ígnea señal, comenzaba a agitarse y pedir respuestas al castillo. El rey ante las querellas de las miles de personas tenía bajo su tutela, no encontraba definición alguna… pensó en los ancestros. El altar de los Reyes.

Bajo esa premisa a la mañana siguiente, reunió a sus capitanes más leales y una falange de caballería, despidiéndose de su pueblo se aventuró hacia las fronterizos lares de los magos, en busca de conciliación y ayuda, no sin antes dejar al mando a su hijo, el aprendiz de paladín, Arther.

El camino era difícil, pero el miedo ante el resplandor púrpura era mayor. Coloquialmente los soldados y la gente había bautizado “Korrtzec” al resplandor, que en Khudzul, que es la lengua de los enanos, quería decir “el vigilante”.

Tras 4 días de viaje ininterrumpido a paso veloz, y tras la pérdida de 4 jinetes ante los peligros de la espesura; tras la primera colina más alta aparecía la ciudad de Hariam, la ciudad eterna. Lugar de magos, aprendices y hechiceras blancas.

La ciudad poseía bibliotecas gigantescas, con dinteles apoyados en granito y mármol, soportando las grandes estanterías repletas del conocimiento del mundo conocido. Los salones, eran a manera de estadios pequeños, donde al centro un pulpito levitaba en lo alto como si fuera una pluma, para que en él, el gran mago impartiera su cátedra de hechicería.

Pasillos largos y empedrados, bajaban la calle hasta el palacete principal de la antigua orden de magos, regidores de la ciudad: los Kirim Thor. Donde las estatuas del portal se observaban y hablaban con los ojos de granito, fijos; como viendo el alma.

Dentro del palacete se encontraba la corte de los magos y en medio, sentado en el trono de los druidas, el actual regidor descendiente de la orden de Kirim: el Salar Hemir.

Salar Hemir, había presentido la visita de los amigos humanos, como si se tratasen de una raza aliena, que por su cercanía a la magia, habían perdido hace mucho tiempo ya su humanidad. El Salar le dijo al rey , que debía apresurarse a regresar a Dalarion, pues hoy mismo tendría la señal del resplandor, no sin antes ir a rendir tributo al altar de los reyes, pues ellos respaldaran cualquier avenimiento… dos horas después del consejo, una pequeña corte de magos Kirim Thor acompañó al rey al hermoso altar de reyes. Una enorme construcción, alrededor de 4 casas medianas de alto y con un parque colgante alrededor, donde el trino de los pájaros solo se veía entrelazado con el arpa de las sirenas, justo en medio de la plazoleta principal del parque una estatua de Gafgarion, primer rey de Dalarion, con la Sabba, enclavada boca abajo en la roca terrosa de la plaza. Cuando una carroza del reino emplazaba una pira de incienso y cortezas aromáticas, levantaba fuego al aire, justo a los pies del altar.

En ese momento, el viento enmudeció y las almenaras prendiéronse en flama… a lo lejos donde se apreciaba el castillo de plata, se veía una lluvia… rocas sólidas con llamaradas decían algunos que parecían por ahí, el vigilante se hacía más grande, como una gran boca en la mitad del firmamento.

Impávidos los magos de Kirim Thor y la avanzada del rey, presenciaban el inicio de la inmolación permanente de la Tierra. Había sentimiento de llanto, pero no existían ánimos ni para llorar.

 

Alejandro Ceballos Lizarraga, reside en Mérida, Yucatán, cursa estudios el 5ª Semestre en la carrera de Comunicación, con especialidad en medios. Además cursa estudios de la lengua francesa en la Alianza Francesa de Mérida, así como estudios de lengua inglesa en la universidad. Ha colaborado con algún texto incauto en la revista: "Vertiente" que expide la Universidad Autónoma de la Aguascalientes. Como algún otro texto para la revista local "Camino Blanco" Ha hecho algunas adaptaciones literarias a obras teatrales preparatorianas; entre ellas: El aváro ( Molière) y Pedro y el capitán (Mario Benedetti), También ha colaborado en algunos proyectos universitarios de mediano calibre y ha prestado su voz para la grabacion de varios spots de la universidad. Planea dedicarse a la Producción Musical y Radiofónica. Amante de la la música en todos sus géneros, es aficionado asiduo de la literatura (particularmente a la prosa, en cualquier género) y la considera como una segunda opcion de vida, aunque sabe que todavía le falta mucho que aprender.  Gusta mucho del Whisky con Perrier y del queso Brie. Cree en la templanza del ser humano y en la facultad para cambiar el curso de las cosas

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