Universidad Anáhuac Mayab

El perfil de un maestro.

Publicado en: 12 de Junio de 2007

 

El perfil de un maestro.

Por Manuel Jesús Nahuat Yam

El semestre acababa de comenzar y yo ya tenía serios problemas. Casi gritándome a mi mismo, me dije:  

-- ¿Por qué no me lo dijo el semestre pasado? Me hubiera dado tiempo de buscar otro trabajo; quizás algunas clase extras. Pero claro, él no tiene las formas. Se atrevió a amenazarme: 

-- "Si no mejoran tus clases, voy a despedirte."

Volví a gritar:

-- ¿Qué se cree él? ¿Acaso no sabe que para eso está el Sindicato? ¿Cree que me voy a quedar con los brazos cruzados? ¿Qué sabe él de dar clases y de los miles de problemas que tenemos lo maestros? Hoy mismo voy a poner mi queja. No lo voy a permitir.

Pero al seguir bajando las escaleras, un poco más calmado, me pregunté:

-- ¿Debo pelearme con el Director después de lo que me dijo? El fue el que me dio la oportunidad de dar unas clases. ¿Debo iniciar un pleito? ¿Puedo hacer algo que para no perder mi trabajo o meterme en problemas con el Sindicato?

En un mar de confusiones, ideas y pensamiento, casi al llegar al estacionamiento, me encontré con Miguel, otro de los profesores de Derecho. Él no era formalmente mi amigo y casi no nos conocíamos, pero fue el único que me encontré y le solté mi problema. Yo estaba a punto de llorar.

-- Miguel, si me corren, mi familia va a tener muchos problemas; no se qué hacer!! Por favor ayúdame, tu tienes buenas relaciones con el Director, te llevas bien con los alumnos, todo el mundo es tu amigo. A veces pienso que tu vives en otro mundo, donde no hay problemas y donde todo está bien. En cambio yo, el semestre aún no arranca y ya me están corriendo de la escuela. No entiendo  por qué. Te juro que, cuando me metí a dar clases, era lo que yo realmente quería hacer. Recuerdo que me dije: "Voy a hacer un buen maestro" Te juro que lo quería. ¿Qué pasó? ¿En dónde perdí el camino?   

Miguel me escuchaba con tanta atención, que ni siquiera tomó de la coca que traía.

-- Cuando era pasante de la licenciatura en derecho, tuve la oportunidad de ayudar a algunos alumnos en sus estudios para que presentaran su examen de admisión en la Facultad. Fueron aceptados, fue una gran alegría para mi, porque yo no sabía enseñar. Cuando trabajé en un despacho jurídico, me di cuenta que los alumnos que terminaban su carrera no tenían la experiencia para trabajar, todo en la universidad es teoría. Yo quería ser maestro para hacer la diferencia.

-- Un día mi sueño se hizo realidad. Me ofrecieron suplir a un maestro de primer semestre y lo acepté con mucho entusiasmo. Estaba listo para ayudar a los estudiantes que no saben de la vida. Aunque no tenía ninguna preparación para ser docente, me sentía motivado por el amor a mi profesión. Además, casi ninguno de mis profesores sabía nada de pedagogía; ellos eran muy buenos en su materia, pero no tenían la menor idea de lo que era ser un maestro, de hecho, preferían que les llamáramos catedráticos. Nunca nos permitían participar.

Momentáneamente me acordé de Miguel.

-- ¿No te aburro? ¿No tienes prisa? ¿Puedes quedarte un poco más? Realmente me estás ayudando mucho. Sin darle tiempo a responder, seguí:

-- Yo doy mis clases como ellos. El que manda en el salón soy yo. Cuando entro a clase, todos deben pararse al saludarme; creo que deben mostrar respeto por la autoridad. Es por su bien. La vida es dura y debes aprender a respetar. No soporto a los insolentes, cualquiera que se quiera hacer el chistoso, o que quiera salirse del tema, lo pongo en su lugar; los castigo, dándoles menos puntos en los exámenes. Ellos están aprendiendo y no saben, deben callarse. Creo que el maestro es el único que tiene derecho a expresarse en el salón, porque tiene la experiencia y el conocimiento.

Para que Miguel tuviera una visión más completa, también le hablé de mis alumnos.

-- Mis alumnos salen más o menos; es que no estudian, yo doy el Tema y, cuando les pregunto, nadie tiene dudas; ese es su problema. Aunque hay dos muchachos que me buscan y me han pedido que si pueden llamarme por mi nombre. Se los permití, pero eso sí, fuera del salón. Incluso me dijeron que creen que puedo llegar a ser un buen maestro, que mi les gusta y que quisieran que yo llegue un poco más temprano, para hablarme sobre otros temas. No se si se me están tomando el pelo, pero lo voy a hacer. Yo te he visto que tu lo haces, te quedas con ellos, después de clase. ¿Por qué lo haces? ¿No tienes otra cosa qué hacer?

Por alguna razón, Miguel no respondió, sólo se me quedó viendo. Por eso continué.

-- También he visto que, en tus horas libres, apoyas a otros compañeros que tienen problemas con sus programas de clases. Incluso alguien me dio una de las copias que les regalas sobre cómo dar clases. Me gustó mucho. Yo no he podido tomar los diplomados que se están dando, porque yo no tengo edad ni tiempo para eso. ¿Crees de verdad que debo hacerlo? Dicen que marcan muchas tareas. ¿Y si descuido a la familia? Bueno quizás tengas razón. Debo intentarlo. 

Hubo un momento en que me callé. Volví a recordar que me gustaba dar clase. Ser docente me da la oportunidad de vincularme con lo mejor de mi profesión. Incluso hasta podía ayudar a otros y enseñar un poco de mi propia experiencia. Ahí estaba la clave, entregarme a los demás, vivir para mis estudiantes, permitirles que encuentren su propio camino. Por eso, me le quedé viendo a Miguel. Primero le tomé la mano y después lo abracé. No pude contener la alegría que empezaba a sentir. Sin pensarlo dos veces, le dije:

-- Tienes razón, Miguel. Me voy a poner a estudiar, debo encontrarle sentido a mi vida. Debo hacerlo por los muchachos que me buscan y que creen que yo puedo ayudarlos. Debo hacerlo por mi familia y por mi mismo. Gracias, tienes razón. Voy a hablar con el director y me voy a inscribirme al diplomado que empieza este septiembre; adiós . Te lo agradeceré siempre.

En ese momento me regresé a la Dirección de la Escuela. Dos días después fue que caí en cuenta que Miguel nunca me había dicho nada. Hoy, al escribir esto, aprendo de la gran sabiduría e iluminación que existe en el silencio. Donde quiera que estés, Miguel, gracias, cambiaste mi vida.

Manuel Jesús Nahuat Yam es Licenciado en Derecho, Diplomado en Enseñanza Efectiva, Diplomado en Enseñanza Constructivista, Diplomado en Derecho Indígena, Docente en varias materias de Derecho y estudia la Maestría en Ciencias de la Educación. [email protected]

Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab