Universidad Anáhuac Mayab

Verdadero amor

Publicado en: 29 de Agosto de 2011

“Verdadero Amor” Melissa Miledy Méndez* Mi novia es Nadia y la amo mucho. La amo tanto que quiero estar con ella el resto de mi vida; no imagino mi vida sin ella, es mi todo, cada día siento que la amo más y más… No me canso de decírselo, de escribírselo y demostrárselo. La extraño mucho, hace cinco días que no la veo. La escuela le quita mucho tiempo y sólo puedo verla los fines de semana o en las noches. A veces me gustaría cambiar de carrera, pero eso de estudiar derecho no es lo mío, por lo tanto tengo que conformarme. Hoy no he escuchado su voz. Ya sé, ¡la llamaré!, ¿bueno?, ¿bueno?. Hola Nadia ya quiero verte amor, salgamos hoy en la noche a cenar. ¿Te parece? ¿Estás ocupada? ¿Qué cosas tienes que hacer?, ¿Qué porqué pregunto tanto? Es que ya quiero vert… ¿hola? ¿hola?. Me colgó que raro, no sé… ella no es de comportarse así, me pregunto qué pasará. Desde hace unos días sus actitudes han estado cambiando. Pasan muchas horas para que me responda, y en las últimas ocasiones en que le he llamado a su casa su madre me dice que está en casa de una amiga estudiando. Pero sus exámenes inician hasta dentro de dos semanas… ¿O me habré confundido de fecha?. Lo dudo, pero no puedo evitar sentir algo extraño… Al día siguiente fui a su casa. Su padre salió a abrirme. Bueno días señor González. ¿Está su hija en casa?. No está, salió hace como una hora. ¿No te dijo?. No señor, no me dijo, pero gracias. Que tenga un buen día. Igualmente joven, ¿Por qué será que no me avisó? ¿Estará molesta conmigo?. Mejor le pregunto. “El número que usted marcó ha sido cambiado”. ¿Y ahora…? Esto no está bien, lo mejor será que regrese a mi casa, espero que al rato se conecte al Messenger y al menos así chatearé con ella. Llegué a mi casa y me tumbé en la cama, mi cabeza me daba muchas vueltas. Saqué del armario la caja donde tenía todos los regalos que me había dado mi amada Nadia, las cartas de amor, el dije con su inicial, las fotos que nos hemos tomado, el prendedor que ella me dio cuando me aceptó. Ahí estaba nuestra vida, nuestra relación, ahí se encontraba nuestra historia de amor, yo lo tenía ordenado, desde nuestra primera cita hasta la última. El tiempo se detenía mientras revivía los momentos. Después de un rato puse la caja donde estaba, almorcé y me acosté a dormir. Hice todos mis deberes lo más rápido posible para poder usar la computadora en la noche, con la esperanza de saber de mi Nadia. Dieron las siete, luego las ocho, las nueve, y así hasta medianoche. Mis ojos estaban rojos de tanto ver el monitor. El sueño me iba ganando. Yo quería ser más fuerte que el sueño. Mi amor por ella me hace más fuerte… o al menos eso pensaba. Sin darme cuenta me había quedado dormido sobre la laptop. Hoy es domingo, es un nuevo día, ¿será que hoy pueda verla? Me sentía solo, me sentía triste, sentía que me hacía falta su calor, sus abrazos, y sus besos. Así que pensé algo: le llevaré una docena de rosas rojas y una caja de sus chocolates favoritos en la noche. Todo el día me la pasé pensando en qué decirle. No sabía si empezar primero por decirle cuánto la extraño o preguntarle el motivo de su distanciamiento. Llegué como a las ocho, sólo había una luz prendida. La puerta estaba cerrada. Decidí ir por atrás para usar la escalera, subir a su cuarto, como la había hecho muchas otras veces anteriormente, y le dejaré sus regalos. Me puse la caja en la boca. Con una mano subía y con la otra sostenía el ramo. Abrí la ventana y escuché un ruido extraño. Me desplacé con cuidado y prendí la luz. ¿Nadia tú estás… sin ropa?, ¿Quién es este sujeto?, ¿Qué estás haciendo?. ¿Así que es por eso que no contestas mis mensajes ni llamadas?. ¿Pero qué… qué hice para que me hicieras esto?. ¿Perdón?, no, el perdón no es la palabra adecuada. Eres una ramera. Tú cállate maldito. No te metas. Nunca podrás conseguir mi perdón. Yo di todo por ti, y es así como te comportas. Pero déjalo, recibirás tu castigo. Tu llanto no me convence. Te odio!!!. Grité tan fuerte que no escuché cuando su cuerpo cayó. De un golpe le fracturé la laringe. El sujeto era tan cobarde que huyó desnudo. Ella dejó de respirar y su cuerpo quedó inmóvil. Me acosté junto a ella, ceñí sus brazos con mi cuerpo, la contemplé. Aún muerta estaba hermosa, sentía que no podía odiarla, que la hubiera perdonado, y no la habría dejado a pesar de lo que había hecho. Le puse una nota: “Perdón amor te he matado, perdón amor, pero tú eres mi verdadero amor”. *Melissa Miledy Méndez es estudiante del primer semestre de la Escuela de Comunicación, en la Universidad Anáhauac Mayab. [email protected]
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