Universidad Anáhuac Mayab

El sentido de la vida.

Publicado en: 29 de Junio de 2012

Dr. Vicente López Rocher*

¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿Qué fin persigue la vida? Hasta el momento no tenemos respuestas claras ni convincentes. La ciencia no ha encontrado una buena teoría sobre el tema, porque ese tipo de pregunta sólo se le ocurre al ser humano. A lo largo de la historia se han propuesto múltiples respuestas, pero ninguna es válida para toda la humanidad.

Al principio, el sentido de las cosas estaba en algo mítico y misterioso, más allá de nuestro entendimiento, pero a medida que el conocimiento se ha expandido, las posibilidades del misterio se han ido reduciendo. Hemos logrado entender las fuerzas de la naturaleza y muchos enigmas han sido esclarecidos, pero el sentido aún permanece como un profundo misterio.  

Podemos empezar diciendo que la vida no es buena ni mala, ni cruel ni benévola, carece de esos sentidos; su única función es la supervivencia del ADN. No existe un sentido moral, filosófico o religioso. Si un árbol es más grande, sólo es para superar a otras plantas y reproducir sus genes, no es cuestión de sufrimiento, maldad, traición, equidad o justicia, simple supervivencia. El Universo y la vida son como son, no tienen intencionalidad o sentido.          

 

También sabemos que el cerebro humano tiene una tendencia natural a buscar significados y estructuras en todo lo que ve. Usamos nuestras experiencias pasadas para interpretar lo que vemos. Cuando se estudia a pacientes con problemas cerebrales, ellos crean historias, explicaciones e interpretaciones que no existen y sin fundamento, pero su cerebro sencillamente lo hace. El ser humano interpreta y da sentido a lo que ve, aunque lo visto no tenga ningún sentido.

 

Nuestra habilidad para darle sentido a lo que percibimos también se afecta por la cultura en que vivimos. Los esquimales, los habitantes del desierto y los mayas, tienen diferentes habilidades para interpretar y encontrar significado en las palabras hielo, arena o piedra. La gente que vive en una ciudad interpreta en forma distinta los movimientos de una persona; los habitantes de la selva encuentran mayor información en las plantas; el cerebro de un artista ve el mundo en forma diferente a la de un torero o un alpinista.

Hoy necesitamos una nueva forma de percibir el tiempo y la realidad, para formular un nuevo sentido de la vida y la existencia. Los cambios están emergiendo en forma tan rápida, que las estructuras sociales no tienen un punto de estabilidad o equilibrio… todo se ha vuelto incierto. Hemos perdido el sentido que durante dos mil años perseguimos. Los grandes paradigmas ideológicos que imaginaban un futuro y le daban sentido a la sociedad, han caído y ninguno está en pie. 

Hay personas que buscan el sentido de la vida en acumular dinero, ya que éste es un medio eficaz para obtener otros fines. Pero estos individuos se encuentran en un camino que les da poca satisfacción personal; eventualmente el dinero es el único motivador; hacen cosas con las que no se identifican y terminan deseando estar en otro lugar, pero siguen esclavizados a esa rutina….por dinero. El sentido de la vida tampoco está en el futuro, porque la vida puede acabar en cualquier momento. Si lo colocamos en el logro de algo, podríamos estar sacrificando el momento, sin saber que el hoy puede ser más bello que el mañan.  

Tampoco está en alcanzar un sueño, porque, al lograrlo, la vida se quedaría sin sentido. La vida puede tener sentido “ahora”; una vida plena y próspera es una posibilidad real en el momento presente; de hecho el instante presente es el único en que podemos reflexionar sobre la vida, y darle dirección; esto no puede hacerse mañana o dentro de un año, es “ahora”.   

El sentido de la vida no está predeterminado, no hay un lugar que esté esperando por nosotros, que le dé dirección a nuestro caminar por la vida. Los seres humanos tenemos el poder de asumir el control de nuestras vidas y usar el poder de nuestro conocimiento para  construir el camino; podemos encontrarle sentido a la vida, aun estando en un mundo lleno de muerte y guerras sin sentido. En las peores condiciones, el ser humano puede encontrar un rayo de esperanza

Hay un elemento que es necesario para vivir una vida con sentido: ayudar y preocupamos por el bienestar de los demás Al hacerlo escapamos de las estrechas preocupaciones de nuestra existencia privada, nos dedicamos a un bien mayor. Pero colocar la ayuda a los demás como el propósito de la vida, es confundir los medios con los fines; ella no le da, en sí misma, sentido a nuestra vida; la dirección debe venir de nuestro interior.

A veces, hay que hacer pequeños o grandes sacrificios personales para sentirnos mejor con nosotros mismos. Parece que vale la pena vivir en un mundo donde más gente tenga la oportunidad de vivir bien; es trabajar y participar en algo más grande; es reconocer que nuestra vida y nuestras creencias tienen que responder ante algo que no son nuestras propias preocupaciones. Pero también hay que estar conscientes de la fragilidad y la inestabilidad de la vida; la actitud que tomemos ante este concepto, será importante para una verdadera sensación de bienestar.

El sentido es una elección personal. Se puede estar contento con medio pan o ser infeliz con una panadería, el sentido no lo da el aspecto material. Los hechos son neutros, nosotros los cargamos de sentido; cada quien coloca en su interior la situación de acuerdo a su experiencia; las reacciones de cada uno, ante el mismo evento, son muy particulares; cada quien es responsable de construir su propio sentido. 

 

La búsqueda del sentido es un motor de supervivencia, pero debe apuntar hacia fuera de nosotros, algo que cumplir, una persona a quien amar o una causa a la cual servir. En el encuentro con los demás, con sus problemas y alegrías, podemos encontrar el sentido a nuestra propia vida. Cuando sufres y aprendes, conoces mejor al ser humano en el que te estás conformando. La esencia del ser humano es la búsqueda y el encuentro de su propio sentido, pero siempre es una incógnita si nos estamos acercando a ese fin.  

 

El conocimiento no es algo abstracto, es un acto individual. El concepto de la muerte cobra sentido cuando el individuo se enfrenta a ella en forma personal; Dios y la libertad son conceptos que tendrán sentido en la medida que  nos apropiemos de ellos.  No es lo que dicen los grandes filósofos, sino lo que signifiquen para cada uno de nosotros. Si la humanidad tiene un futuro y una oportunidad, ésta no está en la educación, la filosofía, la religión o los gobiernos, sino en los individuos, es decir, en cada uno de nosotros.

La responsabilidad de entender, integrar y abrir camino está en cada uno de nosotros. El sentido de la vida es aquel valor que le da valor a todos los valores de la vida, es una sensación de plenitud que, en el otoño de la vida, al volver la vista atrás, te hace pensar que valió la pena y que fue una gran aventura.  

El sentido de la vida está al alcance de todo aquel que haga lo necesario para ser quien está siendo. Somos mortales, estamos atrapados en el presente y todos podemos morir en cualquier momento. Lo único que podemos hacer es tratar de sacar el máximo provecho de cada momento, entender la importancia que algo o alguien tiene para nosotros, un significado, porque la vida posee valor sólo para el sujeto que la vive.

Así, aunque la vida contiene la fuente y la medida de su propio valor, cada uno necesita encontrarlo, saber por qué y para qué está aquí. En la medida que lo vamos logrando, nuestras acciones adquieren sentido y cobramos consciencia de nuestra realidad. Tiene que ver con asumir la responsabilidad de nuestra vida y lo que en ella ocurre; convertirnos en creadores de nuestra vida en lugar de ser simples observadores.

El individuo ha de tomar la decisión personal de aceptar o rechazar el significado de su propia vida; si la vida tiene o no sentido, corresponde a cada individuo encontrarlo, porque la búsqueda es personal. La clave está en nuestra capacidad de entregarnos a relaciones con amor, aunque éste, como la vida, es valioso pero frágil y carece de garantías; está forjado de riesgo y decepción, pero es la fuente de una gran alegría y felicidad. Lo importante no es llegar a ser una clase de persona, sino serlo, ahora, haciendo lo que hacemos.  

*Vicente López Rocher es Profesor en la Escuela de Comunicación en la Universidad Anáhuac Mayab. [email protected]

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