Universidad Anáhuac Mayab

La libertad.

Publicado en: 18 de Septiembre de 2012

La libertad

Adrián K. Domínguez Franco*

 

Es irónico como un concepto tan cotidiano y tan hablado, como la libertad, sea tan difícil de definir, y más aún de aplicar a la vida diaria.

Desde muy chico me inculcaron que la libertad era un valor. Me decían: “Ten la libertad para hacer lo que deseas”. Desde entonces comencé a  crear mi propia definición de libertad; empecé a tomar decisiones, acomodadas a mi gusto, a lo que yo deseaba en ese entonces. Gracias a este enfoque de mis padres, comencé a ser libre y decidir por mí mismo. Claro que tomé malas decisiones y tuve que acatar las consecuencias. Desde entonces comprendí que libertad no viene sola, habrá beneficios y placer, pero también muchos problemas y  consecuencias.

Con el pasar de los años, mi libertad creció, pero aprendí que ésta no significa hacer lo que uno quiere.  Aunque muchos digan que el ser humano es libre por naturaleza, no se trata sólo de tomar decisiones, está más bien en el hecho de actuar. Aprendí que la libertad es algo más complejo, porque también involucra tu capacidad de pensar libremente y de escucharte a ti mismo. No se trata sólo de decidir o actuar en libertad.  

Eventualmente me encontré con una paradoja. Si la libertad es la capacidad de decidir lo que uno quiere, al momento de hacerlo entre dos o más opciones, incluso haciéndolo con la mayor madurez y reflexión, siempre deberás decir por una o la otra.  ¿No estás limitado a esas dos opciones? ¿Es esto realmente libertad? ¿No es sólo una ilusión? ¿No estamos atrapados entre dos opciones? Más aún: ¿Nos volvemos esclavos de las decisiones que tomamos? ¿No estamos realmente dependiendo de las cosas y las personas que nos rodean? Y Finalmente: ¿No dependemos de nuestra mente y  de nuestros pensamientos? ¿Puedo ser libre de esto?

Rousseau decía: “Renunciar a la libertad, es renunciar a ser un hombre”. Creo en esta sentencia:  si no elijo entre las opciones que me da la vida, dejo de ser yo. Pero al escoger un objeto que te da placer o una persona que te hace feliz, te atas a tus decisiones; mientras más cosas escojas libremente, lo único que haces realmente es esclavizar más y más tu libertad.

Así, curiosamente, mientras más pienso en la definición de libertad y en la aplicación de ésta en mi vida diaria, irónicamente es cuando más limitado y más esclavo me siento. ¿Esclavo de qué?: de mis propias decisiones, de mi propia libertad. Quizás más esclavo de mi propia mente, de mis pensamientos, mis creencias, mis ideales y, en última instancia, de mi propia libertad.

De esta forma empecé a comprender que la libertad es un proceso que comienza desde cero y se encamina a liberarte de tus propios pensamientos, porque realmente puedes esclavizarte de ti mismo. Si uno no se da cuenta, terminas entrampado en la vida por tus propias ideas. Quizás la libertad se trata de ser libre en tu mente, pero también en tu ser.  Ser libre no es fácil. ¿Es posible no escucharte a ti mismo y no responder a tus propias inquietudes?  Hasta donde puedo entender, no es nada fácil observa tu mente y no hacerle caso. 

Sin intención de ir contra mis propios pensamientos, debo entender que quizás el concepto de libertad es un invento del ser humano, un falso concepto, que todos dicen tener y que se plasma en todas las constituciones del mundo. O quizás es esa idea que algunas sectas y religiones predican: la libertad es algo más allá de todo lo que comprendemos; es algo que sólo puedes experimentar al momento de morir. Quizás es ahí cuando podemos experimentar la última libertad, libres de todo, llegando a lo que podría ser la última libertad, la perfecta definición de este complejo concepto.  

Bajo este razonamiento, quizás nadie puede decir qué es en realidad la libertad. Ésta se alcanza sólo  con la muerte, pero no tanto física, sino de los conceptos, las ideas y los modelos mentales, sólo ahí dejamos de ser esclavos de una falsa ilusión, una idea que nos venden y nos hacen creer. Logro entender que, en busca de la libertad,  debemos empezar a liberarnos de nuestras fantasías y quizás de muchos de nuestros pensamientos, para encontrar ese camino que nos llevará a convertirnos en lo que podemos convertirnos.

Al final sólo descubro que no es fácil definir la libertad y que ésta comienza y termina en mí.    

 

*Adrián K. Domínguez Franco es estudiante del cuarto semestre de la Escuela de Gastronomía en la Universidad Anáhuc Mayab.  [email protected]

 

 

 

 

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