Universidad Anáhuac Mayab

¿Qué estamos jugando?

Publicado en: 30 de Octubre de 2012

¿Qué estamos jugando?

Andrea Hernández Palomo*

 

Es curioso, pensó Nico, que pasemos juntos un domingo más, otro último domingo. Es curioso, pensó, que seamos capaces de compartir tanto y sin embargo estar tan aislados. No sé si tú ya te habrás dado cuenta, pero nuestras soledades nunca se podrán acompañar. Podremos tocarnos, besarnos, lastimarnos, pero nunca nos vamos a acercar, nunca tendremos eso que ridículamente pretendemos lograr con cada encuentro.

Me pregunto con más frecuencia cuál es el punto de continuar. Luego me molesto conmigo misma y me repito que ya había hallado la respuesta, ya sabía por qué no debíamos seguir con esta triste representación de una realidad que para nosotros nunca ha existido, ni juntos ni con alguien más. ¿Será esa la fórmula para la infelicidad? Capaz y ya encontramos una manera placentera de… ¿De qué? ¿De fastidiarnos? Yo ya me estoy fastidiando. ¿En serio… tú no?

Todo esto lo pienso mientras tus dedos recorren ágilmente el teclado de tu bandoneón. Me doy cuenta de lo que hago y una vez más me enfado, porque esto no es natural, estos no son los términos que habíamos acordado. Yo, entre tanto, me las arreglo para encontrar una pluma y un pedazo de papel para garabatear dibujos que en realidad son palabras, desesperado intento de vaciar mi mente y comprendernos un poco mejor. Como si alguna vez hubiera sido posible…

Te miro, me miras, y una vez más siento que somos como gatos, distantes, lejanos. Evoco de alguna manera lo que acaba de pasar y entiendo que de nada sirve esta falsa intimidad. ¿Para qué tenerte? Ah, Nico, una vez más, recuerda que no lo tienes. Nunca lo tendrás.

- ¿Quieres cenar?

Ni siquiera levantas la vista al preguntarme. Mi respuesta no causa ninguna reacción en ti, sólo continúas tocando para los dos. En el fondo me agrada que siempre tengas mermelada de rosas en tu habitación. Siento que es hora de prender el incienso.

Paso a tu lado y tú, inexplicablemente, dejas el instrumento, me miras a los ojos y tomas mi mano. Hundes la nariz en mi palma y recuerdo tu categórica afirmación de noches anteriores: “Mi problema es que soy insaciable…”

Todo vuelve a empezar. Y esa momentánea muerte sólo acentúa el abismo.

 

*Andrea Hernández Palomo es estudiante del tercer semestre en la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac Mayab. [email protected]

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