Universidad Anáhuac Mayab

Futuro y tecnología.

Publicado en: 30 de Octubre de 2012

Futuro y tecnología.

Roberto Carlos García Luna*

 

Máquinas que hacen todo por nosotros. Computadores capaces de imprimir órganos. Robots inteligentes con apariencia humana. Armas láser. Viajes a la velocidad de la luz. Curas para enfermedades incurables. Ciencia... ¿Ficción?

Los avances tecnológicos de los últimos 10 años equivalen a todos los adelantos de los últimos 2000. Esta tendencia no parece que vaya a cambiar, ni a disminuir, así que el futuro que nosotros imaginamos en cien años a lo mejor esté aquí en 10. El ritmo que llevamos es muy intenso, más que nunca en la historia de la humanidad ¿podremos asimilarlo? ¿Seremos capaces de aguantar tal presión?

La vida de hoy en día transcurre velozmente y ni siquiera nos damos cuenta. A diario nos bombardean de publicidad anunciando nuevas máquinas que hacen cosas que no necesitamos pero ¿qué importa?... mientras sea novedoso y la "última tecnología", está bien!!! Pero el mundo real está en riesgo. Mientras la vida pasa, millones de personas están con sus cabezas pegadas al celular, al IPad o a cualquier cosa que los conecte a un espacio virtual. Y es entendible… a veces nuestra realidad no es la que deseamos, y en línea buscamos la forma de convertirnos en nuestros anhelos.

La gran mayoría de nosotros tenemos miles de sueños y fantasías, pero a medida que crecemos las cosas cambian y no importa todas las ganas que le pongas al proyecto, a veces no es suficiente. Por eso es que los simuladores son tan exitosos. Pero aunque nos aferremos con el alma al mundo virtual, esto no lo convierte en realidad. La vida es compleja, no podemos hacer mucho para simplificarla. Aunque en determinado momento nos esté yendo bien, eventualmente van a  aparecer obstáculos que tendremos que sortear y los problemas no van a desaparecer haciendo un clic o reiniciando, así no funcionan las cosas por más  que lo deseáramos.

Sin embargo, ponernos en apuros, es la forma que tiene la vida de enseñarnos. Cada vez que nos enfrentamos a algo y tenemos la capacidad de superarlo, crecemos como personas… maduramos. A veces tenemos que recibir un duro golpe en lo más profundo de nuestro ser para recapacitar y cambiar el rumbo; pero al estar conectados a un mundo que no es real, nos quedamos muy cómodos, sin salir a aprender a la verdadera escuela… porque el botón está apagado.

Pero es tal la fascinación de las personas por estos simuladores  que se fabrican computadoras más potentes cada día. Las cosas como las conocemos, van a cambiar, están en el proceso o ya lo hicieron. Las hojas de papel van a dejar de existir, los choferes o pilotos dejarán de ser necesarios, los doctores eventualmente se dedicarán únicamente a manejar las máquinas que los reemplazarán. Eso inevitablemente ocurrirá ¿en qué nos transformaremos?

Asusta. Asusta imaginar el futuro que nos depara. Ante tales avances tecnológicos quizás terminemos siendo esclavos o aplastados por nuestra propia producción. Obviamente la calidad de vida aumentará, pero solamente en algunos aspectos. Seremos capaces de entablar negociaciones a distancia de manera más eficiente; las enfermedades serán diagnosticadas y atacadas de manera casi perfecta; la seguridad será mayor. Pero todo esto será accesible sólo a las personas con poder adquisitivo… el resto del mundo tendrá que conformarse con lo poco que pueda agarrar y que sea suministrado de forma casi gratuita.  ¿Y lo más importante dónde queda? ¿Dónde ponemos la parte humana?

¿Cómo se verán afectadas las interacciones personales? Hoy durante una comida la gente se pone a tomar fotos del platillo o a twitear sobre el momento, en vez de vivir el mismo. El lado positivo es que las  relaciones a larga distancia son posibles, podemos ver la cara a una persona a mies de kilómetros; las telecomunicaciones han acercado a la gente de forma impresionante, pero irónicamente también nos han separado. Podemos conversar de manera íntima en Facebook y en persona… sin voltear a vernos. Ahora no estamos seguros del cumpleaños de un amigo sin tener que checar el Face. Sabemos las actividades de todo un día de alguien… sin conocerlo. No es normal, ¡es una locura!, es molesto, irritante y peligroso. La vida entera de alguien puede ser encontrada por amigos o extraños, es un arma de doble filo que hay que aprender a usar.

De una clase de 30 personas, con suerte unas cinco ponen atención a la clase, el resto está en su mundo, en el ciberespacio lideando con todo, menos con lo que deberían, actuando en piloto automático en los momentos que deberían estar aquí.

¿Nos convertiremos en autómatas?... ese parece el camino, al comportarnos como individuos sin conciencia. Tomaremos acciones mecanizadas simplemente por inercia. No será necesario rompernos la cabeza resolviendo un problema, las máquinas lo harán. Para qué molestarnos en recordar un evento, nuestro IPad nos los recordará; visitar a un amigo lejano, ¿para qué?, hablamos por skype. ¿Qué nos quedará entonces? No lo sé, sólo quiero que la realidad no sea como yo me lo imagino.

 

*Roberto Carlos García es estudiante de la Escuela de Negocios Internacionales en la Universidad Anáhuac Mayab.  [email protected]

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