Universidad Anáhuac Mayab

Amor al prójimo: los otros primero

Publicado en: 13 de Marzo de 2013

Amor al prójimo: los otros primero

Tania Boquer Manzano*

 

El mundo padece un cáncer que se ha desarrollado y extendido a los más recónditos lugares del Planeta. Como cualquier cáncer, empezó con una célula “maligna” que fue enfermando a las demás; de modo que, pasado un tiempo, una gran parte del organismo ya se está invadido. Así es el egoísmo en la sociedad, un cáncer que amenaza con destruir todo lo que hay a su paso.

Al igual que el cáncer, los más terribles problemas que aquejan al mundo, tienen raíz en un individuo egoísta incapaz de ver más allá de sí mismo.  Es por esta falta de visión que se han dado las guerras que han amenazado con destruir a la humanidad. También existen naciones con un deseo egoísta por quedarse con la porción de comida que no le corresponde, aún cuando ésta pertenezca a otras naciones en peores condiciones que ella.

Escuchamos que tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos primero, para después poder amar a los otros; pero yo no creo que ése sea el camino. Siento que, a medida que aprendemos a amar a los demás, nos vamos dando cuenta de nuestro propio valor: al tiempo que ego se descubre en alter, alter se revela en ego. Porque  podemos ver reflejados en los demás, es que podemos encontrarnos a nosotros mismos; si no fuera así, no habría sociedad. Somos el resultado de lo que vemos o no vemos en los demás.

Si los demás son una extensión de nosotros mismos, y viceversa, deberíamos desear para los demás lo que deseamos para nosotros mismos. Nuestro esfuerzo debería centrarse en ayudar a los otros, para que tengan las mismas posibilidades. Pero se las hemos arrebatado o se les ha hecho creer que no las merecen. La obligación de las grandes potencias es hacer justicia, y darle a los países menos favorecidos lo que les pertenece. Si fuéramos respetuosos y sintiéramos amor por la raza humana haríamos lo indicado, pues por definición, el amor no busca su propio beneficio.

Existen otras dos formas de amor que se basan en el servicio al prójimo: el altruismo y la solidaridad. Existen corrientes que sostienen que el altruismo es una cuestión meramente biológica y de evolución, lo cual no pongo en duda. Otros filósofos y sociólogos dicen que, incluso en el servicio a  los demás, se oculta un motivo de complacencia y búsqueda de bienestar personal, entonces pienso: ¿A caso no existe un altruismo puro? Yo creo que sí.

Ante algunas de las peores catástrofes naturales como el tsunami del 2004, que  desapareció a 229,866 personas; o el terremoto que, en el 2010 arrebató la vida a 316.000 haitianos, la ayuda ha aparecido sin demora. ¿De dónde proviene todo ese auxilio? Me queda claro que no hay otra respuesta posible más que la existencia de un amor no condicionado y genuino por nuestros iguales, porque hemos podido sentir su dolor como propio. Incluso los niños tienen ese sentido genuino de preocupación por el otro, cuando ven a su compañero sin nada que comer, le ofrecen su propio alimento. A pesar de lo que los científicos, filósofos y demás puedan decir, existe ese diminuto “gen moral” de altruismo.

El genuino deseo de servir a los demás, de ver por la humanidad y no sólo por nosotros, es muestra de una conciencia y espíritu desarrollados, es decir, del sentido de trascendencia. Servir a los demás, no es dar lo que queda de nosotros o una pequeña parte de nosotros, es entregarnos a los demás, dar todo lo que tenemos para ayudarlos a salir adelante. La esencia del servicio a los demás va mucho más allá del acto visible, se basa en la intención que hay detrás del acto observable.

Nuestro deber es amar a los demás, no es cuestión de religión; debemos amar incluso a aquellas personas que nos dañan. No es algo fácil, no es una cuestión que aparece de la nada, y tampoco creo que sea un sentimiento, es un compromiso, demanda hacer esfuerzo.  Este amor hacia los demás nos permite establecer conexiones con otros individuos y establecer un verdadero sentido de comunidad, de unión. La mejor manera de cambiar el mundo, es cambiando la vida de alguien más.

Lo ideal sería que, entre las naciones existiera no únicamente solidaridad sino un verdadero altruismo. Sería excepcional que antes de tener que demostrar solidaridad ante eventos desafortunados, se pudieran reconocer los recursos y bienes que le pertenece a cada país, aunque ello represente tener menos poder económico o políticos. Sin embargo, antes de querer iniciar un movimiento masivo en pro de un cambio en el mundo, debemos empezar ayudando a quien tenemos cerca, es decir, a nuestro prójimo.

*Tania Boquer es estudiante en el cuarto semestre de la Escuela de Comunicación, en la Universidad Anáhuac Mayab. [email protected]

 

 

 

 

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