Universidad Anáhuac Mayab

La locura

Publicado en: 13 de Marzo de 2013

La locura

Roberto Carlos García Luna*

"La locura, como la gravedad, todo lo que requiere es de un pequeño empujón". Quiero la definición de un loco; me encantaría saber lo significa ser un loco, pero deseo aún más entender cómo se siente estarlo, porque a lo mejor, y nadie lo es, o a lo mejor, todos lo estamos.

¿Qué es lo que diferencia a un genio de un demente desequilibrado? El tiempo, porque a todos aquellos que hoy llamamos revolucionarios y talentosos, fueron tachados de  lunáticos en su época. Si hay algo en que irrefutablemente el ser humano ha sido bueno en todas las eras ha sido en criticar, y por más veces que nos prueben incorrectos, simplemente no nos deshacemos de tan horrible vicio.

Todo aquel que ose ir en contra de lo establecido es acribillado sin piedad ni clemencia alguna por el arma más sofisticada con la que cuenta el ser humano: la palabra.  Ni el revólver, la espada, la más poderosa bomba, o los puños mejor entrenados, ninguna es tan peligrosa como las palabras. Las armas provocan heridas visibles que sanan o lleva a la muerte, sin pasos intermedios; pero una sola palabra puede provocar una pequeña llaga que puede crecer inmensa hasta consumir a una persona. Aquellos que saben blandir la lengua con atino, son los que pueden ser los mejores y más peligrosos asesinos.

Pero ¿qué pasa con aquellos que resisten oleadas y embates de estas personas? Para ellos no hay otro destino que el de portar la etiqueta de la locura hasta que sea demostrado lo contrario. Y si logran sobrevivir intactos en su forma de ser, entonces se convierten en las personas más poderosas del planeta, porque ya nada es capaz de pararlos.

Todos tenemos nuestros momentos de lucidez y de ataques de irreverencia. Muchas pueden ser las causas de estos dichosos arranques de completo disparate. ¿Qué es los que los provoca? ¿O son sólo caprichos de los químicos que corren por nuestra sangre? Yo creo que son producto de esas sustancias, pro que son desencadenados por eventos totalmente aleatorios.

Todo lo que vivimos, todo lo que hacemos, todo lo que sentimos nos marca, lo queramos o no. Tal vez podemos elegir qué es lo que conscientemente quedará en nosotros, pero lo deseemos  o no, todo se mantendrá grabado en alguna recóndita parte, que se estancará  entre las sombras, vagando en el olvido hasta que otro suceso lo impulse a la superficie; entonces reaccionará de forma imprevistas, y los caminos que nos haga transitar nadie los puede adivinar. 

Puede que a un joven que está sentado despreocupadamente bajo la sombra de un Manzano, y quiso el destino que reposara justo a la altura de una rama, cuyo fruto estaba lo suficientemente listo para dejarse vencer por su peso: éste se dirigirse en línea recta directamente hacia la cabeza de ese joven. Al recibir el impacto de aquella fruta sus neuronas se conectaron de una forma única y se produjo una idea que lo absorbió para toda su vida. Con ese pensamiento comenzó una revolución de proporciones no vistas desde mil años atrás.´El joven, en su principio, no fue marcado como un genio, sino como un absurdo y un loco.

Otro tipo de locura es el que todos tenemos y por el que en un momento de la vida seremos juzgados: la juventud y su rebeldía. Se dice que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción biológica. Puede ser que la timidez y la soledad sean  características que definan a una persona, pero una vez que la llama se agita, se convierte en el más fiero e implacable coronel que se haya visto; si la locura lo llama a impulsar 32 rebeliones y a perder las 32, sabrá que hizo algo de su vida antes de quedar confinado al martirio de la soledad, haciendo y deshaciendo pescadictos de oro, hasta que la dama de negro lo venga a buscar.

Puede ser que sin ningún aviso o advertencia caigamos presas del más peligroso tipo de locura, la que no se basa en la edad o el sexo, ni se fija en la abundancia o en la pobreza, la que no discierne ante raza, religión, ideologías, opiniones ni ninguna otra segmentación que nos hallamos otorgado los humanos los unos a los otros: la locura del amor. La más terrible y la más hermosa a la vez. Una idea genial y una revolución se ejecutan en el momento que la convicción nos indique lo apropiado, pero el amor se vive durante cada segundo de cada minuto, de cada día, de todos los años que transitamos desde el punto en que somos flechados. Y no hay escapatoria.

Es su fuerza lo que la hace tan poderosa. Otorga la certeza de la seguridad cuando en realidad nada lo es. Por la mujer más hermosa del mundo se empiezan guerras que se relatan por generaciones; o por el hombre de tus sueños pasas de ser una sirvienta a una princesa hasta la campanada que anuncia la media noche por obra de la magia. ¿Hay alguna otra fuerza capaz de movernos tanto? No.

Tantas y distintas maneras que la vida nos enseña, tantas locuras de las que podríamos terminar siendo esclavos, tantas cosas que pueden ir terriblemente mal, y aun así, el no quedar cautivo de alguna es tener una vida sin sentido alguno. Si nos llegara a tocar la afortunada desdicha de terminar recluso de alguna , por más que lo intentemos, si es de verdad, quedaremos prisioneros de ella hasta que dejemos de existir.

*Roberto Carlos es estudiante del segundo semestre en la Escuela de Negocios Internacionales en la Universidad Anáhuac Mayab.  [email protected]

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