Universidad Anáhuac Mayab

Quimeras

Publicado en: 05 de Abril de 2013

Quimeras.

Evangelina M. Santos Villafaña*

 

"Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada".

 

Todos hemos sentido miedo alguna vez. Miedo a la obscuridad,  a las alturas, a las arañas, miedo a enfermarse o al color rojo (sí... existe y se llama eritrofobia). Esos miedos pueden llegar a vencerse, y si no, no afectan en forma profunda nuestra vida. 

Pero existen otro tipo de miedos, más profundos e intensos. Viven dentro de nosotros y a veces no nos damos cuenta. Los alimentamos, los mantenemos ahí, cerca de nuestro corazón, de nuestros planes. Y su figura nos ensombrece cada vez que queremos emprender un nuevo camino, cada vez que estamos con alguien o cuando estamos solos en una noche de insomnio. Cual quimeras esperan tras los rincones de nuestro ser para asustarnos.

A veces sabemos que están ahí, y simplemente respetamos sus territorios. Otras no sabemos siquiera en dónde se encuentran o que existen, y cuando menos lo esperamos salen para asustarnos. 

Este tipo de miedos, de quimeras, son comunes en la gente adulta, no tanto en los niños (al menos por lo que he observado). Es el miedo al fracaso, miedo a la muerte de una persona, miedo a heredar algún tipo de gen que aborrecemos en nuestra familia, miedo a arriesgarse, miedo a ser uno mismo, a romper los estándares sociales, a enfrentar a nuestra pareja, a detener una situación que nos molesta. Todo esto nos provoca un dolor sutil que podemos acomodar en un rincón de nuestra vida, fingiendo que no nos molesta tanto y que podemos vivir con él y nos resignamos a acarrear con él de por vida. No podríamos estar más equivocados. 

Las quimeras tienen una característica muy particular: nacen y se alimentan en y de nuestro interior. Nos encadenan y no nos dejan ser en libertad. Y van permeando cada vez más aspectos de nuestra vida. Cual efecto dominó, cada vez que intentamos entrar a los dominios de las quimeras, al mínimo esfuerzo tiran uno de nuestros sueños, ilusiones o planes y derrumban al mundo de oportunidades con ellas.

Y ¿por qué no, en lugar de vivir en el reino de las quimeras, las domamos? Sí, volvernos domadores de quimeras. No es posible eliminaras, siempre estarán ahí. Pero sí es posible domarlas.

Para domar algo hay que conocerlo, saber sus costumbres, familiarizarnos con su hábitat, su alimentación, sus gustos, sus debilidades. Hay tantos tipos de quimeras como personas. Cada quien tiene una historia diferente que contar, rincones diferentes en el alma que le hacen ser él y nadie más. Pero tenemos un punto a nuestro favor, puesto que las quimeras, como ya hemos comentado, nacen y se alimentan en nosotros. Entonces nosotros somos la respuesta.

Conocerse a uno mismo es el primer paso para conocer las propias quimeras. Conocer qué nos duele de nuestro pasado, qué tememos de nuestro futuro y qué no nos deja ser en el presente. Pero ésta no es empresa fácil… es más, yo creo que es lo más difícil en el mundo. Más aún, en una sociedad como la contemporánea en donde el ruido y el ritmo acelerado no nos deja tiempo ni espacio para respirar, menos va a haber tiempo para escuchar nuestro interior.

Necesitamos conocernos. Esa es la gran enfermedad del S. XXI, los hombres no se conocen, no saben quién son. Saben decir su nombre, pero no saben definir su esencia. Recitan su historia, pero no saben interpretarla.  Saben que tienen miedo, pero no pueden decir a qué.

Creo firmemente que muchos de los problemas de la humanidad podrían resolverse si cada quien conociera quién es realmente, con lo bueno y lo malo, aceptando las debilidades y ofreciendo sus fortalezas, aceptando lo que puede y rechazando lo que no. Cuántas cosas no cambiarían.

Como una fuente liberadora, quien se conoce a sí mismo es dueño de sí, es capaz de domar sus más temibles quimeras y ser quien verdaderamente és. Ése será un hombre libre, y los demás lo verán elevarse y volar, pero no todos entenderán cómo lo hace. Algunos querrán alcanzarlo pero no serán capaces de volar. Y otro tanto le tendrá envidia y querrán derrumbarlo. Pero nadie podrá arrebatarle su libertad. Y se irá volando y solo él sabrá qué quimeras lleva dentro. 

* Evangelina Santos es estudiante del cuarto semestre en la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac Mayab.  [email protected]

 

 

 

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