Universidad Anáhuac Mayab

La guerra.

Publicado en: 17 de Abril de 2013

La guerra.

Maria Fernanda Avila Quintero*.

Algunas de las guerras de la historia de la humanidad han durado muchos años, otras abarcaron grandes territorios, pero todas cambiaron la economía, la política y la sociedad de los lugares en los que sucedieron. Todas dejaron huella en la historia. La Segunda Guerra Mundial es considerada la más sangrienta de todas con más de 60 millones de muertos.

Las guerras trascienden generaciones. Mueren hombres, soldados, mujeres, niños y niñas. La mayoría de todos no tuvo la oportunidad de elegir, de decidir; la guerra sólo llegó. Una mujer en Bosnia, después de dejar a su hijo en la escuela, y ya rumbo a su trabajo, vio venir de frente un tanque de guerra; parecía irreal, como un videojuego. Corrió y se escondió detrás de un bote de basura. La semana siguiente se estaba dando el aviso para el último autobús que saldría de Bosnia. La guerra había llegado, en pocos días la vida de los habitantes había dado una vuelta de 360°.

Religión, ganancias, poder, petróleo, riqueza, dominio, etnias, ideología, política, economía, sociedad, recursos, hambre, agua… son algunas de las razones por las que se desatan los conflictos bélicos, sin embargo ninguna lo justifica, ninguna lo vale.  No importa qué tan necesario se piense que es una guerra, es el peor de los caminos, uno en el que nadie gana. El que un país, un grupo o un partido se nombre victorioso es una falacia, porque en la guerra todos perdemos.

Una muestra de la magnitud de la guerra en el mundo, son los medios utilizados. Es decepcionante que la guerra se vea como una opción, como una solución, como una herramienta política, como un negocio. La segunda industria más importante, después del petróleo, es la armamentista. 150.000 millones de dólares se gastan cada año en el negocio de las armas.

Es increíble que así como hay reuniones de cómics, también existan de armas. Generales de todo el mundo se reúnen en un mismo lugar para apreciar y comprar armas, desde las más pequeñas, hasta enormes monstruos, tanques, misiles, bombas… es triste que parezca un acto de entretenimiento.

Sólo hablando de armas ligeras existen aproximadamente 639.000.000 de armas de fuego. Esto significa un arma por cada diez personas. La AK-47 es el arma ligera por excelencia, desde su invención en 1947 se han producido 70.000.000. Es utilizada en 78 países y fabricada en 14.

Los principales países exportadores de armas son Estados Unidos, Rusia, Alemania, Francia, Reino Unido y China, mientras los principales importadores son Taiwán, Arabia Saudita, Turquía e India. Es interesante cómo las grandes potencias, pudiendo invertir en casi cualquier cosa y teniendo la capacidad de lograr grandes industrias, eligen engrandecer el negocio de la muerte. No menos incrédulo es saber que los países gastan su capital, no en mejorar el estilo de vida de su gente, no en impulsar la educación, la cultura y el arte, sino en convertirse en sus propios verdugos.  “If we don't end war, war will end us” H. G. Wells

En una ocasión el presidente de E.U. ofreció $ 8,400 dólares para invertir en el tratado START, un acuerdo con el Reino Unido para la reducción de armas nucleares, pero al mismo tiempo planeaba invertir $ 84,000 en la modernización de armas.

Miles de niños son utilizados como combatientes es las guerras. Son los llamados Niños soldados. No hay cifras específicas o comprobables de la cantidad de niños que se encuentran en esta situación. Los datos de las Naciones Unidas dijeron en el 2012 que su reclutan niños y niñas al menos en 17 países.

Tenemos la capacidad de destruirnos por completo en cuestión de segundos, y con el historial de malas decisiones que hemos tomado, esto es aterrador. La razón: la Desconexión. Pensar en la guerra es complejo, incómodo, triste, frustrante y da miedo. Preferimos desconectamos y nos damos la vuelta, es más fácil.

10 soldados de una unidad aceptó llevar cámaras y documentar sus experiencias a través de mails. Se descubrió que los soldados sufren no sólo por estar ahí sino por las cosas que tiene que vivir y hacer; no había odio hacia las personas contra las que combatían, al contrario había compasión. Personas buenas realizando actos malos. Un soldado relata que estuvo toda una noche rescatando y ayudando a hombres de Irak heridos, lo que no se les había ordenado; de hecho los paramédicos tenían la instrucción de sólo ayudar a soldados Americanos, pero el soldado que estaba ayudando dijo que nadie le impediría seguir ayudando. Otro soldado, con lágrimas en los ojos, confesó: “A veces los niños se acercaban demasiado, les dábamos dulces. Yo maté a un niño. Tengo hijos. No se lo he dicho a mi esposa; tengo miedo de que crea que soy un monstruo”.

Creo que las personas que declaran la guerra, no piensan en los seres humanos que van a morir, no analizan que esas personas son padres, madres, hijos, hermanos, amigos. No se detienen a pensar que entre ellos hay niños, como sus hijos. ¿Será que sí lo hacen? Y entonces ¿acaso no les importa? Y los soldados a los que mandan no piensan en que sufrirán, que habrán pérdidas, que sus vidas nunca volverán a ser las misma aún cuando regresen. Sucede porque nos desconectamos.

Decimos que estamos en contra de la guerra, pero ¿Qué estamos haciendo? No tenemos que estar en batalla para ayudar. Todos tenemos un rol, hay muchas y distintas maneras de ayudar, pero primero tenemos que reconectarnos. Hay que estar dispuestos a esas conversaciones incómodas, dispuestos a ir a esos lugares que nos asustan.

No sé cuál es la solución, no sé cuál es la respuesta, pero definitivamente ignorar el problema no lo es. “War will cease when men refuse to fight”. Hay que dejar de pensar individualmente y, en lugar de desconectarnos, conectarnos todos en uno mismo, para buscar un bien común, uno en el que todos ganemos.

*Maria Fernanda Ávila es estudiante del cuarto semestre en la Escuela de Comunicación en la Universidad Anáhauc Mayab.   [email protected]

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